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SEGUNDA ENTREGA

Cuentos & versos en cuarentena

24.04.2020

MONTEVIDEO (Uypress) - Les presentamos los trabajos de Mariela Fernández y Germán Aguirrezabala. Seguimos recibiendo textos en: uypress@gmail.com.

 

Los cuentos de este viernes son:

Tapacadabra de Mariela Fernández

De Querusa (Segunda parte) de Germán Aguirrezabala

 

Tapacadabra 

Mariela Fernández    

 

Obvio. No coinciden. O encuentro la tapa amarilla o el tupper verde. Quedan 5 minutos o llego tarde. Ok, hoy no va vianda. Me pido una ensaladita a la rotisería.

Esta escena se repite varias madrugadas por semana.

¿Dónde se esconden las tapas de los tuppers o en su defecto los tuppers de las tapas? 

¿Por qué no coinciden en el cajón correspondiente?

¿Por qué desaparece la tapa de la bebida efervescente justo antes de guardarla nuevamente en la heladera o en la lunchera?

Y esto me persigue desde la infancia, a la hora de prepararme para ir a la escuela, o ¡peor! A la hora de la salida... ¿y las tapas de los drypens? ¿y la goma nueva? ¿y el sacapuntas?... y el último enojo de la maestra antes de la campana... ¿el borrador?

Este tipo de situaciones ya forma parte de las leyes del universo, no están escritas, ni nadie las dice ni siquiera para sí mismo, pero todos estamos sujetos a ellas y las asumimos.

Un capítulo aparte merecen las medias y los cordones. Indiscutible. No importa cuántos pares se tengan, (nunca son suficientes) o si destinamos un lugar de la casa en particular para ellas. El par inevitablemente se desune. Pero no sólo eso, sino que bajo el conjuro del lavarropas o la revolución sabatina de limpieza, misteriosamente desaparecen para siempre. 

Decenas, centenas de medias y cordones huérfanos esperan desolados, en el fondo de un cajón, el regreso de sus infieles pares. Y nos da pena, nos cuesta deshacernos de ellos, ya que en el fondo de nuestro corazón esperamos que finalmente un día se concrete el ansiado regreso ¡y alguna vez sucedió! Y nos emocionamos con el dulce reencuentro y nos renueva la esperanza. Al encontrarse parece que un rayo de luz atraviesa el cielo y se posa sobre el reconstruido par.

Y las llaves. ¡Ayyyyy la llaves! 

Nunca están donde las dejamos, ni tampoco donde deberían estar. ¿Quién las mueve? ¿Quién tiene interés en que lleguemos irremediablemente tarde a trabajar? ¿Quién conspira contra nosotros para que debamos optar por la travesía en ómnibus, más la llegada tarde, por no encontrar las llaves del auto en el último minuto posible antes del último ómnibus que deberíamos tomar para cumplir decorosamente con nuestras responsabilidades?

Estos enigmas cotidianos forman parte de nuestras vidas y si bien nos quejamos de ellas y nos enojamos, pocas veces nos ponemos a reflexionar en profundidad sobre ello. En lo personal me he cuestionado el por qué de algunos de estos eventos: ¿Cuánto pesan en nuestra vida diaria? ¿Cuáles de ellos alteran instantes vitales de nuestra rutina? ¿o se convierten en un punto de inflexión, un antes y un después en nuestra vida y provocan cambios profundos?

¿Por qué suceden estas cosas? ¿Qué hay detrás de todo ello? Desde la psicología se han ensayado algunas explicaciones, que aplicarán a cada individuo en su particular sentir y ser. Pero yo tengo otras teorías, tal vez aún lejos de una remota comprobación científica.

Y  es que, en una dimensión desconocida, paralela a nuestra existencia, estos objetos inanimados (según parámetros de vida definidos por humanos) que conviven a diario con nosotros, tienen su propia vida, sus propios conflictos de convivencia e intereses; y si lo pensamos desde allí, podremos ver ciertas lógicas. 

Por ejemplo, ¿por qué una media querría vivir toda su vida junto a la otra? ¿Por qué no buscar la individualidad? ¿o la posibilidad de hacer par con otra? Nosotros, los humanos, definimos que las medias debían ser iguales en tamaño, color y textura, sin pensar en lo que ellas necesitaban. Y es un tema específico de las medias, lo cual me hace pensar en elementos de personalidad inherentes a su condición, ya que no sucede lo mismo con los zapatos, que también tienen esto de ser par, nadie pierde zapatos al azar.

En el caso de los tuppers el problema podría ser aún más profundo, causal de divorcio, incompatibilidad de caracteres o desamor, ya no coincide la tapa con el tupper, se ha deformado una parte, tal vez bajo la influencia de un tercero: el seductor y carismático microondas, o el frío y calculador freezer.

Tal vez la superficialidad que impera entre nosotros hoy en día, la individualidad, el ser uno mismo, la autosatisfacción, la autorrealización, el no compromiso, la falta de interés en el otro o en el bien común y compartido, también llegó a la dimensión de estos seres. Sin duda la globalización y la diversidad también los ha influenciado  y ha generado grandes cambios. Antes eran de medidas estándar, tapa rosca, más difícil de quitar, o más difíciles de separar, o contenedores de vidrio o lata, más perdurables, menos desechables o "light".

Pensemos en qué nos están diciendo estos objetos con su conducta, ¿qué sentirán? ¿qué proceso o circunstancias estarán pasando? ¿será que la media roja, rayada, quiere vivir una vida más relajada y anónima junto a la media negra de vestir? Convengamos que ya el término "media" es denigrante y peyorativo de por sí en ciertos contextos, no es algo entero, completo, te falta o te sobra "media" desde el vamos.

En fin, puede sonar muy descabellada mi teoría, pero fiel a mi manera de conducirme en la vida, si alguna explicación me brinda cierta paz y calma mi ansiedad en algún tema crucial como este, no la descarto hasta que alguien me pruebe lo contrario.

También he reflexionado sobre posibles soluciones a estos temas de convivencia interdimensional, no es cuestión de plantear sólo el problema y provocar en los demás incertidumbre, inseguridad o angustia.

Por ejemplo los cordones; la falta de uno de ellos significa la imposibilidad de usar ése par de zapatos en ése preciso momento, lo cual implica cambiar la vestimenta en pos de acompasar la ropa con los zapatos que deberemos usar en sustitución. Esto tomará un tiempo que seguramente ya no tenemos, porque no habíamos previsto tal imprevisto y porque el tiempo calculado era para vestirse y salir raudamente sin imprevistos. Y ni pensemos en el tiempo de visualización de la imagen personal que tendremos con el nuevo atuendo seleccionado, el cual debe cumplir con los requisitos del evento al cual debíamos asistir, en fin, una catástrofe fácilmente evitable: ¡NO a los cordones! Eliminemos de nuestros placares y roperos todo aquello que requiera un cordón, o peor, un par de cordones, o cintas o lazos, etc.

Otro tema son las medias. Este es un caso más serio, porque además de las pérdidas del par, está la rotura de una de las medias del par, ¿por qué se rompe sólo una? 

He investigado esto por mucho tiempo, he realizado entrevistas, encuestas, talleres y seminarios sobre las posibles soluciones, sin resultados concluyentes. Ninguna solución infalible. Así que después de mucho tiempo de meditación, lo más cercano al ideal es el ROLO PACK, el film adherente transparente. ¡Sí! ¡Sustituyamos las medias por film de nylon adherente! ¿Elegante? No. Práctico, limpio y fácilmente adaptable y accesible en nuestra rutina diaria? Definitivamente sí. 

La idea surgió un día de verano que fui a comprar un par de zapatos de invierno, y obviamente, no tenía medias puestas. La vendedora muy cortésmente me ofreció unas prácticas bolsas de nylon para poder calzarme los zapatos cómodamente y ahí la idea me sacudió la cabeza ¡Eureka! (algo así como Newton con la manzana y la gravedad, ¿se acuerdan?). Pero claro, para que no nos anden sobrando pedazos de bolsa para afuera de los zapatos, lo mejor es el film; nos forramos los pies como quien envuelve el matambre antes de ponerlo en el horno, y luego los zapatos se deslizarán suavemente en nuestros pies. Limpio y saludable porque se descartarán los nylons cuantas veces queramos en el día. No más lavado de medias, blanqueado de medias deportivas, desinfección de lavarropas después del lavado-de-la-ropa-deportiva-del-adolescente-que-incluye-las-medias-de-fútbol, porque incluso puede usarse para deportes. Sin puntas ni costuras que se incrusten en el dedo meñique del pie y nos torturen por horas hasta regresar a casa. Sólo me falta redondear una puntita de la idea, y es diseñar un rolo pack adecuado al tamaño de la cartera o portafolio para llevar durante el día, pero es un detalle mínimo que ya está a estudio. ¿Que no estará bien visto en los parámetros de la moda? Basta con que se empiece a difundir su uso y experimentar sus beneficios y ya no habrá dudas.

Con respecto a las llaves, la solución es fácil pero algo más costosa: contratemos un ama de llaves personal. Una persona inteligente, sagaz, astuta, que pueda seguir silenciosamente cada uno de nuestros pasos en el día y cargar nuestras llaves: casa, galpón, garaje y portón (si es necesario también el control remoto), auto o moto, oficina, locker del club, candados en general, casa de madre-suegra-novia-o algo así, depósito, cadena de bicicleta o similar, casa de playa o apartamento, etc. de acuerdo a las necesidades de cada uno. Esta persona nos proporcionará la llave adecuada en el momento exacto de necesitarla. Entre sus responsabilidades estará el mantener intacto el llavero correspondiente a cada una (siempre se rompe, o se pierde, genera -el llavero que mamá me trajo de su viaje al caribe- tipo de angustias) y además identificará cada llave para un fácil y rápido acceso a la misma: no más pérdida de tiempo buscando la maldita llave del candado entre 25 llaves diferentes de otros 24 candados que hemos tenido que romper por no haber encontrado la lleve en el momento oportuno y que luego cuando aparece no la tiramos porque.......¿¿??

Y además para aquellos que estén decididos a que estas nimiedades cotidianas dejen de hacernos la vida desdichada, por un poquito más de sueldo, esta persona podría ocuparse de otros pequeños menesteres que también forman parte de este complot en contra nuestra: por ejemplo el celular, y esto sólo merecería un capítulo aparte. O el recibo de luz que sí o sí había que pagar hoy y que lo habíamos dejado debajo de las llaves para no olvidarnos, esa que no encontramos justo ahora. O el informe que teníamos que entregar ya, o la corbata-saco-bufanda que dejamos en la silla cerca de la entrada y que mágicamente ya no está. O hasta más grave y determinante, algo paralizante, la cartera o billetera.

En fin, hagan las cuentas, estoy segura que este servicio no es tan caro en relación al beneficio obtenido, dejemos algunos gastos superfluos o banales de lado y ganemos en salud mental.

Pero sin duda, lo que más tiempo de reflexión y debate me ha llevado son los tuppers. Y es que el rango de influencia de los tuppers abarca un espectro muy amplio: familia, amigos, a veces tan solo conocidos o relaciones de alto compromiso: jefes, autoridades, etc.; ¿quién no ha prestado un tupper para llevarse la consabida porción de torta para la leche del desayuno? ¿Quién no ha llevado la especialidad de su recetario para deleitar a la Sra. del gerente, jefe de su marido? ¿Quién no ha recibido en su casa el tupper con algo delicioso o espantoso traído por esa cuñada-suegra-vecina insoportable que se fija en todo y es una histérica de sus posesiones y ése justo es el que se pierde o se entrevera y se va para otra casa? Mucha gente afectada, relaciones familiares, laborales, y de amistad en constante peligro.

El advenimiento del helado en tupper ha contribuido positivamente en cierta forma a bajar el nivel de ansiedad en este tema, son más fáciles de obtener, más prácticos, más coloquiales si se quiere, y ha generado una avidez por su posesión que la falta de uno o algunos de ellos ya ni siquiera se nota en el placar. Por si fuera poco el helado ha sustituido a miles de otros postres en verano y en invierno, con lo cual desplazó también a otro tipo de tuppers destinados al transporte y contención de los otros postres. Claro, la complicaron en estos últimos años con la salida al mercado de "líneas de lujo" o especiales. Y no es lo mismo, no, el tupper negro y curvilíneo que el clásico blanco y redondeado.

Así que esto requiere soluciones drásticas, más complejas y profundas. 

Yo propongo una REVOLUCION: definir en una cumbre mundial el uso de 3 y solo 3 medidas de tuppers, pequeño, mediano y grande. Sólo 3 medidas estándar, y sin color, transparentes, tapa y contenedor. De esta manera, serán fácilmente intercambiables, si le perdemos la tapa a la vecina, le daremos una de las nuestras, y además terminaremos con esta escalada de consumismo y la acumulación sin sentido de millones de tuppers en distintos tamaños, colores y motivos. Al ser transparentes y todos iguales, pasarán a ser un objeto de uso y no ya de colección ni decoración; es decir, guardaremos el fiambre sin que tenga que ser en el tupper-que-me-dio-la-abuela-con-Winnie-the-Pooh-que-era-de-mamá-cuando-iba-al-liceo. Será un tupper limpio, sin historia, fácilmente reemplazable y sin bagaje cultural ni emocional de ningún tipo. Y encima, el dinero ahorrado por esta nueva política de uso tupperweril podrá ser usado en la contratación del ama de llaves (ver un poco más atrás el tema llaves)

Por supuesto que esto no será fácil de implementar, harán falta grandes campañas internacionales de concientización y educación en la búsqueda de jerarquizar los valores que llevan a vínculos saludables entre las personas sin peleas por tuppers que interfieran (no pasa un día sin que mi madre me reclame un tupper o tapa que me trajo algún día con el pedazo de tortilla de papa que le había sobrado).

Me gustaría pensar que después de todo lo expuesto, los lectores han podido pensar en sus propias experiencias, recordar eventos desdichados relacionados a estos temas y que puedan a su vez generar más puntos de reflexión y debate a la vez de poner en práctica algunas de las soluciones propuestas.

Únanse a mi en esta campaña por una rutina más saludable, más relajada y eficaz. Y el tiempo ahorrado y recuperado utilicémoslo en este tipo de reflexiones que nos lleven a una mejor convivencia con nuestro entorno y semejantes.

 

De Querusa (segunda parte)

Germán Aguirrezabala

 

Capítulo 9

-Si estamos de acuerdo con la respuesta que daremos a los secuestradores y con la forma en que pediremos las pruebas de vida, pasemos al tema de este asesor israelí... No vamos a llorar sobre la leche derramada. Tomemos nota de la información que nos dio y sigamos adelante... Un conocido me recomendó a otro especialista -dijo el Presidente, y cuando él hablaba de "conocidos" en general se refería a "hermanos" y no convenía preguntar mucho-. Es un compatriota. Se trata del Dr. Ledo Torres y tiene un motivo personal que debemos tener en cuenta. Conoce a una de las señoras secuestradas, que hace algunos años trabajó para él.

-¿Médico o abogado? -dijo el Ministro del Interior.

-Médico.

-Nos contactará con discreción, supongo... Como Cocë.

-No. Es una persona mayor y corresponde que vos lo vayas a ver.

-Otra cosa. ¿Hablo, ahora, con los senadores?

-No. Todavía no hables con los senadores.

-Bueno. Como vos ordenes.  

Capítulo 10

El hombre dentro del contenedor gritó y su compinche, que sujetaba a Aniceta, levantó la cabeza, por última vez. Se escuchó una explosión y la puerta del frigobar salió volando. La mujer no se animó a mirar con qué resultado. El silencio posterior y la ausencia de movimientos, a no ser los suyos, la ayudó a recuperarse del shock (que al final no era fingido) y a pensar que había recobrado parte de su libertad.

Cuando se puso de pie, observó a su alrededor. Estaba dentro de un gran galpón. Había cuatro contenedores para el transporte de carga colocados en forma de cruz, numerados -el uno, hecho humo- y con sus puertas apuntando hacia el centro. Allí, rodeado por varias sillas, estaba montado sobre caballetes una especie de escritorio, con una computadora, dos celulares bloqueados (incluso para el 911) y tres tazas de café.

Tosió. Necesitaba respirar aire fresco para poder pensar. Las piernas le temblaban. Avanzó hacia el portón del enorme depósito. Era el punto final (o inicial) de un camino de tierra recto en el medio de una nada verde.

Capítulo 11

Llegaron por separado, y con la mayor discreción posible, a la vieja casa apretada por dos altos edificios de Pocitos. El Dr. Ledo Torres los acompañó hasta la biblioteca.

-¿Es algo del Dr. Ledo Arroyo Torres? -dijo el Subsecretario.

-Sí. Algo más joven y algo más vivo -dijo Torres con sus pequeños ojos sonrientes-. Él nació en 1894 y yo en 1934... Pero no, no somos parientes.

-Doctor, ¿cómo colaborará con nosotros? -dijo el Ministro.

-Con un poco de mi segunda profesión, el ilusionismo. Verá... Ustedes no me caen bien. La semana pasada le robaron el celular a mi nieto y le desvalijaron la casa a un buen amigo. Sin embargo, mi cerebro fue moldeado para servir al país. Y mi cerebro me dice que este triple secuestro, por lo que se ve y por lo que no se ve, está muy por encima de nuestra..., digamos, capacidad de reacción como país. Esto es un problema para los secuestradores.

-¿Por qué? -dijo el Subsecretario, sin mover un pelo de su barba.

-Porque si usted, por ejemplo, es un maestro de esgrima y pretende engañar a su oponente con una finta, lo más peligroso es toparse con alguien de su mismo nivel o con alguien dos niveles por debajo del suyo. En el primer caso, la habilidad del adversario anticipará el amague; en el segundo, la torpeza de la víctima lo arruinará. Esto es algo que vemos con frecuencia en las comedias. Lo mejor es usar el arte del engaño contra alguien que está sólo un nivel por debajo del suyo. Ese va a caer como un chorlito. Algo parecido nos pasa a los magos con nuestro público. Por razones obvias, yo nunca pude actuar con mi verdadero nombre...

-¿Entonces? -dijo el Ministro, sin mover un pelo de su barba.

-Entonces, si usted va a desorientar a un adversario dos escalones por debajo del suyo, directa o indirectamente, tiene que entrenarlo, tiene que darle información, tiene que hacer todo lo necesario para aumentar su capacidad de reacción un nivel, solo un nivel. Sé que es contra intuitivo, pero ustedes son personas inteligentes y... -el Ministro y el Subsecretario se miraron-. Veo que lo entendieron.  

Capítulo 12

Fuera del galpón, a la sombra, había un auto y una camioneta. Aniceta no pudo reprimir el deseo de tener poderes mágicos. No los relacionados con la magia laica del Dr. Ledo Torres. No, aquí y ahora, ella necesitaba vigorosos conjuros que le permitieran volar, manejar un vehículo con más de dos ruedas o dominar una computadora.

Pero nada de eso era posible. No tenía escapatoria. Entró al galpón. Recorrió en silencio su perímetro. Se obligó a ver los cadáveres de sus captores. Y cuando llegó a la mesa central notó que en lugar de tres tazas de café había dos.

Los contenedores estaban todos cerrados por fuera, con sus respectivos candados. Como ex asistente de un ilusionista, sabía que eso no era un obstáculo. Seguramente, uno de los contenedores se abría desde adentro y la apariencia de una doble puerta (con sus pasadores y el candado al medio) era una simple distracción  para alejar la vista de los bordes.

Se dirigió al contenedor número dos. Respiraba en forma entrecortada, sus codos se pegaban al cuerpo y sudaba. Primero recorrió el marco de la doble puerta con la mirada; luego, con la

palma húmeda de su mano. Una imagen fugaz del Castillo de la Suerte pasó por su mente. Todo parecía normal.

Sin embargo, al hacer lo mismo en el número tres, notó algo diferente. Tiró de uno de los pasadores verticales más alejados del centro y la falsa doble puerta giró sobre sus bisagras, sin oírse más ruido que las mandíbulas de Aniceta golpeteando una contra la otra. Abrió los ojos y lo vio...  

Capítulo 13

-¿Cómo que lo seguimos? -gritó el Ministro en la vereda- ¿Estamos todos locos? ¡Órdenes son órdenes!

-Pará... Pará... No fuimos nosotros. Le pedí a mi primo que lo hiciera -el Subsecretario subió al auto junto con el Ministro.

-¿Sobrio?

-Sí, ahora está mucho mejor. Incluso, en la empresa donde trabaja le dieron una segunda oportunidad. Fijate que salió de Marindia, se fue hasta Punta del Este, volvió y recién lo perdió en un camino vecinal de Canelones. No quería que Cocë lo viera. Ahora, ¿usamos el helicóptero?

-Hermanos... Primos... -el Ministro se rascó la cabeza-. Usalo vos. Yo, ahora, hablo con los senadores.

...

El Senador C... recibió la llamada, se puso los lentes (que al final había encontrado en el auto) y salió rumbo al Ministerio del Interior.

Capítulo 14

Los ojos del hombre se parecían  a los de un halcón. Luego, ella vio su amable sonrisa y al observar de nuevo los ojos del hombre, confirmó que eran los de un halcón asustado.

-Usted no es una empleada doméstica -dijo Aniceta.

-Y usted no es una secuestradora -dijo Ramir Cocë-. Espero...

-¿También lo secuestraron? ¿Cómo llegó aquí?

El hombre le mostró un mapa, con rayas y garabatos.

-Esta vez, fue la proporción áurea la que me señaló el camino. Los lugares en que fueron secuestradas están alineados con éste... Pero no importa, es muy borgesiano de explicar -miró hacia el contenedor número uno-. Lo importante es que esos que están ahí tirados me atraparon y que otra vez caí en su trampa.

-¿En la trampa de quién, señor? -Aniceta alzó las cejas y las comisuras de sus labios bajaron.

-Sígame -los ojos de halcón escrutaron el resto del local-. Por favor.

...

En su oficina, el Ministro explicaba a los senadores la operación en curso. Sin mayores detalles, les adelantó que la Policía se aproximaba a un predio, bastante aislado, ubicado en Canelones. Probablemente allí encontrarían a las secuestradas.

El Senador C... le tenía fe a su Aniceta. El Senador M... temía por Clarita, ya que cualquier cosa la ponía nerviosa. Y el Senador N... pensaba en Josefa, bruta al extremo de no depilarse. ¿Qué chances podían tener ellas de sobrevivir?

...

En el contenedor número dos, Clarita estaba tirada y gemía, hecha un ovillo, junto a la cama. En el contenedor número cuatro, Josefa tomaba café y le prestaba mucha atención a la pantalla de su teléfono. Veía y escuchaba, gracias a los lentes mejorados del Senador C..., todo lo que sucedía en la reunión. Cuando el Ministro terminó de hablar, guardó el celular y revisó su pistola Beretta calibre 22. Era hora de hacer mutis por el foro. Pero antes, tenía que liquidar el partido. 

Capítulo 15

-¿Y éstos dónde se metieron? -murmuró Josefa.

Mediante el celular observaba las imágenes  térmicas de las distintas cámaras ubicadas en el galpón. El contenedor número uno todavía estaba caliente; por lo tanto, pensó Josefa, deben estar ocultos detrás del mismo.

El contenedor número cuatro tenía tres puertas. Una doble, la normal, cerrada por fuera. Una tapa en el piso, para acceder al túnel de escape. Y la que usó Josefa, disimulada en el panel trasero del contenedor. 

Pensó en cuánto dinero había invertido en esta operación y sacudió la cabeza. Se movió sigilosamente; con la pistola en una mano y el teléfono en la otra. Las imágenes térmicas la guiaron hasta las espaldas de Ramir y Aniceta.

A la empleada doméstica la derribó con dos tiros. Cocë se dio vuelta muy despacio. Se interpuso entre la tiradora, que ahora le apuntaba, y el cuerpo de Aniceta. Josefa sospechó algo. Se acercó para ver si salía sangre de la mujer caída. Su enemigo inmortal podía haberle puesto el chaleco antibalas de alguno de sus cómplices, muertos en la explosión, a quienes ella sólo pudo quitarles las armas y una taza de café.

La vida criminal, que siempre tiene la iniciativa, empuja a la vida normal hasta el no va más y otorga el privilegio de conocer personas como Aniceta: de una fortaleza inesperada.

-Esta vez, querido -dijo Josefa-, superé todas la barreras para vencerte... una vez más. La social. ¡Qué aburrido es ser la empleada del Senador  N...! La sexual. No me quejo. Y...

Agregó, en un idioma que ambos comprendían, cuánto le había costado aprender a hablar bien en español.

Josefa volvió a acercarse, para ver la sangre que Ramir le impedía ver.

-Algo estás tramando...

-Nada, Sharlekh -sonrió Cocë, con las manos en alto ocultaba el filo de un espejo roto en su manga-. Lo mío es razonar más de lo razonable.

-Sí, pero me estás preocupando... ¿No...

Escucharon el ruido de un helicóptero que se acercaba.



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