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Historias Reales. Capitulo 35. Patrón Navaja, la puta vida y otres

Juan Pedro Ribas

22.09.2020

En el peregrinar que transcurría de la Cárcel al barrio, de los barrios al los rancheríos, del rancherío a Punta del Este, comencé a comprender los resortes que llevan a una vida a transformarse en puta.

No es relativo al oficio más viejo de la humanidad, es una construcción social que empuja a la gente y sobre todo a los más vulnerables a vivirla de ese modo; desde una señora o joven dedicada al oficio, a la que limpia y frega todos los días y apenas le alcanza para volver a su casa rodeada de miseria, a la que soporta el acoso del jefe en la oficina, al que es honesto y pierde posibilidades de ascenso en su trabajo y también a los rodeadores que adulan al poderoso y si vamos más lejos aún a los poderosos obligados a realizar una especie de "servicio" en procura de complacer al que ejerce poder sobre ellos.

Ahora ciertamente hay condiciones especiales, por ejemplo la que habita en "Los Cartones", llega embarrada a la parada, en la escuela está esperando la hora de la merienda y no atiende la lección y cuando llega vive el terror del padrastro que la violenta en varias formas.

Al varón, quizás el hambre lo más haga agresivo y por eso ojea la esquina, donde los más grandes le dan al vino y a la pasta y de repente "pescan" un monedero.

De noche frio, de día hambre, es muy posible que  no le importe su propia vida y cuando no importa la propia vida que puede importar la de los demás.

Lo cierto es que la puta vida, como la muerte, les llega a todos, por lapsos breves o prolongados, pero llega.

Algunos desde la panza, desde antes de ver la luz, cuando su mamá dejo de estudiar a los 14 años, se dedica al "oficio", queda embarazada y arregla con la madre o la vecina para que cuiden al crío cuando ella vaya a "trabajar".

Y la desdicha es mayor si no hay un crío que la contenga, porque el camino inexorable es perder las referencias y la tremenda soledad agobiante hace que se entregue por unas pizcas de pasta base y finalmente, a requechar la basura.

Y para emparejar, tal cual en el póker, cuando la escalera real más baja le gana a la más alta, la mujer del oficio hace infeliz a una gran señora, porque es propietaria del vicio de su marido que vuelve a su mansión con olor a perfume barato indistintamente mujer o hombre, saciado del sexo que experimenta en el más oscuro secreto. Así de envolvente es el círculo y de ese círculo, la victima mayor, por los años de los años, por los tiempos de los tiempos, es la que crea la vida, nada más y nada menos que la dueña del inicio; la mujer.

En pleno siglo XXI, no ha alcanzado aún los privilegios que aquellos que ejercen el poder de la guerra, de la política, de la religión, de la fortuna, luchan palmo a palmo para conservar su hegemonía.

Patrón Navaja

Llegó a mi casa un día y casi no pude creer lo que estaba viendo, lentes negros, blazer azul, vaqueros blanco bombilla, camisa impecable de color azul y cuello blanco; prolijamente afeitado, en auto blanco haciéndole juego a su vestimenta; era Patrón Navaja, así me lo explicó.

"Puse un quilombo en las afueras, cerca de la ruta, todo legal, a las mujeres las trato como lo que son, señoras, les doy descanso, tenemos una olla colectiva y además de todo, se ganan unos pesos.

No, no son muy jóvenes, he reclutado lo que anda en la vuelta, de la calle y algunas domésticas de la zona, están un poquito gordas, pero yo no las obligo a copear, le servimos té en el vaso, inclusive tenemos un rancho aparte donde quien quiere leva al nieto o al hijo y nosotros también le damos la merienda a los niños, yo aprendí mucho socialmente, de eso no me voy a olvidar nunca.

Los porcentajes son generosos y las tratamos como  una familia.

Ahora tengo que ir a buscar a una que esta por la Ruta 5 y como nos queda de camino si vamos a llevar pelotas de futbol al Abayuba, te la presento".

A la distancia, a la vera de la Ruta, vi una señora generosa en carnes de zapatos rojos y pollera acampanada con un saco celeste, Patrón frenó y le dijo subí atrás que te dejo en la Ruta principal y yo sigo con el amigo que tengo que hacer algunas cosas.

Hola, me dijo, soy Gladis y sonrió con sus labios carmesí y su sonrisa dejo ver algunos dientes deslucidos.

Hola, le dije, y ella me dijo con la misma sonrisa soy una "ministriz" yo me quede mirándola y pensando ¿habrá querido decirme que es una mini striper o que sale con ministros? entonces percibió mi confusión y abriendo la camisa me mostró dos senos tan enormes que le llegaban al voluminoso vientre, por eso me visto así, me aclaro.

Sabio Patrón, me instruyo, "te dice que es una meretriz".

Ella quedo en la Ruta saludando el grito de los obreros que viajaban en los camiones y algún auto que hacía sonar la bocina.

Y le pregunté a Patrón ¿Ella trabaja en tu local? todavía no, pero le estoy haciendo la letra.

Luego de sus andanzas por las cárceles, Patrón habrá pensado que debía darle un vuelco a su vida y entre las decisiones que tomó;  la primera y muy mala, fue de separarse de su esposa luego de 40 años de matrimonio. María trabajaba en la obra de la iglesia de Aparicio Saravia y estoicamente se había especializado en mantener unido el hogar pese a la carga de Patrón y sus hijos, muy menudita cargaba a cuestas esa cruz.

Como decía flaquita y activa y con tiempo para la militancia social, paraba la olla estiraba el guiso para dos o tres días y  hacia un milagro con los huesos de puchero.

El enamorado y la muerte

La segunda decisión, mala también, pero con la suerte que lo caracterizaba, fue dedicarse al amor sin protección, de tal manera que un día se enteró de que una ex reclusa con la cual vivió un romance era portadora del VIH.

Cuando le preguntamos si usaba preservativo, dijo no, para que usar esas porquerías; le contestamos para no contagiarte y no morir.

"No, los que se mueren son los otros yo estoy vivito y coleando y no me agarra ningún virus, seré el enamorado, pero la muerte es de los demás".

Viky

Viky se presentó en la radio para contar su historia, era tan bonita que uno comprendía cuando expresaba "no puedo creer porque Dios me puso algo cambiado en el cuerpo"

"Yo no quiero decir acá, que estoy en una radio como dicen mis compañeras que quieren trabajar en una oficina, quieren una familia, cocinar, estar en su casa, no yo soy lo que soy, me apasiona lo que hago y tengo claro que en este devenir puedo terminar infectada, asesinada o debajo de un tren"

"A los seis, siete años sentí que era distinta y no me ofendía ir al baño de los varones, porque ahí iban mis compañeritos y yo aprovechaba para invitarlos a pequeños juegos, casi inocentes.

Viví un drama familiar, cuando mi madre se fue del rancho de mi padre para instalarse rancho por medio en el de la esquina y amachimbrarse con el hombre que allí vivía.

Yo pasé a vivir en el rancho de la esquina.

Un día al llegar a casa, mi madre trabajaba como domestica todo el día, su marido nuevo estaba sentado mirando televisión, tomando mate y en las manos tenía una hoja con un mensaje que habían enviado de la Escuela.

Me dijo: ¿Así que vos querés ser nena? Vení que yo te voy a hacer bien nenita.

Algo hizo, porque cuando pasaba frente a la puerta del rancho de mi padre, este me gritaba "Puto, no te da vergüenza"

Y cuando los muchachos se arrimaban al rancho de la esquina para conversar conmigo, el hombre de mi madre tomaba un garrote y los corría sin piedad.

A los catorce años, me fui del rancherío y caminé sin rumbo varios días, hasta que un viejo con un autazo, me recogió y me llevo a su apartamento.

Pobre hombre se deshizo en atenciones, si soy tan linda ahora y hasta estuve a punto de participar en un concurso de belleza femenina, es gracias al empeño que puso mi benefactor.

Pero yo implacable quería la calle, la aventura, el riesgo, los hombres diferentes, pasar de un camionero, tallerista tiznado y con aceite a un trajeado con perfume Ralph Lauren y así vivir cada noche.

Recuerdo cuando me buscaban el Doctor y su novia, optaron por mí para transar en sus discusiones, porque el Doctor quería imponerle a ella un tercero que le gustaba a él y ella quería imponer el tercero que le gustaba a ella, yo fui el fruto de la transacción para que él tuviera el servicio que requería. 

Otro día me llevaron a la comisaria y había un marinero cuyo bulto llamaba la atención, yo no pude desaprovechar eso y aun sabiendo el riesgo me apodere de su instrumento.

Así me hice a la calle y un día me contrato un cuadro de futbol que gano un torneo, para una fiesta en la cual yo sería la única estrella.

Estaba en cuatro sobre un sillón y cada uno del equipo pasaba y hacia lo que tenía que hacer, cuando de repente no sé si un aliento, un olor, un movimiento, me hizo voltear la cara y entonces lo vi, era mi padre, el que me decía puto cuando pasaba frente a su rancho.

Y yo a veces pienso pobres mujeres que son buenas, que son madres, que cocinan, lavan la ropa, trabajan o aun aquellas muy ricas que no mueven un dedo, rodeadas de lujo, acariciadas por todos los placeres de la vida, perfumes, cócteles, fiestas.

¿Para qué? Igual a ellas  las alcanza la puta vida al revés, puesto que infinidad de buenos maridos convencionales, respetables y exitosos, van en busca de las putas y los travestis y las mujeres que apostaron a ser buenas madres de familia viven el drama de la indiferencia y el desinterés, porque como en el póker la escalera real más baja mata a la más alta.

Así se reinicia el ciclo y una señora reina de la opulencia y el lujo debe mirar desde abajo a una reina de la calle que su propio marido puso en el pedestal y si todavía el marido se entrega, sentís el poder sobre él y sobre ella.


Juan Pedro Ribas



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