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Cuentos & Versos en cuarentena

Cuentos & Versos en cuarentena

17.04.2020

MONTEVIDEO (Uypress) - Les recordamos a los lectores que podrán hacer llegar sus textos hasta los días jueves a: uypress@gmail.com.

Los cuentos de este viernes son:

De Querusa (Primera parte), de Germán Aguirrezabala

Una larga sombra, de Silvia Irene Petroni

 

De Querusa (Primera parte)

Germán Aguirrezabala

Capítulo 1

Las pequeñas cosas que desaparecen del mundo real se hacen grandes en nuestra imaginación; por lo tanto, es difícil encontrarlas si las buscamos. Eso recordaba Aniceta, cada vez que se perdía algo en su casa o en la casa donde trabajaba como empleada doméstica. Se lo había dicho, muchos años atrás, su primer patrón: el Dr. Ledo Torres.

Ayer, el Senador C... había perdido sus lentes. Hoy, ella iba a tomarse unos minutos para visualizarlos tal cual eran; y luego, se dedicaría a baldear los patios, barrer los pisos, lustrar los muebles, hacer las camas y lavar la ropa, como siempre, sin estar consciente de otra cosa. Pero antes, debía pasar por el quiosco a comprar el diario. Era carnaval y no estaba el canillita de siempre. El suplente se lo dio en una bolsa de plástico, y a ella le llamó la atención que el muchacho usara guantes.

Aniceta caminó unos metros y se desmayó. Otros peatones se acercaron para ayudarla. Desde una ambulancia, que estaba allí estacionada, bajaron para prestarle los primeros auxilios. Los enfermeros la subieron a una camilla y el doctor, que también usaba guantes, tomó su cartera y la bolsa con el diario.

Capítulo 2

-Ya son tres -le susurró el Director de la Policía Nacional.

El Ministro del Interior se atragantó. Tosió y eludió a varios tertulianos hasta llegar a los oídos del Presidente de la República. Éste le pidió disculpas a un embajador y se apartó para mirar al Ministro con cara de "dígame qué le pasa".

-Algo raro -dijo el Ministro, que volvió a toser-. Secuestraron... domésticas trabajando... con los senadores C..., M... y N...

-¿Ninguno de los nuestros?  -el Presidente miró al Ministro con preocupación, por si tenía que hacerle la maniobra de Heimlich.

-No... Solo opositores... Los noticieros pronto lo informarán.

-Reunite con los tres senadores y manteneme al tanto. 

Capítulo 3

Aniceta despertó con un leve dolor de cabeza. Estaba acostada en una cama sencilla, ubicada dentro de un contenedor. Se incorporó y observó que disponía de una alacena completa, un frigobar, una pileta, una mesa, una silla, un anafe y un wáter. En definitiva, disponía de una oportunidad para sobrevivir.

Más tranquila, razonó que la habían drogado con un producto aplicado sobre la bolsa de plástico del diario y que ahora estaba secuestrada. Era una operación bien preparada y ejecutada, probablemente para obtener algo del senador C...

Inspeccionó su celda por segunda vez, con más detalle. Buscó, pero no encontró, cámaras o micrófonos. Revisó la iluminación y la ventilación. Escondida en la alacena, detrás de varios paquetes de harina, halló una radio. Pensó que los secuestradores deseaban que no la encontrara tan pronto.

Por los informativos, se enteró de que eran tres. Ahora, no había duda que el plan excedía a su actual empleador. Recorriendo el dial y moviendo la antena, también dedujo que se encontraba entre Montevideo y Canelones.

Capítulo 4

Pasó una semana desde el secuestro de las tres empleadas. En ese período nada se supo de ellas ni de sus captores. El Ministro del Interior ejerció y soportó la mayor presión imaginable. Y él tenía una gran imaginación, al igual que varios integrantes de la oposición y de la prensa. La falta de información se transformó en una mancha, no solo para la Policía. Cada uno, al interpretarla, hablaba más de sí mismo que del caso.

Al séptimo día, la suerte pareció cambiar. Encontraron al falso canillita que colaboró con uno de los secuestros. Y gracias a él, también hallaron a los falsos médicos y enfermeros de la ambulancia. Sin embargo, no aportaron mayores datos. Los habían seleccionado, instruido y pagado desde el exterior. Debían dejar a la víctima, sola y narcotizada, en una casa de La Pedrera. Allí, en ese caos, se perdía toda pista. Para peor, esta banda ni siquiera conocía a las que llevaron a cabo los otros secuestros.

También ese fue el día en que el Presidente de la República lo citó en la Torre Ejecutiva. Estaba de pie en la enorme sala de reuniones del Consejo de Ministros y más misterioso que de costumbre.

-Hoy recibí una no llamada del Primer Ministro de Israel, por el caso de los tres secuestros. El principal investigador de su servicio de seguridad está de vacaciones en Punta del Este. Su nombre es Ramir Cocë, con ce y e con diéresis al final...

-¿Lo contacto? -dijo el Ministro del Interior.

-No, él te va a contactar. Ni siquiera el Embajador de Israel lo conoce o sabe que este hombre está acá. Y nadie fuera de estas paredes, excepto vos y mi hermano, debe saberlo. Esta vez, si se filtra la noticia -el Presidente hizo una pausa-, no solo me voy a calentar yo, el tipo se va a esfumar y nosotros vamos a quedar como unos pelotudos.

-¿Tampoco los senadores?

-Por ahora, tampoco los senadores.

-Bueno. Como vos ordenes.

Capítulo 5

El auto alquilado, uno caro, llegó a la casa de Marindia a la hora prevista. Cuando el hombre, de unos setenta años, bajó del coche, el perro que estaba en el jardín lo miró estático. Las presentaciones fueron breves y en español, gracias al origen sefardí del investigador. El Subsecretario del Interior lo acompañó hasta el fondo, donde el Ministro picaba un queso cerca del parrillero.

Los labios de Ramir Cocë siempre insinuaban una sonrisa y su voz era pausada, muy agradable. Movía sus manos con amplitud y frecuente simetría. Conversaron acerca del Shin Bet o Shabak, menos conocido que el Mossad, y de algunos judíos uruguayos que trabajaron en ese servicio de inteligencia y seguridad interior de Israel. Luego de la comida, repasaron y analizaron los detalles del triple secuestro.

-Si consideramos toda esta información, muy completa, la alternativa más benigna es la de una intervención artística -dijo el israelí, mientras los uruguayos abrían los ojos-. Se trata de millonarios excéntricos que, en lugar de producir películas, financian, como se dice..., sacudidas sociales. Situaciones anómalas que apuntan a conmover el entramado afectivo de los ciudadanos. Se trataría, más bien, de un mensaje. Esto es compatible con la ausencia de un reclamo por parte de los secuestradores; hasta ahora, no han pedido dinero ni han solicitado la liberación de ciertos prisioneros, por ejemplo. También es compatible con la selección de los objetivos: son mujeres humildes que trabajan para hombres influyentes; el que debe dar una respuesta es el gobierno, pero los directamente afectados pertenecen a la oposición...

-¿Cuáles son las otras alternativas, Sr. Cocë? -dijo el Subsecretario.

Ramir hizo una pausa, por un instante su sonrisa pareció marchitarse y sus ojos se fijaron en una servilleta sobre la mesa. Al volver a su modo habitual, agregó:

-No creo que en este caso haya alternativas intermedias. El modus operandi no es el de los narcos o el de los terroristas. Solo veo otra opción, la peor. Pero por ahora, caballeros, me la reservo a la espera de los próximos acontecimientos.

Capítulo 6

Si bien comenzó el décimo día de encierro con un sollozo, Aniceta pronto se recuperó. Desayunó de manera frugal, mientras escuchaba la radio. El locutor leía las condiciones que debía cumplir el gobierno uruguayo si quería volver a ver con vida a las tres mujeres. Estaban traducidas del inglés, tal cual las había recibido en forma anónima la NCNTV de la República Cooperativa de Guyana.

Con una base inicial de treinta millones de dólares, el gobierno debía pagar tres millones de dólares adicionales por cada día contado a partir de este aviso. El plazo máximo eran otros diez días; a partir de ese momento, los secuestradores no tendrían más contacto con la autoridades hasta el comienzo de la próxima campaña electoral, fecha en la cual informarían los lugares donde los familiares hallarían los respectivos cadáveres. La forma de pago era a través de una cuenta bancaria en uno de los paraísos fiscales en vías de extinción. Si el movimiento de los fondos se rastreaba de alguna manera, hasta 24 horas después de realizado el depósito, se consideraría como un no pago con las mismas consecuencias.

Aniceta pensó que el Estado uruguayo pediría una prueba de vida irrefutable antes de pagar o no pagar; y que los secuestradores (si realmente querían liberarlas) necesitaban entregar dicha prueba a la brevedad. Era la oportunidad que estaba esperando. Aunque no había descubierto cómo, los criminales tenían que vigilarla de alguna forma. Se persignó y prendió fuego su pequeña celda.

Capítulo 7

-Ahora, sucedió lo peor, señor Cocë -dijo el Ministro-. Necesito otras opciones, otras soluciones, no relacionadas con lo artístico.

-Tiene razón. Es la peor alternativa. La que hubiera preferido no revelar -dijo Ramir, mientras dejaba una memoria USB sobre el escritorio-. Se trata de Sharlekh Royt... Aquí están sus antecedentes.

-¿No será una operación política, no? -dijo el Subsecretario.

-No. Lamento decirlo, pero este crimen tiene un brillo intelectual que la política partidaria no puede tener... en ninguna parte del mundo.

-¿Por qué está tan seguro de que es él? -dijo el Subsecretario.

 -Porque lo conozco demasiado bien. Desde hace muchos años, en diferentes laberintos y con distintos nombres, nos enfrentamos.

-Entonces, ¿cómo nos aconseja proceder? -dijo el Ministro.

-Hagan lo que les dicte su corazón. Siempre que razoné para atrapar a Royt, es decir, en todos los casos que lo enfrenté, perdí -Cocë, sin dejar de sonreír, se puso de pie-. Caballeros, les pido disculpas. No puedo hacer por ustedes lo que no hago por mí. Con su permiso...

Se marchó.

Capítulo 8

Cuando el fuego se propagó, Aniceta corrió hacia la salida del contenedor y se agachó. Sostenía un repasador mojado contra su boca y su nariz. No había vuelta atrás. El humo comenzaba a acumularse en el techo y amenazaba con descender y asfixiarla.

Estaba tan asustada que no escuchó el chirrido metálico que antecedió la apertura de las puertas del contenedor. Cayó de espaldas y fue arrastrada por un hombre encapuchado. Otro llegó corriendo con un extintor.

Ahora o nunca. Abrió muy grandes sus ojos y giró su cabeza como una poseída.  Debía ver todo lo que había para ver, antes de que se lo impidieran. También debía parecer que estaba en shock. (continuará....)

 

 

Una larga sombra

Silvia Irene Petroni 

Para Valentino, con amor y confianza 

 

Estoy aquí, asustado, nervioso, en blanco, esperando que el profesor abra la libreta, me llame y me pregunte. En torno a mi cabeza flotan todas las fórmulas y me cosquillean en la punta de la lengua las definiciones de la carpeta de electricidad que me tragué sin parar. Dos compañeros están en el pizarrón, con tizas en las manos y hablan y explican fenómenos que yo estudié a fondo pero que se me escapan ahora, por culpa de los nervios. 

Por culpa de los nervios y porque no puedo olvidarme de tus ojos. 

Estoy aquí, asustado, nervioso, deseando que todo sea un sueño y no sé si lo es, porque no puedo escapar de esta trampa... Tengo que pasar al frente dentro de un momento... Sé que esperan de mí un buen examen porque soy un tipo inteligente, un poco vagoneta, que estuvo a escasos centímetros de aprobar Física y no lo logró por causa de tus ojos... Esto solo lo sé yo y es mi secreto adorado. 

Los otros profesores de la mesa de examen han investigado las planillas de calificaciones del año y saben que este turno es para los que fuimos tontos y desafiantes: los alumnos que tienen que rendir examen no pueden contravenir las normas, por más que sean completamente estúpidas y autoritarias. A mí se me dio por demostrarte que valgo la pena... 

Pero igual siento miedo y aunque estudié "con tutti", no puedo concentrarme en el examen, porque tus ojos vienen por el aire del aula y me arrastran hacia afuera, allí donde el sol está brillando, allí donde se puede tomar una coca y charlar en la plaza, allí donde hay amigos y amigas y música y gente que pasa apurada. 

Aquí, ahora, hay un silencio gris sobre las cabezas y se oye un susurro en el aire de la clase. 

Quiero recordar la definición de resistencia y la definición se ha ido tras tus ojos... Te esperé anoche...Esperaba que vinieras antes de este examen, porque es el último del año y, si salgo bien, podríamos compartir un verano lleno de alegrías y charlas, paseos, películas. 

Tenía ganas de abrazarte fuerte y de salir a' caminar un poco, para desentumecerme con tu voz, mirarme chiquitito en tus pupilas como en espejitos claros, después de tantos días de no vernos. Estaba harto de Física, de experiencias de laboratorio, de deducciones matemáticas que me importan un pepino. Nuestro encuentro iba a ser una pequeña tregua antes de esta lucha final contra los profesores...Ahora sé que estos últimos meses han sido un regalo de la felicidad, luego de tantos años de 

buscar...Sé que quería descifrar algo que estaba escondido adentro de mí, en la oscuridad de mi pensamiento y que no salía a la luz, porque soy torpe y enmarañado...0 tal vez porque no sabía bien cómo era...La clase está suspensa, pero no tengo ganas de levantar la cabeza y ver qué pasa... 

Aquí, al calor de un rayo de sol que entró furtivamente por un hueco de la ventana, yo, al borde del abismo, sabiendo que con este paso termino la secundaria tan insoportable, no avanzo: cierro los ojos al tema de Física y sueño con tus ojos... 

Te esperé un montón y no viniste. Se hizo la noche y después la madrugada y no viniste... 

Ahora, preso en la magia de este silencio y su tibieza, pienso en tus ojos y sé que no volverás... 

Una larga sombra viene sobre mí. Se agiganta el profe. Su vozarrón me sacude y despierta mi conciencia: 

-¿En qué está pensando, jovencitoooo...?¿No va a pasar...? Mi yo, nublándome, me contesta: "Y está, pibe, ya fue..." 

Golpeo el banco con las rodillas, me enredo con el cordón de la zapatilla y llego al pizarrón. 

-Defina Resistencia. 

Trago. Me ajusto la corbata. Toso y brota de mi boca la voz, como si me hubieran conectado a un wafle. Mi mano dibuja un circuito y se me enreda una línea, tan parecida a tus cejas... 

Tus ojos se me están yendo hacia atrás, hacia atrás, hacia un punto final, pequeño y negro ... .. . 

Shila 2020 



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