Macondo revive en la segunda temporada de 'Cien años de soledad' por Netflix

26.07.2026

BOGOTÁ (Uypress)- En esta última entrega de Netflix, se dará desenlace a la adaptación de la novela cumbre de Gabriel García Márquez. Úrsula Levy entrevista a Natalia Santa y Camila Brugés, sus guionistas, para El Tiempo de Colombia.

 

Natalia Santa y Camila Brugés llevan años viviendo dentro de Macondo. No como lectoras -ya lo eran desde mucho antes-, sino como guionistas con la tarea de desmenuzar cada página y personaje y de traducir la narrativa de Gabriel García Márquez al lenguaje de la televisión. El resultado de ese trabajo se puede observar en la primera temporada de Cien años de soledad, que se estrenó en diciembre de 2024 en Netflix, y próximamente en la segunda entrega de la serie, que estará disponible a partir del 5 de agosto.

Esta segunda temporada, que será el gran final de la historia creada por el nobel colombiano en 1982, constará de ocho episodios. Y está determinada por la misma vocación de fidelidad que guió la primera entrega: no reinterpretar libremente a García Márquez, sino traducirlo. Lo que implica, entre otras cosas, no escaparse de lo incómodo.

En esta entrevista el escritor apareció en la conversación como una presencia viva, nunca como un monumento.

¿Qué es lo más complejo de hacer una adaptación? Pregunto de forma general, independientemente de que sea Cien años de soledad, la obra cumbre del nobel colombiano.

Natalia Santa (N. S.): depende del libro. Hay libros que tienen unas tramas muy claras. Cien años de soledad tiene eso: mucha historia, muchas tramas, muchos personajes que se desarrollan fácilmente porque les pasan muchas cosas. La dificultad en esta historia está en qué quitas, qué no cuentas, qué eliges de todo lo que pasa, porque no te cabe todo. Pero hay otros libros que no tienen tanta riqueza a nivel de sucesos, que están más dentro de la reflexión filosófica o poética. En el caso de Cien años de soledad, la complejidad particular fue que nos pidieron una adaptación muy fiel. Entonces ya no es percibir el libro desde tu propia lectura, no es tomar una fracción y transformarla. Es traducir todo a otro lenguaje, intentando mantener la fidelidad y haciendo honor a una obra icónica que ya sabemos lo que representa en Colombia y en Latinoamérica.

Camila Brugés (C. M.): siempre es más difícil adaptar una muy buena novela que una novela regular, porque hay miedo a dañarla. Lo más difícil es tratar de traducir un texto supremamente literario, que vive en el lugar de la reflexión interior, donde uno está enamorado del uso del lenguaje. Cuando tienes que cambiar de lenguaje, las decisiones que hay que tomar se vuelven muy complejas.

Ustedes son escritoras antes de ser guionistas. ¿Qué descubrieron en García Márquez y en Cien años de soledad cuando la revisitaron para adaptarla?

C. B.: muchísimas cosas. Algo que hemos dicho mucho es que al desglosar la novela te das cuenta de lo oscura que es. No es que uno pensara que Gabo era ligero, pero siento que se me había olvidado lo denso que es, en muchas capas: a nivel psicológico de los personajes, de las relaciones familiares, de lo político. Y también sorprende lo actual que es. Como obra maestra, no importa cuándo la leas: sigue siendo muy vigente, especialmente para este país.

N. S.: cada vez que vuelves al libro, encuentras algo diferente, algo que habías interpretado de otra manera o que habías pasado por alto. En todo el proceso de escritura del guion tienes que volver un montón: si te toca específicamente el diluvio o la masacre de las bananeras, como me tocó a mí, estás todo el tiempo confrontándote con el libro. Y a mí me maravillaba que, habiéndolo leído tantas veces, de repente decía: esto no lo había visto, esto revela otra capa, otro símbolo. Está tejido de tal manera que siempre que vuelves, descubres algo. Nunca se agota el libro. La primera vez que lo leí, lo vi desde la propuesta de un mundo mítico. Ahora, al adaptarlo, me maravilló lo preciso que era en términos históricos. Mi primera lectura nunca había sido atravesada por esa realidad.

C. B.: su lucidez... No paramos de asombrarnos de la lucidez de Gabo en esa novela. El respeto que le tengo como autor, después de hacer esto, es mucho mayor. Siento que estuvo atravesado por un momento de iluminación.

¿Qué le aporta a la serie que haya tantas mujeres reescribiendo a García Márquez?

N. S.: yo no creo que le aportemos nada a García Márquez. La novela es grande y es brillante. En 2020-2021, cuando empezamos el proyecto, como mujeres, por supuesto que estábamos haciendo una reinterpretación de ese universo, queramos o no. Y no somos solo nosotras como guionistas... Son la diseñadora de producción, la directora de vestuario, Laura Mora como directora, las productoras. Hay un montón de voces femeninas detrás de esto que hemos creado una serie con nuestra mirada. Fuimos muy conscientes de que Cien años de soledad estaba escrita en un momento histórico y que hablaba de otros momentos históricos de Colombia, y que no queríamos censurarlos. Se habla de matrimonio infantil, de pedofilia, violencias que hoy percibimos de manera muy distinta. Ahí tuvimos muchas discusiones: cómo representar este matrimonio infantil y cómo representar esas violencias en general. Tomamos decisiones, no desde la censura, sino desde una reinterpretación del ahora.

C. B.: yo creo que sí aportamos, pero de manera orgánica. No nos dijeron que la intención era tener solo mujeres escritoras, ni nosotras nos paramos desde ese lugar. Pero como somos mujeres, de repente hay cosas que nos importan más, que marcaron las decisiones de qué dejábamos adentro y qué afuera. No creo que sea una serie con una mirada explícitamente femenina, pero tampoco es una serie sin esa mirada. La manera como se aborda el sexo, la violencia intrafamiliar... no fue intencional, fue simplemente porque somos quienes somos.

¿En qué momento del proceso deciden que ya no le dan más vueltas al guion?

N. S.: nosotras estamos sujetas a un cronograma. Hay tiempos de producción. Básicamente, abandonamos el guion cuando está aprobado y se va a preproducción. No es una decisión consciente, tenemos que entregarlo. Pero siempre va a haber, al menos de mi parte, la sensación de que hubiera podido hacer más, revisar más, hacer esta escena desde otro lugar. Al final, es una creación colectiva, y llegas al final de esa creación cuando colectivamente se decide que el producto está listo.

C. B.: en la versión 18 de cada guion, ya te quieres ir. Sí. Lo que dice Natalia. Y creo que lo que los guionistas tenemos que aprender constantemente es a soltarlo, a dejarlo evolucionar en las manos del resto de las personas de los otros departamentos. Siempre quisimos ir lo más hondo en la psicología de los personajes, entender por qué actúan como actúan. Pero cuando lo pasas a los directores, hay una reescritura en el set y luego una reescritura en el montaje. Tiene que existir de nuestra parte un desprendimiento: hasta acá va así, luego esto está vivo.

¿Qué es lo que más les gusta de la serie?

N. S.: la poética visual me sorprende todavía. Momentos muy complicados desde lo narrativo, como el diluvio o la masacre, que, mientras los escribíamos, pensábamos "bueno, suerte con eso". El resultado me maravilló. El cómo visualmente se logró reinterpretar a García Márquez me sigue sorprendiendo, desde la primera temporada, pero ahora más.

C. B.: me sorprende la dimensión de las cosas. Cuando lo ves en pantalla, sientes la cantidad de personas y de trabajo que hay ahí. Es un salto cuántico en producción. Y lo más bonito es que sí alcanzas a verlo como espectadora: a sorprenderte, a conmoverte desde ese lugar. Eso es la mejor medida de que hiciste algo bien.

Yo me llamo Úrsula y soy argentina. Llevo 15 años en Colombia y nadie, nunca, me ha dicho "ay, Úrsula, como el personaje de Cien años de soledad". ¿Ustedes creen que en Colombia se entiende la magnitud de lo que se escribió acá?

N. S.: ahora no. En un momento sí: recibió el Nobel, tuvo esa relevancia. Creo que algo que ha logrado la serie es volver a darle la relevancia que tuvo el libro hace 30 o 40 años y que se perdió. El colombiano de ahora no tiene esa dimensión de lo que hizo García Márquez en el mundo, ni en particular de Cien años de soledad.

C. B.: eso evidencia también lo poco lectores que somos como país. Los datos que nos compartieron las editoriales muestran que la serie multiplicó la compra de la novela en un 300 por ciento, lo que nos hace muy felices. Pero es un libro difícil de leer, incluso para el lector habitual. Una de las razones que nos dábamos a nosotras mismas para hacer la adaptación era esa: si asumimos que va a haber mucha gente que nunca va a llegar al libro, quizás podamos ser una puerta. Y si no la leen, que al menos hayamos sido capaces de trasladar la voz de la novela para que quede en la conciencia de mucha más gente.

Televisión
2026-07-26T06:04:00

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