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Habrá sistema de cuidados en Uruguay

Andrés Scagliola

01.12.2014

En estas elecciones tomamos una decisión histórica por varias razones. Tabaré Vázquez fue reelecto por una amplia mayoría de las y los uruguayos. Por tercera vez consecutiva, gobernará el Frente Amplio con mayorías parlamentarias en ambas cámaras.

Pero también tomamos una decisión fundamental en términos de avance en la transformación de nuestras relaciones sociales: decidimos avanzar hacia una sociedad corresponsable y solidaria en el cuidado de aquellas personas que necesitan de nosotros y nosotras (las niñas y los niños en su primera infancia, y las personas mayores dependientes y aquellas con dependencia por su discapacidad).

Tal y como establece nuestro programa de gobierno, el Frente Amplio avanzará -sobre los pasos dados en este período que culmina- hacia una política pública de cuidados. Y esto, supone una transformación muy profunda en términos de bienestar social y de equidad de género.

Ya lo sabemos: Uruguay vive un conjunto de procesos demográficos y sociales persistentes. La consolidación de una estructura etaria envejecida; la disminución del peso de las familias como proveedoras de cuidados debido a la inserción de las mujeres, tradicionales cuidadoras, en el mercado de trabajo; la infantilización de la pobreza; las barreras físicas y culturales que impiden una sociedad más inclusiva de las personas con discapacidad y, en particular, de aquellas que además son dependientes.

No podemos controlar todos estos procesos pero sí podemos tomar decisiones sobre ellos. Y desde el Ministerio de Desarrollo Social y a través del Grupo de Trabajo Interinstitucional, en estos cinco años, trabajamos para dar forma a esas decisiones.

Propusimos que éstas partieran de la definición del cuidado como un derecho y, con ella, la responsabilidad del Estado en garantizarlo a través de una política pública integrada y sistémica: un Sistema Nacional Integrado de Cuidados, tal y como la experiencia histórica uruguaya ha dado en llamar a esta política.

Propusimos, también, que ese sistema integrara a todas las personas dependientes y sus necesidades; que no salarizara a los familiares que cuidan -como definición fundamental- sino que ofreciera alternativas diversas, fortaleciera la oferta pública de servicios y regulara tanto a ésta como a la oferta privada; que garantizara estándares de calidad, y brindara formación a cuidadoras y cuidadores.

Propusimos además apostar a la corresponsabilidad en el diseño de las propuestas, tanto entre actores (familia, Estado, sociedad civil) como entre mujeres y varones, comprometiéndonos con la equidad de género, y de la misma manera integrar la mirada de no discriminación por diversidad sexual o dimensión étnico-racial.

Finalmente, propusimos construir una mirada global sobre las necesidades de cuidados de la población, redefiniendo y repensando la red de protección actual. Esto implica pasar de una mirada sectorial individual a una lógica articulada -a la vez, sectorial e intersectorial- que sea capaz de dar respuesta a los riesgos que presentan las diferentes etapas de la vida de las personas.

Sobre estas bases -que orientaron el proceso hacia un Sistema de Cuidados- quedaba por ver cuán reactiva o proactiva sería la respuesta del Uruguay.

La primera opción suponía responder caso a caso en la medida que surgieran reclamos de diferentes sectores de la sociedad.

La segunda, triunfadora en las elecciones, es pensar en una política pública que, nacional e integrada, entienda las transformaciones y tendencias de la población uruguaya en clave de derechos e igualdad de género y, por ende, de corresponsabilidad en la tarea del cuidado.

Esa respuesta proactiva requiere de una coalición de actores -diversa, variopinta, de actores públicos y privados- repensándose en una clave de derechos humanos y de equidad de género.

En nuestra visión de futuro, cada una de las políticas públicas sectoriales se repiensa y articula con la propuesta de un Sistema de Cuidados. Hay apoyos al cuidado (transporte, nutrición, prestaciones de seguridad social) que se movilizan. También se repiensa el mundo del trabajo (la otra cara de la moneda de los cuidados). Para caminar hacia un sistema y una sociedad de cuidados, las y los trabajadores hacen de este tema uno prioritario en la negociación colectiva. Las empresas entienden su rol en esa sociedad del cuidado (y también los beneficios económicos de una sociedad así). Además, hacen jugar este tema en el marco de la responsabilidad social empresarial. El voluntariado y las prácticas solidarias se movilizan. Los partidos políticos generan los acuerdos necesarios para darle continuidad en el tiempo a políticas de Estado más allá de períodos de gobierno. Y las organizaciones de la sociedad civil, desde su autonomía, interpelan, proponen, monitorean y evalúan los avances.

La apuesta a la construcción de un Sistema de Cuidados se inscribe en la mejor tradición de la matriz de protección social uruguaya y apunta hacia una política pública universal en clave de integración social.

Desde el punto de vista del esfuerzo en términos de recursos, el costo de poner en marcha el Sistema de Cuidados debe ser matizado. Como afirma nuestra compatriota Juliana Martínez, experta en la temática, "más caro que tener un Sistema de Cuidados es no tenerlo". La pregunta que nos debemos hacer es: ¿cómo han sido y son resueltos los cuidados?, ¿por qué personas?, ¿con qué calidad?, ¿a qué costo? Claramente, la forma pasada y presente de resolver el cuidado es altamente costosa. Ya sea dentro de las familias, medida como tiempo sustituido en trabajo o en inversión en formación; ya sea en servicios privados (residenciales, centros infantiles, cuidado domiciliario de personas con discapacidad), medido en dinero. El gasto público social destinado al Sistema de Cuidados deberá ser prudente, gradual, eficiente, de calidad. Pero será, sin dudas, una inversión social.

El camino no fue fácil ni lineal. Para llegar aquí hubo que: generar lineamientos conceptuales compartidos a nivel público e institucional; llevar la propuesta al debate social; desarrollar diversas experiencias que serán componentes fundamentales del futuro sistema (extender licencias, multiplicar centros de cuidado infantil, iniciar el cuidado domiciliario de personas dependientes por discapacidad, cambiar el modelo de regulación y supervisión de las residencias de personas mayores, entre otras); nunca perder la perspectiva de largo plazo en un proceso no exento de dificultades de corto plazo; generar confianza con actores fundamentales como la Red de Género y Familia, y la Red Pro-Sistema Nacional Integrado de Cuidados; elaborar insumos programáticos y dar el debate al interior de la Comisión Nacional de Programa y del Congreso del Frente Amplio; debatir y defender la propuesta en la campaña electoral.

Ahora queda la apasionante tarea de llevar adelante, desde la tarea realizada, la política pública de cuidados como sistema: a través de la Ley Presupuestal y de una Ley Marco de Cuidados.

La decisión de ayer fue histórica por muchas razones. Entre otras, por la certeza -ahora ratificada en la elección presidencial en segunda vuelta- de que esta sociedad avanzará fuertemente en bienestar social y en equidad de género en los próximos cinco años; en la certeza de que habrá Sistema de Cuidados en Uruguay

 

El próximo 16 de diciembre, a las 11 horas, en el Salón Azul de la Intendencia de Montevideo, se presentará "Cuidados como Sistema". Esta publicación de la Dirección Nacional de Políticas Sociales sintetiza lo ya avanzado y realiza propuestas para avanzar hacia el Sistema Nacional Integrado de Cuidados en el próximo gobierno.

 

*Andrés Scaliola es Director Nacional de Políticas Sociales (MIDES). Integra Asamblea Uruguay, Frente Líber Seregni.



Andrés Scagliola


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