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imagen del contenido “El Charleta” Gundelzoph, ¿infiltrado por los represores o “entusiasta colaborador” a partir del terror?

PRIMERA PARTE

“El Charleta” Gundelzoph, ¿infiltrado por los represores o “entusiasta colaborador” a partir del terror?

27.07.2020

MONTEVIDEO (Uypress/JWL)- Una vez que el juez Nelson Dos Santos procesó con prisión a Jorge “el Charleta” Gundelzoph, en Uypress decidimos entrevistar a compañeros/víctimas de este personaje y echar luz sobre la duda de aquellos años: ¿fue un infiltrado o, una vez quebrado por el miedo, colaboró?.

 

Jorge Carlos "el Charleta" Gundelzoph Nuñez, fue conocido, tempranamente, como "Babita": justificado por la incontinencia de saliva al hablar, que provocó la parodia de "abrir paraguas" cada vez que pedía la palabra, o, directamente abrir uno, para evitar la salpicada. 

Tanto hablaba, que sus compañeros socialistas le pusieron "Charleta" ante la larga, densa y profusa exposición discursiva, "que podía durar horas" según los testimonios, abonada por citas enteras de fragmentos de Marx, Lenin o Plejanov. 

Los entrevistados, socialistas y comunistas de aquella época coincidieron que Gundelzoph no era un tipo querido o apreciado por sus contemporáneos. Inteligente, con un ego muy notorio, "no soportaba ser segundo de nadie", según los testimonios, portador de un ego desmedido, que lo llevaba "a crear una realidad paralela" en la cual jugaba siempre un papel protagónico.

Antes del Golpe de Estado de junio de 1973, durante el quiebre institucional, y hasta los años 1975-76, la Dirección Nacional de Inteligencia y Enlace, ubicada en la tristemente famosa esquina de Maldonado y Paraguay, fue el centro desde el cuál se diseñó y llevo a cabo la instauración del miedo en la sociedad uruguaya, con la utilización de la tortura en los interrogatorios, aplicada de manera metódica, "dentro de una pedagogía del poder que organizó simbólicamente las relaciones entre el Estado y la sociedad uruguaya durante más de una década", según describe Rafael Sanseviero en "Soldaditos de plomo y muñequitas de trapo", tomando como referencia al psicoanalista compatriota Daniel Gil, quien afirma que "La dictadura uruguaya funcionó como un gran sistema de poder político y control social basado en una pedagogía del miedo que se ejemplificaba con la detención, la tortura y la prisión ejercidas con la máxima arbitrariedad y un claro, expreso y 'justificado' uso de la violencia" (tomado de El capitán por su boca muere o la piedad de Eros, de 1999, Editorial Trilce, Montevideo).

En ese marco de represión metódica, utilizado por la dictadura uruguaya, con las finalidades expuestas debe situarse el accionar de los militantes de izquierda, primero, y de los opositores al régimen ya instaurado, después. 

Y el accionar de Gundelzoph, obviamente.

El miedo

Antes de continuar, considero necesario hacer una puntualización. Conversando con Rafael (que tuvo una estrecha relación con este personaje, en aquellos tiempos) sobre ese estado de terror y miedo, que paulatinamente se va instalando en el país, y que se termina de consolidar con el régimen dictatorial instaurado, concluye él, y estamos de acuerdo, que nadie, en su sano juicio, puede cuestionar que las compañeras y compañeros que militaban en aquellos años, sintieran MIEDO ante lo que podía ocurrir si eran detenidos. No se trata, al menos en estas líneas, de "reivindicar" o "fogonear" una falsa heroicidad de tales o cuáles integrantes de un partido o movimiento o sector de los que enfrentaron a la dictadura. Cada uno de aquellos que fueron detenidos sabe qué le pasó, cómo le pasó, y lo que sintió estando encapuchado, desnudo, en medio de un plantón, o colgado, o mientras lo torturaban, y NADIE, y mucho menos quién esto escribe puede sumarse a la corriente "heroica", "imbatible" de estos o aquellos.

El MIEDO es un elemento central de lo que ocurrió en aquellos años, y NADIE puede saber, con antelación, cómo reaccionaría ante los golpes, la picana o el submarino. Por lo tanto NADIE puede señalar con un dedo acusador a quién, ante ese MIEDO y TERROR, se quebró y dio información a los represores.

Esto es importante para poder entender qué pasó por la cabeza de todos los que se enfrentaron a semejante maquinaria de terror puesta en marcha desde el Estado, con el fin de destruir a quienes lo enfrentaban.

Para decirlo lo más claramente posible, ni el relato plagado de falsedades y fantasías, llevado adelante por los tupamaros, por ejemplo. ni el otro, el de la "heroicidad" que pretende que TODOS fueran Jaime Pérez o Eduardo Bleier (por citar dos comunistas que enfrentaron y derrotaron ese miedo en el día a día), son plausibles, según Rafael Sanseviero. 

Como seres humanos reales, que fueron y son cada uno de los que pasó por ese terror, TODOS forman parte de los miles y miles que enfrentaron ese aparato criminal, destructivo. "Y la manera en que cada uno de esos miles lo vivió es individual, exclusiva e intransferible" en las acertadas palabras de Sanseviero, y agrega "cualquiera podía caer y estar en la galería de los héroes, cualquiera de nosotros podría ser un desaparecido". 

Y en ese marco, solamente en ese, podemos tratar de esbozar un análisis de Jorge Carlos "el Charleta" Gundelzoph Nuñez.

El terror quebró a Charleta 

A esta altura de la nota, corresponde otra aclaración. No logramos tener un testimonio que dejara en claro qué responsabilidades tenía "el Charleta" dentro de la juventud comunista. Ninguno de los entrevistados hizo mención a que integrara tal o cual organismo de dirección. Pero pensamos que es importante dejar planteada la duda, y tratar de contestarla en las siguientes entregas. Lo que si queda claro es que no despertaba simpatías entre sus camaradas, lo que no puede ser considerado definitivo, ya que en una organización como esa no se elegían cuadros o dirigentes "por simpatía".                                                              

Lo que si está claro, y se desprende de los testimonios, es el estado físico y emocional de Gundelzoph por esos días. Por un lado, recogimos la versión de un familiar de una detenida en Maldonado y Paraguay, que se dirige allí a averiguar sobre la citación de otro integrante de su familia, y en momentos que se acerca a la entrada, ve al "Charleta" salir corriendo a la calle Maldonado gritando su nombre, que es comunista, y "que lo quieren matar", pidiendo ayuida, tras lo cual es vuelto a ingresar por los efectivos que lo persiguen. No pudimos tener confirmación de algún otro entrevistado, de este suceso, pero, de ser cierto, demuestra un estado de situación.

Otro recuerdo, esta vez de Rafael, en los días previos a su caída, apunta al testimonio de Juanita Canosa, por entonces, pareja de Gundelzoph, a la que ve después de que ella estuviera con el Charleta, que había tratado de suicidarse, estaba internado en una mutualista (Impasa) y una semana después en la Dirección de Inteligencia, con las muñecas cortadas, "como recuperándose", ahí lo soltaron, fue para la casa, quiso convencerla a Juanita de participar con él de esto: "Y la verdad, todo nos dice que efectivamente, entre el día que cayó, en octubre del 75 y el día de febrero del 76, que habló con detenidos mientras recopilaba información para el libro que estaba escribiendo, sobre la UJC, en ese lapso "el Charleta" dejó de ser un militante, y pasó a ser un tipo que se asustó y que terminó en algo que probablemente sea esa cuestión de él, que es muy de él, que no podía tolerar ser segundo en nada, tenía que ser siempre líder".

En este momento de la charla, Rafael recuerda a Ariel Ricci, otro comunista que defeccionó y colaboró en la entrega y tortura de sus camaradas: "la misma estructura que "el Charleta", que en el caso de Ricci, ese ego desproporcionado, era mucho más exitoso y carismático, este (por Charleta) no, era un tipo muy rechazado, era un "jetón", un bocón, de ahí su apodo. Hay gente que recuerda las jodas que le hacían en las asambleas, que abrían paraguas, por todo lo que escupía cuando hablaba, escupía muchísimo, era un tipo que recibía mucho desprecio".

También recuerda el Rafa, que el abuelo de Gundelzoph era tesorero de Aguerrondo (N. De Redacción, candidato a presidente por la extrema derecha del Partido Nacional, en las elecciones de 1971): "¿Qué determina que "el Charleta" pase de ser un militante así, de estas características que hablamos, a colaborar tan estrechamente con la represión? Probablemente estuviera muy asustado en esos días, todos estábamos un poco asustados, eran días muy jodidos, fue cuando empezó la Operación Morgan (N de R: operativo represivo de la dictadura contra el Partido Comunista y la Unión de Juventudes Comunistas). Recuerdo que en un ómnibus que iba a la Aduana, un 116 ó 117, parado, agarrado del pasamanos, me encontré con alguien que me confirmó lo que se empezaba a decir que era el Infierno Grande, que toda la gente estaba junta en un galpón y todo lo que allí ocurría, es decir, el terror empezaba a cundir, y se sentía, yo lo sentía".

"Hay que tener presente (dice Rafael) que nosotros entre el 73 y el 75 recibimos varios impactos represivos, pero todos habían abonado la literatura de Fucik (en referencia a "Reportaje al pie del patíbulo"). En el 74 estuve por primera vez en la Metropolitana, donde me torturaron, y me soltaron. Allí estaba el primer comando de la OCOA (Organo Coordinador de Operaciones Antisubersivas) En esa época ellos estaban haciendo pruebas, estaban viendo qué pasaba. En ese momento, una parienta mía tenía una amiga que era amante de un milico, de uno de los capos. Y cuando me agarran, me tuvieron 5 días colgado, en la máquina, y vienen y me descuelgan y me trasladan a la comisaría séptima, de dónde me largan. Y eso pasó porque mi parienta pidió por mi con la amiga, amante del milico, que le dijo:- Decile a tu familiar que ese pibe sale una vez, pero dos no-. Entonces pasaban cosas, ellos estaban explorando, y pasaban cosas que no parecían extrañas, en ese tiempo, que te soltaban y te volvían a agarrar, mientras se preparaba lo peor.

En octubre de ese año vuelvo a caer, esta vez en Inteligencia (Maldonado y Paraguay) donde conocí a Lemos (el otro procesado junto a Gundelzoph), y volví a salir, pero no yo solo, éramos decenas y cientos, entonces, aquello de que estamos en condiciones de resistir era una cosa cierta, y de pronto empezó algo que no tenía nada que ver, porque no tenían "los miramientos" que habían tenido antes, que te tenían unos días o una semana o un mes de plantón y golpes, pero ahora era otra cosa, era la tortura del aparato represivo todo, que parecía una devoradora. Entonces, mi primera impresión es que "Charleta" debió de estar muy asustado cuando cayó preso en octubre del 75, en una personalidad como la de él".

Tuvo más de 2 años para acumular miedo, y recalca que el susto les llegaba a todos, y el tema era cómo se paraba cada uno ante ese miedo: "la diferencia está en que equipamiento tenés para sobrellevarlo, pero además, en el caso de Charleta, con un abuelo que probablemente intervino en el resultado final. A mí el cuadro me cierra más por ese lado, entre octubre del 75 y diciembre, enero y febrero del 76, que te refiero este lapso de tiempo porque entre todos los que caímos, que militábamos con él en el Regional 1, ninguno lo tuvo frente a sí, torturándolo en esos días. Se sabía que había hablado, o no porque habían desviado la atención hacia otras personas que había tenido también debilidades en el momento del interrogatorio y todo eso. 

En ese momento, en ese grupo éramos 19, y no recuerdo a ninguno de nosotros que haya dicho -a mi me interrogó o me pegó Charleta-. Entonces, ahí estaba pasando algo, se estaba incubando el Charleta que colaboró y entregó".

"Te vuelvo al principio, a esa semana antes de caer, a mi encuentro con Juanita, un 24 de noviembre, que me dice: -Rafa, me parece que está quebrado y no sé si no está trabajando para ellos-.

JWL: Todo esto que me decís desmitifica que pudo ser un infiltrado... 

RS: ¿Para qué van a "enchastrar" a un infiltrado así, para qué "lo van a quemar"? ¿Justo en ese momento? Si lo soltaban, entraba directo en lo que quedaba de la estructura clandestina. Nadie se hubiera dado cuenta.

(continuará...) 



José W. Legaspi


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