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Pan para hoy y hambre para mañana (los aspectos conservadores del discurso de Regulación Responsable)

Marcelo Marchese

02.07.2013

La culturas desarrollan un eficiente mecanismo de defensa por el cual amortiguan, apropiándoselos hasta desnaturalizarlos, todos los planteos que pongan en tela de juicio sus fundamentos.

Es el riesgo de toda organización política con pretensiones reformadoras: si no logra transformar la sociedad, será absorbida por ella, llegando al grado de convertirse en la más eficiente institución en defensa del viejo régimen, ejemplo de lo cual fue el stalinismo, que se adueñó de un partido que había vanguardizado la revolución más democrática de la historia.

Los ejemplos cunden en cualquier ámbito. La carga explosiva del surrealismo, que pretendía transformar el mundo y cambiar la vida, fue absorbida por la sociedad, quien, para destruirlo, lo incluyó en los programas de estudio (1) y luego alimentó con sus técnicas a la industria publicitaria. Este mecanismo por el cual la sociedad atenúa el pensamiento desestabilizador, al apropiárselo tergiversándolo, alcanza un nuevo hito con la campaña llevada a cabo por Regulación Responsable.

 

¿Qué planteamos, durante años, aquellos que defendemos la liberación del tráfico de marihuana?

1- La criminalización de la droga eleva su precio convirtiéndola en un negocio altamente rentable. Es la criminalización la que genera mafia, corrupción y violencia. El combate a la droga fracasó, añadió violencia a un mundo sumamente violento y generó un gasto de dinero que se podría destinar a otras cosas.

2- La criminalización demoniza al consumidor, añadiendo a los plausibles efectos negativos de cualquier droga, la carga estigmatizadora. La criminalización perjudica la libre discusión y la normal terapéutica del adicto a las drogas pesadas.

3- La criminalización del tráfico atenta contra la libertad del individuo pues eleva el precio para perjuicio del consumidor y para beneficio del traficante y de quienes deben reprimir el tráfico. El cuerpo del individuo es cosa del individuo, y puede hacer con él lo que le plazca, sin que ningún   agente externo tenga derecho a inmiscuirse.

4- El reclamo por un libre derecho a plantar marihuana y a consumirla sin los inconvenientes que caracterizan al mercado negro, es un reclamo que parte del derecho a la libertad del individuo a gozar, a conseguir placer. El derecho al goce, a la amplificación de los sentidos y a la distensión que genera normalmente la marihuana, es el principal reclamo de un grupo social que no incita a los demás a hacer nada, si no que reclama que el Estado no se inmiscuya en su derecho a gozar de una forma que en nada perjudica a la sociedad, pues lejos de perjudicarse podría salir beneficiada, por ejemplo, del consumo de marihuana que inspira a miles de artistas. No nos alcanzaría ni esta página ni cien páginas si enumeráramos la cantidad de canciones y libros que emocionan y alimentan a la sociedad, en cuya elaboración de una forma u otra estuvo involucrada la marihuana.

 

Este planteo debió pasar por las horcas caudinas del gobierno para salir convertido en un adefesio inclasificable. Llegando al clímax del delirio se pretende conformar un registro de consumidores. ¿El gobierno cree que los consumidores acudirán en masa a registrase? Ésta es una pretensión, además de ridícula, peligrosa, por su carácter intrusivo en la vida del individuo. Pero además mantiene la criminalización del tráfico de marihuana, mantiene el mercado negro, el lugar donde deberá ir el consumidor que no quiera registrarse, y todo menor de edad.

 

A posteriori, aquel reclamo por una política que respetara el derecho al goce del individuo, debió pasar por unas segundas horcas caudinas, las del discurso represivo del colectivo Regulación Responsable. Sospechamos que la lógica de este colectivo es la siguiente: la regulación responsable es una forma de edulcorar cierto grado de liberación del consumo de marihuana, por lo tanto sería un paso hacia una mayor libertad en nuestras vidas. Habida cuenta que nuestra sociedad es suficientemente conservadora y represora (las encuestas acerca de la regulación son sumamente elocuentes) debemos elaborar un discurso que participe de esa mentalidad y que permita las mayorías necesarias para aprobar una ley, la que una vez en vigencia, en los hechos, y gracias a los hechos, transformará la mentalidad conservadora y represora de la sociedad, o eventualmente, atenuará la estigmatización a los jóvenes. Por este motivo, así como recurrió el grupo "Pro vida", utilizan del viejo mecanismo de apelar a reconocidas figuras públicas de nuestra cultura para decirnos que "La regulación responsable disminuirá sensiblemente ese riesgo (el acceso de niños y jóvenes al mercado negro de la marihuana) y nos habilitará a establecer penas más severas para aquellos que comercialicen con menores. Por otra parte, para nosotros, los adultos, sería educativo y preventivo, pues nos enseña a autorregularnos y eso nos hace más libres". La regulación responsable "asegura a los pacientes que la necesitan, acceso seguro a la marihuana medicinal. Protege a los jóvenes manteniendo la prohibición de venta a menores. Permite penalizar a los conductores que manejan bajo sus efectos". Parten del hecho que "las sustancias psicoactivas no son inocuas, tienen riesgos y daños asociados a su uso y abuso" y que la regulación "permitirá gestionar de mejor manera los potenciales riesgos de su uso en nuestra sociedad".

 

Acaso este discurso sume alguna voluntad al proyecto de regulación responsable, pero no sumará ninguna voluntad al proyecto de discriminalización del tráfico de marihuana, en tanto exigen medidas más severas contra el narcotráfico. En rigor, el golpe al narcotráfico es despenalizar todo tráfico de drogas, y pretender golpearlo despenalizando el tráfico de marihuana, equivale a pretender noquear a Mike Tyson pinchándolo con una pestaña, pues la venta de marihuana constituye un porcentaje infinitesimal de las ganancias del tráfico de drogas. Mas Regulación Responsable ni siquiera plantea liberar el tráfico de la marihuana. Plantea proteger a los jóvenes del acceso al mercado negro ¿Cómo? Buscando medidas más severas contra dicho tráfico ¿No era que la represión al tráfico no ha generado ningún beneficio? ¿No ha reconocido Regulación Responsable que la guerra a las drogas ha fracasado? Si los menores no podrán acceder ni siquiera a las farmacias que la venderían legalmente, se los estaría enviando directamente a las bocas del mercado negro, donde serán tentados con otras "drogas más peligrosas y adictivas". Si consideramos que la criminalización trae por añadidura el perjuicio de la estigmatización, Regulación Responsable reproduce la mirada estigmatizadora al poner el énfasis en que "las sustancias psicoactivas no son inocuas, tienen riesgos y daños asociados a su uso y abuso" al recordarnos "los potenciales riesgos de su uso en nuestra sociedad" o reclamando "penas más severas para aquellos que comercialicen con menores" o argumentando que el proyecto "asegura a los pacientes que la necesitan, acceso seguro a la marihuana medicinal".

 

Este discurso conservador asegura pan para hoy, pero hambre para mañana, como lo asegura todo discurso conservador que apela a la mentalidad conservadora sin pretender transformarla. Pretender defender una libertad determinada alimentando un discurso represivo, es una manera de lograr nuestro beneficio al grito de sálvese quien pueda. Lograremos, eventualmente, cierto grado de libertad, pero a costa de reproducir un mensaje controlador y reaccionario. La autorregulación no nos hace más libres. Poner el énfasis en el freno frente a una sociedad atemorizada no nos hace más libres. Para viajar por la vida necesitaremos de un freno, pero sin el acelerador no podremos siquiera avanzar un metro.

 

Algunos pensarán que no es el momento adecuado para discutir con Regulación Responsable, y nos aconsejarán sumar fuerzas al objetivo común. Si sumar fuerzas significa adoptar una mirada acrítica, nos parece este consejo sumamente imprudente y peligroso. No aconsejamos a nadie una mirada acrítica, ni siquiera ante nuestros propios textos. Pensamos que aquellos que quieren transformar la sociedad apelando a la libre expresión de ideas, deben aprovechar cualquier tema del debate público para desnudar una mentalidad que nos tiene atenazados. No creemos en ningún cambio social duradero sin un contemporáneo cambio en nuestras consciencias. Lejos de sumar fuerzas acríticamente, necesitamos fomentar un libre debate, pues nada podemos temer de la libertad del pensamiento. Por ese motivo enviamos una breve carta a Regulación Responsable, que obtuvo una respuesta en la que se dijo que "Para aportar al debate público... nace regulación responsable... Pero entendemos, si no te sientes representado, que prefieras aportar en este momento tan crucial desde otros movimientos sociales que apuntan a personas ya más convencidas". Pensamos que esta respuesta es solidaria con la campaña que viene llevando a cabo Regulación Responsable. Por un lado argumenta acerca del daño de la política criminalizadora, pero por el otro reclama medidas más severas contra el narcotráfico. Por un lado apela al debate público, pero por el otro, niega dicho debate aconsejando paternalmente ir a debatir a otro lado. ¿Regulación Responsable cree que la sociedad debe abrirse a un debate donde las personas "participen en la discusión con argumentos" brindados por Regulación Responsable, pero cerrándose Regulación Responsable a los argumentos que la sociedad le devuelva? ¿Qué entiende Regulación Responsable por "debate público"? ¿Es que acaso Regulación Responsable ha logrado la tan ansiada Verdad Absoluta?

 

Hacemos un llamado a todos aquellos que desde hace años vienen luchando por la despenalización del tráfico de marihuana, pidiéndoles que sumen su voz a este debate nacional. Nada bueno podemos esperar de la aceptación acrítica de un proyecto gubernamental que hace agua por todos lados, y de una campaña publicitaria que lejos de pretender cambiar la mentalidad conservadora, la acentúa. No sólo está en juego la posibilidad de erosionar el poder de las mafias y la posibilidad de atenuar una mirada estigmatizadora, está en juego la libertad del individuo ante una práctica intrusiva del Estado, y está en juego nuestro inalienable derecho al goce, un derecho cada vez más alejado de nuestro discurso desde que la Revolución Industrial instituyera el dogma que dice que nuestro cuerpo pertenece a la sociedad, como forma de encubrir que nuestro cuerpo pertenece al Capital, constituyendo su alimento.

 

(1) Ante la pregunta de André Perinaud acerca de su opinión sobre la inclusión del surrealismo en los programas e literatura, André Bretón respondió: "No dudo que sea la mejor manera de destruirlo. Lo que a mí me llevó a leer a Baudelaire y Lautréamont fue, precisamente, que no se encontraban en los programas de literatura". Conversaciones con André Bretón. Editorial Nueva Era.

 

Marcelo Marchese

 



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