Uruguay y el Vaticano: dos siglos de conflictos, intrigas y acuerdos secretos

01.11.2026

MONTEVIDEO (Uypress)- De las disputas por el poder religioso a la separación de la Iglesia y el Estado, la relación con Roma estuvo marcada por negociaciones reservadas y enfrentamientos políticos.

 

La próxima visita del papa León XIV a Uruguay, prevista para el 6 de noviembre, vuelve a colocar en primer plano una relación diplomática y religiosa que atravesó dos siglos de negociaciones, enfrentamientos políticos, rupturas y acuerdos discretos entre el Vaticano y uno de los países más secularizados de América Latina.

Una investigación del periodista Martín Tocar, publicada este domingo en El País, reconstruye algunos de los episodios menos conocidos de ese vínculo, a partir de trabajos históricos, documentos de archivos vaticanos y testimonios de especialistas.

La historia revela que la separación entre la Iglesia y el Estado, consagrada en la Constitución de 1917 y vigente desde 1919, no fue simplemente el resultado de una confrontación entre católicos y anticlericales. También estuvo precedida por complejas negociaciones en las que la diplomacia pontificia intervino directamente.

Los primeros conflictos entre la Iglesia y el Estado

Las relaciones comenzaron durante los primeros años de la formación del Estado uruguayo, cuando la organización eclesiástica todavía dependía de estructuras religiosas heredadas de la época colonial. En 1861, el gobierno de Bernardo Berro dispuso la secularización de los cementerios, una medida que anticipó posteriores reformas destinadas a separar las competencias civiles de las religiosas.

Al año siguiente, un conflicto por la designación del sacerdote de la Iglesia Matriz terminó con el destierro a Buenos Aires de Jacinto Vera, quien posteriormente sería el primer obispo de Montevideo. La creación de la diócesis montevideana llegó en 1878, mediante una decisión del papa León XIII.

Las instrucciones secretas del Vaticano

Uno de los episodios más significativos ocurrió durante la Asamblea Constituyente de 1916. La historiadora Carolina Greising documentó que el representante pontificio en Buenos Aires envió instrucciones reservadas a dirigentes católicos uruguayos para orientar su actuación frente a la separación constitucional entre la Iglesia y el Estado.

La estrategia no fue uniforme. Mientras a la Unión Cívica se le encomendó defender la continuidad del Estado confesional, a representantes católicos del Partido Nacional se les permitió negociar la separación como una alternativa menos perjudicial para los intereses eclesiásticos.

El nacionalista Alejandro Gallinal mantuvo contactos con la representación vaticana durante las negociaciones. La fórmula finalmente aprobada estableció la separación institucional, pero reconoció determinados derechos patrimoniales y exoneraciones tributarias a la Iglesia.

Roma, sin embargo, exigió discreción sobre su participación en esos acuerdos.

Escándalos internos y nuevas tensiones

Las negociaciones constitucionales coincidieron con conflictos dentro de la propia Iglesia uruguaya. En 1916 llegaron al Vaticano denuncias contra la administración de monseñor Ricardo Isasa, relacionadas con problemas disciplinarios, irregularidades administrativas y conductas cuestionadas de algunos sacerdotes.

La Santa Sede envió un investigador que constató importantes dificultades de conducción. Tras la separación constitucional, las autoridades eclesiásticas recuperaron autonomía para realizar nombramientos sin intervención del poder político uruguayo.

No obstante, la recomposición de las relaciones diplomáticas todavía demoraría varias décadas.

El acercamiento durante el terrismo

La situación comenzó a modificarse en los años treinta. El golpe de Estado de Gabriel Terra, en 1933, abrió un escenario político más favorable para determinados sectores conservadores y religiosos.

En 1934 visitó Uruguay el cardenal Eugenio Pacelli, entonces secretario de Estado del Vaticano y futuro papa Pío XII. Documentos históricos muestran que Pacelli expresó posteriormente una valoración favorable de Terra, especialmente por su posición anticomunista.

El Congreso Eucarístico de 1938, que reunió a una multitud en Montevideo, constituyó otro paso importante en el acercamiento. Sin embargo, incluso entonces las negociaciones diplomáticas estuvieron acompañadas por discrepancias y esfuerzos para evitar que las presiones públicas frustraran los acuerdos.

Una relación que sobrevivió a sus rupturas

La historia de los vínculos entre Uruguay y la Santa Sede demuestra que la laicidad nacional no significó la desaparición de la influencia religiosa ni la ausencia de relaciones políticas con Roma. Por el contrario, ambos actores debieron aprender a relacionarse desde instituciones separadas y con intereses frecuentemente diferentes.

La visita de León XIV se inscribe en esa larga trayectoria, marcada también por los viajes de Juan Pablo II en 1987 y 1988.

A más de un siglo de la separación constitucional, el desafío sigue siendo compatibilizar la libertad religiosa y la participación de las comunidades de fe con un principio fundamental de la institucionalidad uruguaya: la independencia del Estado frente a cualquier confesión religiosa y la igualdad de derechos de todos los ciudadanos, creyentes o no creyentes.

Foto: Grupo Multimedio LR


Historia
2026-11-01T15:00:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias