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Los planes de la kakistocracia

Marcelo Marchese

20.07.2020

Suponer que la élite mundial no hace planes significa ignorar las leyes de la economía y de la política. Todo empresario y toda persona ávida de poder planifica. Negarlo es de una inocencia enternecedora.

En aquellos raros momentos en que la élite de un país fue desbancada por quienes se convirtieron en la nueva élite, salieron a luz algunos de sus planes ¿Creerías que los pedagogos del zarismo sostenían la enseñanza del griego y el latín pues su dificultad inclinaba al súbdito a la necesaria humildad?

La élite, si ha llegado a ser élite, no es boba. No sólo financian a unos vivos que ofician de cuña en los movimientos sociales por treinta monedas y nunca, nunca, nunca van a la raíz de los problemas, sino que estimulan "críticas " a sus planes que son una caricatura de crítica y cuyo propósito es ridiculizar a la crítica que de verdad les preocupa.

En Buenos Aires, enfrentando una cuarentena ilegal y ruinosa, se han colocado afiches contra "el plan genocida". Es una linda expresión de la ridiculización de la protesta. Si la protesta creciera a nivel mundial, cosa que ocurrirá, habrá más expresiones de este tenor hasta que un movimiento genuino logre suplantarlas.

La idea de un plan genocida es anterior a esta operación biopolítica. En cierto sentido tiene su asidero, pues la reproducción de la especie se encuentra limitada por su capacidad de producir bienes, y siempre que se llegue a ese límite, el equilibrio se tensa. Se ha dejado morir a poblaciones enteras, pero de ahí a planear una reducción drástica de la humanidad hay un largo trecho. 

Ningún plan puede ignorar leyes inexorables, y tres leyes inexorables de la humanidad son producir cada vez más bienes, ocupar cada vez más espacio y reproducirse. La vía de escape es hacia delante. El espacio es infinito, tanto en la profundidad de cada átomo como a lo ancho del universo, y el hombre seguirá en la conquista del espacio en todos sus planos. En ese espacio en expansión el hombre producirá más bienes y seguirá reproduciéndose, salvo que encuentre algún día una especie que por algún motivo quiera extinguir a la humanidad, pero, para eso, si es que sucede, falta mucho.

Mientras tanto, aquí, en la tierra, existe una élite que ha acaparado riquezas como nunca antes se había acaparado, y opera por encima de los gobiernos paralizando al mundo. Esto es inédito. Una cosa es que se paralice el mundo por una guerra que involucre a los países centrales o que se paralice por una crisis como la del 29, y otra cosa es que se acuarentene a la gente sana mediante el terror mediático.

Esto, precisamente, acuarentenar a la gente e imponerle el miedo a dar la mano al prójimo, y arruinar economías enteras para acumular aún más riquezas, marca que la élite que opera por encima de los gobiernos ha alcanzado un grado de poder superlativo.

Tiene más riquezas, más poder y una concepción del mundo que se parece a un bosque donde viven lobos y ciervos, y ellos no son los ciervos. Sólo piensan en acaparar más poder, en el prestigio, en "triunfar", en comprar cosas con dinero, en el dinero, en más dinero, en mucho más dinero, en cómo mentir para ganar más dinero y en cómo perjudicar al otro para arrebatarle el poder para poder ganar más dinero.

Piensan así, tiene una visión de la vida tristísima, y para colmo, son unos sádicos. Si precisan el petróleo de un lugar, inventan las causas de una guerra, bombardean, violan, torturan y se apoderan del petróleo. Estos mismos que hacen estas guerras para ganar más dinero y poder, son los que ahora te vienen con la cuarentena, y si antes eran un perversos despiadados, suena muy dudoso que ahora se hayan reconvertido en los pastores guardianes de tu salud. Más bien parece que estos pastores guardianes de tu salud son unos lobos que creen que en el bosque hay ciervos para comer. 

 

LA KAKISTOCRACIA

 

Se supone que nosotros vivimos en una democracia y como sabemos, "demos" viene de pueblo y "cracia" viene de poder. Hay otras formas, como la aristocracia, donde "aristos" viene de mejores, o la plutocracia -palabra mal vista porque la usaban los nazis, mas las palabras son libres y ésta está  buenísima- donde "pluto" hace referencia a los más ricos. Existe una palabra olvidada que bien podríamos rescatar y que de hecho, terminaremos incorporando pues hasta en su sonido es verdadera: KAKISTOCRACIA, y habida cuenta que "kakistos" significa los peores, KAKISTOCRACIA significa el gobierno de los peores, que es el régimen que estamos soportando.

Sus planes son presumibles por la campaña que financian, a la cual hay que sumar el dichoso Coronavirus, y esto es algo que también debemos señalarle a estos peores, son insoportablemente aburridos y reiterativos. Gozan de un mal gusto espantoso. Son lo más grasa que puedas imaginar, y estos tipos que tienen tanto dinero, amable lector, no llegan a la suela del zapato de tu estatura moral. En lo que importa, sos cien mil veces superior al que nos domina.

El discurso de la KAKISTOCRACIA sobre el calentamiento global, aunado al veganismo y a cierto tipo de ambientalismo, lleva a una sustitución de la energía que sólo podrán incorporar los más ricos, y lleva al acorralamiento de los campesinos y los medianos productores de alimentos, que tenderán a ser sustituidos por los grandes acaparadores de tierras y finalmente, por los laboratorios que logren producir alimentos por ingeniería genética. El futuro se parece bastante a comer una pastilla que tenga todo lo necesario para el organismo.

Sumemos a esto la hipermasculinizacion de la vida, el discurso contra las capacidades reproductivas de la mujer y la interferencia en el lenguaje, esta dessexualización de la humanidad, este negar su realidad biológica. El proceso por el cual las mujeres perdieron el control del parto no puede ser beneficioso para la humanidad, y desde el momento en que lograron intervenir embriones humanos para que los niños nazcan sin SIDA, ya se ha abierto una puerta peligrosísima.

Habida cuenta que las palabras son madres del pensamiento, si se contaminan las palabras se contamina el agua de la que abreva nuestro pensamiento. Entre las letras que se contaminan, destaca la "x", que por su grafía refiere al nexo, al sexo, a la unión de las cosas. Entonces tenemos la unión de las cosas, o si el lector prefiere, el distanciamiento social. Pero sumemos al distanciamiento social que no hay teatros, no hay cines, no hay recitales, es de verdad un distanciamiento social. Tampoco hay un poder mirar los rostros y ver una sonrisa. Es un distanciamiento social con mayúsculas y como ninguna dictadura había logrado imponer jamás.

Pero la cosa sigue, y desde hace un tiempo vienen limitando el arte y lo que ese autor no debería filmar a costa de ser misógino, racista o el Diablo, y lo que aquel cómico no podría decir so pena de ser el Diablo, racista o misógino, y resulta que el humor, una antigua terapéutica, pues nadie puede negar que la risa es sana, y el arte, otra antigua terapéutica, pues nadie puede negar que el arte ha alimentado su vida, se encuentran limitados al tiempo que se limitan las palabras, y mientras este navío se impulsa al viento que sopla la KAKISTOCRACIA, la KAKISTOCRACIA te mete en la cabeza que somos el virus del mundo, que la humanidad es lo peor que le pudo haber ocurrido al planeta, que somos, de hecho, malos por naturaleza, que en el fondo somos todos lobos, pues si pudiéramos seríamos el lobo de los demás, pero nos ha tocado ser ciervos.

Ésta es la peor de todas las ideas que nos impone la KAKISTOCRACIA, y está indisolublemente unida al distanciamiento social y al tapabocas. La KAKISTOCRACIA no hubiera podido desplegar este plan siniestro, si no fuera porque previamente la humanidad se encontraba previamente postrada por la culpa. El pensamiento es esclavo de la pasión. La crisis que vive la humanidad, los suicidios que aumentan, las pastillas para dormir que aumentan, el bruxismo que aumenta, la infelicidad que aumenta, el autismo que aumenta, el cáncer que aumenta, la falta de sexo que aumenta, y en suma, la culpa que aumenta, determinan las ideas que hemos incorporado.

La KAKISTOCRACIA, para llevar a cabo sus planes, necesita a una humanidad disgregada, con distanciamiento social, con tapabocas, pues no se trata de que respiremos y hablemos. Se trata de tenernos dominados.

Tenemos que tirar a la basura el tapabocas. Si no lo hacemos, estaremos inermes ante la próxima jugada que pergeñe la KAKISTOCRACIA, que planifica, como planificarías vos si estuvieras en su lugar. El tema es que no estás en su lugar, estás en el lugar de uno al que le embutieron un tapabocas y está sano, aunque te quieren hacer creer que estás enfermo.

Es una nueva guerra, pero el campo de batalla sos vos mismo.



Marcelo Marchese

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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