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EL AGRO EN EL CONGRESO DEL FRENTE AMPLIO

Gustavo Guarino

18.12.2013

Quienes vivimos y militamos en el interior siempre miramos con particular atención los temas agropecuarios y, en nuestro caso, más aún por estar directamente vinculado a la producción agropecuaria. A la izquierda le ha costado mucho entender el país rural y por tanto también al interior en su conjunto. Hemos avanzado mucho, de ahí la importancia de lo que resolviera el Congreso. Podíamos retroceder.

 

Lorenzo Goyeche, un hombre formado en las quintas del Montevideo rural y Canelones, pero con una gran visión de todo el campo uruguayo, profesor en la Facultad de Agronomía y militante comunista, siempre nos enseñó que había que cambiar la mirada que la izquierda tenía del campo y del interior del país; algunos tuvimos la suerte de formarnos a su lado y venimos dando batalla con otros compañeros para imponer esa nueva mirada.  En los primeros Congresos post-dictadura, se logró tener en lo programático un planteo más diferenciador de lo que era el campo. Lorenzo ayudó a acuñar los términos de “medianos” y “pequeños” productores rurales; la derecha siempre nos habló de la gran familia del campo, como que fuera lo mismo ser un pequeño productor ganadero que un gran estanciero y, por supuesto que también incluían a los peones rurales dentro de la gran familia. En la izquierda, el tema de los asalariados estaba un poco más claro, ya que lo incluíamos dentro de los trabajadores que había que ganar; costaba diferenciar  entre pequeños productores pobres y trabajadores. En los últimos años, ha habido un gran avance en comprender las diferencias de intereses y proponer políticas diferenciadas; en eso jugó un papel muy importante quien es hoy nuestro presidente. El Pepe supo interpretar en su discurso esas diferencias, pero también tuvo claro el papel que tienen las empresas agropecuarias de porte en el desarrollo del país. No es casualidad que durante los gobiernos del Frente la producción agropecuaria haya crecido a tasas nunca vistas en el país, se expandió a más del triple la producción y exportación de carne, la agricultura se transformó en el principal rubro de exportación, creció por tres la lechería y la forestación va en camino de exportar por 1000 millones de dólares anuales. Hubo una expansión del capitalismo; desde hace muchos años en la izquierda algunos decíamos que el Uruguay en el agro tenía un desarrollo capitalista deforme, fruto de la presencia del latifundio improductivo. Hoy se han roto algunas trabas que contenían el desarrollo capitalista y se produce esta verdadera revolución productiva. Por supuesto que esto trae problemas vinculados a la concentración de la tierra , a la presencia de empresas transnacionales ( ¿ acaso es esto diferente a lo que pasa en el comercio, en la industria, en los servicios, en los negocios inmobiliarios, en la banca?); pero también estos niveles de producción han permitido una explotación más intensiva de recursos, han generado miles de nuevos empleos, han cambiado la vida comercial y social de los pueblos y ciudades del interior y  han aportado al país muchas divisas. Goyeche siempre nos decía que hasta que la izquierda no comprendiera los temas del agro no iba a avanzar tampoco en el interior urbano, ya que la inmensa mayoría de los habitantes del interior tiene una dependencia muy grande de lo que pase en la agropecuaria y sobre todo una dependencia ideológica de los sectores dominantes que mayoritariamente en nuestros pueblos y ciudades son los vinculados a la tierra. Ellos saben cultivar el tema de la gran familia del campo, saben reproducir tradiciones, influyen sobre la cultura y los medios, saben cultivar el atraso, sobre todo el ideológico.  El tremendo avance capitalista que ha tenido el agro en estos últimos años ha roto esa dependencia; hoy los trabajadores son más libres, se sindicalizan, la moto y el celular les permite saber diariamente cómo se trabaja en cada empresa, cuánto pagan, les da la libertad de comunicarse y moverse de un lado a otro. Esto también es válido para pequeños y medianos productores que pueden producir con niveles de eficiencia similares a las empresas y, en muchos casos, complementan sus ingresos haciendo servicios para afuera. Es cierto que muchos se ven tentados por los altos valores de la tierra o de las rentas y venden o arriendan. Pero qué deberíamos hacer,¿ prohibir por decreto que lo hagan?¿ Tenemos derecho en aras de nuestros postulados ideológicos de antaño a condenar a un productor  ganadero de 100 Hás que valen 500.000 o 600.000 dólares a vivir en el medio del campo con un ingreso de 5.000 dólares anuales? Cuando se analizan los datos del último Censo, muchas veces se lo hace con la cabeza de los años 60.

Los Gobiernos del Frente Amplio han desarrollado políticas de apoyo a los productores familiares como nunca se lo había hecho antes; hoy funcionan las Mesas Locales y Departamentales de Desarrollo promovidas por el MGAP; el Instituto Nacional de Colonización ha hecho una política de tierra y apoyo a los colonos como no se hacía desde hace décadas; se ha llevado la electrificación rural al 98% del territorio; ANTEL está poniendo radio bases en los lugares más alejados del país; se están haciendo las cosas de la mejor manera para darle posibilidades a los productores de que se queden en el campo, pero no podemos imponer por Ley que los campos valgan menos y que se produzca menos soja o leche o carne por hectárea.

En el Congreso se abordaron muchos de estos temas, nosotros participamos en la Comisión Nº 2, en la que estaba el tema Agro.  El tema venía muy bien tratado en el documento base, fruto de largos meses de discusión entre un amplio grupo de gente vinculada el sector, entre ellos el propio Ministro Aguerre;  sin embargo, en la Comisión existieron algunos planteos que supuestamente querían “ ir más a la izquierda” o, para decirlo como lo dijo algún congresista, retomar las viejas banderas de la Reforma Agraria.

Se planteó tener una política impositiva más dura e incluir las detracciones a la exportación de productos primarios. La propuesta encendida de viejas consignas arrancó aplausos, comprensible si tenemos en cuenta que la inmensa mayoría de los presentes eran delegados de Comités de Base de Montevideo, que no tenían por qué estar informados en profundidad de estos temas y, a todos los que en la izquierda nos formamos, “La Reforma Agraria” nos conmueve. Sobre este tema habló un compañero productor rural de Cerro Largo que explicó con ejemplos cómo hoy más que la reforma Agraria pensada por nosotros hace décadas se estaba viviendo una revolución productiva nunca imaginada; expresó que hoy quizás duerma menos gente en el campo, pero que trabaja en el campo mucho más gente ; lo nuevo es que viven en centros poblados con sus familias ( moto mediante) y que tienen mucho más calificación, agregan más valor con su trabajo y tienen condiciones laborales y  derechos como  la salud y consejos de salarios. También muchos productores de tipo familiar atienden sus predios y hacen servicios a otras empresas; eso les genera ingresos muy superiores y pueden hacer que sus hijos estudien.  El tema se sometió a votación y la inmensa mayoría del plenario de la Comisión rechazó la propuesta “radical” de la Reforma Agraria.

Con relación a las detracciones me tocó  argumentar, explicar que las detracciones en sí mismas no son buenas ni malas; en el Uruguay tuvimos detracciones y no nos salvamos de la profundización de la crisis y estancamiento de los años 50, sí le sirvieron al Partido Nacional para fortalecer su política anti batllista; Nardone  ( Chicotazo) se hizo grande con el discurso contra los galerudos y comunistas chapa 15 que agredían a la gran familia del campo; fue la primera gran victoria del PN.

Pensamos que en Uruguay hoy no se justifican las detracciones por múltiples motivos, principalmente porque los niveles de ganancia del capital son razonables. Los altos costos del país pueden llevar a pasar el límite de rentabilidad y hacer que algunos rubros de la agricultura se vean desalentados. Cuando comparan con Argentina, se olvidan que  allá se produce con un gasoil con precios muy inferiores, lo mismo en Brasil; los fletes en nuestro país son casi el doble que en la región. Cuando nuestro gobierno opta por seguir utilizando los combustibles como recaudador de ingresos, o destina a políticas sociales parte importante del presupuesto y no a resolver los temas del transporte  únicamente, le está haciendo compartir al productor sus ganancias, pagando más el combustible y los fletes. Estos son sólo un par de ejemplos de cómo hay vías indirectas que actúan como detracciones. Explicamos algo de esto y la asamblea de la Comisión votó por amplia mayoría no aprobar la moción de poner detracciones, igual tuvo el 20% y pasó al pleno del Congreso; éste la rechazó por más del 90 % de los votos.

Lo anterior demuestra cómo  cuando se explican, las cosas se entienden y los frenteamplistas  actúan con racionalidad, a pesar de que la mayoría eran de Montevideo y luchadores de vieja tradición en la izquierda. Supimos así darnos el programa que la hora exige, entre otras cosas, porque no hay nada más radical que seguir avanzando como lo han hecho nuestros dos gobiernos.

Ing. Agr. Gustavo Guarino

Pte. Mesa Dptal. del FA de Cerro Largo




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