*

Agencia Uruguaya de Noticias
Loading
con firma
Felipe Michelini Felipe Michelini
El sistema de justicia: una reforma estructural pendiente
Carlos Vivas; Homero Bagnulo Carlos Vivas; Homero Bagnulo
¿Hay algo que sirva para “curar” un resfrío?
Jorge Schneidermann Jorge Schneidermann
Roger Waters, embajador itinerante del B.D.S. La inveterada costumbre de satanizar a israel
Marcelo Marchese Marcelo Marchese
Mentira la Verdad (El País, Sanguinetti y Palestina)
William Marino William Marino
¿Barbarie a que estilo?
Jorge Aniceto Molinari Jorge Aniceto Molinari
El relato… (Abordando eso gris, que parece la teoría).
Esteban Valenti Esteban Valenti
Los uruguayos y el tiempo
Luis Ferández Luis Ferández
Izquierdas...
Luis E. Sabini Fernández Luis E. Sabini Fernández
Cosecha de muerte en Franja de Gaza.
Ana Jerozolimski Ana Jerozolimski
Alto el fuego Israel-Hamas: entre alivio y preocupación
Fernando Gil Díaz Fernando Gil Díaz
En libertad… el día después
Rodolfo Martín Irigoyen Rodolfo Martín Irigoyen
La “carne cultivada” y otras amenazas
Pablo Mieres Pablo Mieres
La apertura y bienvenida a los inmigrantes
Álvaro Guerrero (*) Álvaro Guerrero (*)
La pospolítica y el pos Uruguay ¿que se viene?
Héctor Musto Héctor Musto
Polemizando, nuevamente, con los Navegantes
Carls Wuhl Carls Wuhl
Y una vez más un cuadro de dadores de lecciones
Roberto Sansón Mizrahi Roberto Sansón Mizrahi
De la concentración de la riqueza y el poder decisional a democracias plenas
José W. Legaspi José W. Legaspi
Navegantes: Democráticos, libres, y de izquierda
Roberto Cyjon Roberto Cyjon
Preguntas a Roger Waters
Dr Guillermo Chiribao Dr Guillermo Chiribao
Interpretación libre o dirigida de un afiche
Jaime Igorra Jaime Igorra
Sistema Nacional de Inteligencia del Estado (SNIE)
Enrique Gerschuni Enrique Gerschuni
Brasil y nosotros
Jaime Secco Jaime Secco
Complicar la democracia
Michael Añasco Michael Añasco
IbnKhaldun y los 7.000. príncipesárabes
Ana Rosengurtt Ana Rosengurtt
Expropiación de los derechos humanos en el uruguay del siglo XXI
José Pablo Franzini Batlle José Pablo Franzini Batlle
Brasil. Gracias Artigas
Daniel Vidart Daniel Vidart
Prohibición del café
Jorge Balseiro Savio Jorge Balseiro Savio
Crónica de un fracaso anunciado.
Gerard Cretenze Gerard Cretenze
¿Con qué parte del cuerpo está votando Brasil?
Pablo Cúneo Pablo Cúneo
Los Mismos Cerdos de Siempre
Roberto Domínguez Roberto Domínguez
Esperando a Kusturica: “El Pepe, una vida suprema”
José López Mazz José López Mazz
La arqueología una ciencia jóven
Juan Raúl Ferreira Juan Raúl Ferreira
Romero, Amielio y Jair. Uno a Uno.
Jorge Jauri Jorge Jauri
“Navegantes”, la libertad para otra política
Juan Pedro Ribas Juan Pedro Ribas
Que tienen los pobres en la cabeza Uruguay
Fernando López D’Alesandro Fernando López D’Alesandro
Cuando el socialismo uruguayo estaba entre López Rega y Videla
Milton A. Ramírez Milton A. Ramírez
Lacalle Pou es el candidato ideal
Dr. Federico Arregui Dr. Federico Arregui
Haddad, Bolsonaro y el futuro de Latam y el mundo
Jorge Ángel Pérez Jorge Ángel Pérez
Alcoholismo en Cuba
Adriana Marrero Adriana Marrero
El Brasil autoritario: cinco votos y cómo explicarlos
Daniel Feldman Daniel Feldman
Salgo a caminar y desconfío del prójimo
Ismael Blanco Ismael Blanco
La insoportable levedad de los inútiles
Juan Santini Juan Santini
Tabaré: No la embarres
Edmundo Roselli Edmundo Roselli
Urge que Uruguay defina su posición sobre Venezuela
Mónica Xavier Mónica Xavier
La histórica e impostergable reforma de la ley orgánica militar
Enrique Canon Enrique Canon
Cuidado, no caigas
Daniel Mordecki Daniel Mordecki
Sobre las encuestas basadas en avisos de Facebook II
Lic. Sebastian Hagobian Lopez Lic. Sebastian Hagobian Lopez
Uruguay, mirado desde el mundo
Hebert Abimorad Hebert Abimorad
La maradonización de Argentina o viceversa
Carlos Pérez Carlos Pérez
A propósito del borrador del Programa del Frente Amplio
Juan Pedro Ciganda Juan Pedro Ciganda
Si estás desorientado y no sabés…
Alberto Rodríguez Genta Alberto Rodríguez Genta
No llores por mi Argentina… que yo lloro por ti!
Eduardo Vaz Eduardo Vaz
AUF y Frente Amplio
José Antonio Vera José Antonio Vera
Paraguay: estado cloacal
más columnistas



 
banner cablevision 300 x 138
banner argentino hotel 300 x 138
Te encuentras en: Inicio | Secciones | Cultura

IN LIMINE / ENTREVISTA

Aldo Mazzucchelli: “A la gente se le está dando un mundo táctico. Resolvé el problema”

07.03.2016

MONTEVIDEO (Uypress / Daniel Feldman) – Limitar el campo, bifurcaciones, oralidad, escritura. Así vistas parecen palabras sueltas que poco pueden aportar a la reflexión. Sin embargo, en la charla con Aldo Mazzucchelli, profesor titular de Literatura Latinoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias, la trama se va armando, y podemos dar paso a una narración donde ningún tema (literatura, educación, política, comunicación) permanece ajeno. In limine entonces con él.

En general estamos preparados para escuchar al economista hablar de economía, al filósofo de filosofía, al biólogo de biología y al político de todo o casi todo, en general sin profundizar mucho en ninguno de los temas. La idea a partir de hoy es tratar de aventurarnos en la reflexión intelectual a partir del diálogo con exponentes de los diferentes ámbitos de la creación, tratando de escapar de los límites que nos impone cada disciplina, buscando las intersecciones y tratando de mirar un poco más allá.

Es así que comenzamos con Aldo Mazzucchelli. Confiesa 54 años recién cumplidos y ser un nacionalófilo bastante adicto. Es escritor, y ha publicado ensayo y poesía. Entre los primeros destaca su trabajo sobre Herrera y Reissig y su tiempo, La mejor de las fieras humanas, publicada por Taurus en 2010 y reeditada por Punto de Lectura en 2011, con el que obtuvo el Premio Bartolomé Hidalgo en 2010. Su poesía ha sido traducida al inglés, portugués y sueco, y publicada en Estados Unidos, México, Suecia, Portugal y Brasil. En 2015 se editó una selección de su obra, incluyendo inéditos, bajo el título Retahíla (Estuario). Desde 2012 publica sus ensayos como parte del espacio Interruptor de H Henciclopedia. Es PhD en Letras por Stanford University y ha sido profesor de Brown University (2007-2013). Actualmente es el Profesor Titular (grado 5) de Literatura Latinoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de la República. Es investigador asociado en la Facultad de Comunicación y Diseño, Universidad ORT Uruguay, e Investigador Categoría II (Agencia Nacional de Investigación e Innovación -Sistema Nacional de Investigadores).

 

 

Estuviste diez años residiendo en Estados Unidos, haciendo tu doctorado y luego trabajando allá. ¿Qué te llevó a retornar a Uruguay?

Días atrás conversaba con un colega que hizo una experiencia similar a la mía, de residencia de varios años en Estados Unidos, y más o menos de la misma edad; ambos ya pasamos los 50 años. Es algo a veces difícil de explicar, pero que tiene que ver con el contenido más específico del trabajo que uno hace. Yo sentía que mi lugar estaba acá. Por más que tuviese un lugar formal allá, en una universidad prestigiosa como Brown, se tiene la sensación como que se está de prestado. La agenda de ellos, las discusiones, los ámbitos, los temas que son más de recibo, no son los míos. Yo no tengo la visión de América Latina que tiene la academia norteamericana, en el sentido de cómo priorizan los temas, qué perspectivas toman respecto al continente. Ellos tienden a poner mucho énfasis -desde un ángulo muy estrecho en mi opinión- en la conexión entre lo social y lo literario. La literatura parecería tener una conexión solo con determinadas formas de transformación del continente -una agenda bastante norteamericana, en cierto modo-, y a su vez se carga mucho de sociología, politología.

Pero esa visión, ¿no coincide con la de muchos sectores intelectuales de América Latina?

Ahora sí. Creo que uno de los factores fundamentales en eso es la influencia de Estados Unidos. Muchos de nosotros hemos estudiado en la Universidad y hemos ido para allá a continuar la formación. Eso se da hace ya bastantes generaciones. También se siente en Europa, aunque resiste un poco más. Muchas veces tienen una agenda bastante similar, donde lo único que importa es lo minoritario, la lucha étnica o de género, etc. Eso por un lado. Por otro lado, la academia norteamericana tiene una visión muy parcial de América Latina. Por ejemplo, están los denominados Centers for Latin American Studies (Centros para Estudios Latinoamericanos), instituciones creadas en la década de 1960 a partir de un artículo de la ley presupuestal, ya que el Departamento de Estado había definido que no tenía suficientes expertos en las culturas de los países que conformaban lo que sería la tercera posición. Creo que en muchos casos la idea era generar cuadros para poder tener una influencia política en esos lugares, y para ello aprobaron una cantidad de fondos a los cuales postularon las grandes universidades (Harvard, Stanford, etc.) y fueron fundando estos "Centers for", destinados a estudios sobre India, Latinoamérica, etc., con el propósito de impulsar el estudio de las lenguas y las culturas estas regiones. Tuve bastante contacto con el Center for Latin American Studies de Brown, sobre todo, y su agenda era prácticamente Chávez, Evo Morales, un poco de Nicaragua...

¿Era algo como ver la anécdota del proceso?

No; estoy seguro que en Uruguay hay mucha gente que está de acuerdo y piensa que eso es lo interesante en América Latina.

¿No lo compartís?

Me parece que no hoy; creo que eso estrechaba mucho el enfoque posible de lo literario, lo artístico.

¿Existe entonces una especie de designio maldito y Estados Unidos desarrolla todo eso para aumentar su influencia, o hay un interés real en meterse a fondo en el estudio de los problemas?

No sé, cualquier teoría conspirativa sería muy difícil de entender. Esto que te refiero sobre el origen de los fondos es así. No es que haya pasado una vez, porque enseguida estos Centers for Latin American Studies fueron ocupados por la "inteligencia" de izquierda norteamericana. Imaginate que estamos en la década de 1960: guerra de Vietnam, pleno contexto de "guerra fría". Y sin embargo, ese aporte de fondos que provenía del Gobierno nunca cesó. Todo lo contrario; hasta el día de hoy, buena parte de esos fondos son federales. Si uno ve esa conexión económica, se piensa que hay un interés de Estados Unidos en desarrollar esta agenda, que no será la única. Esto que te digo, en literatura es un poco marginal. Lo central, donde tiene más impacto, es el estudio social. Yo te diría que una gran parte de la agenda de derechos, la política de minorías -que es una cara de la globalización- está fuertemente apalancada desde los Estados Unidos. A través de la academia y los académicos.  La academia es una gran generadora de recursos humanos, que luego van a los organismos internacionales, a la Suprema Corte, etc., donde finalmente esa agenda se va imponiendo y va moldeando el mundo.

Recién mencionabas el tema: ¿sos pro o anti globalización? ¿Ni tanto ni tan poco? Hoy, es uno de los grandes temas en debate.

Globalización es un término muy amplio, con muchas facetas. Creo que los aspectos económicos de la globalización han contribuido a una concentración descomunal de poder en muy pocas manos. El proceso mundial de concentración del dinero ha aumentado muchísimo en las últimas décadas. Hay datos recientes que son espeluznantes en lo que hace a la consolidación de grupos. Eso es un aspecto de la globalización, además con su contraparte que tiene que ver con la división del trabajo. El outsourcing se ha extendido y genera una gran desigualdad a nivel mundial. Todo esto me parece muy problemático, sobre todo desde el punto de vista de la posibilidad de la política, por lo que te decía de la concentración del dinero y el poder. A nivel de las naciones, tiene un efecto negativo respecto de la calidad de la discusión política. Las discusiones tienen que ver cada vez menos con lo que pasa en los lugares. Los gobiernos locales realmente están muy limitados en su capacidad de decisión respecto de muchos asuntos, muy condicionados por esos otros poderes que son transnacionales, multinacionales, etc. Entonces, creo que eso ejerce un efecto negativo en la política, y que en la población se manifiesta como desánimo. ¿Qué puedo hacer? ¿Cuál es la incidencia real de cualquier discusión que se pueda tener a nivel de base si realmente hay una mediación de una mediación de una mediación antes de llegar al lugar donde realmente se va a decidir? Conclusión: creo que la globalización es mala para la política. En el sentido humano, de que los ciudadanos puedan tener influencia en una decisión. Eso además tiene otro efecto, y es que la retórica va tomando todo el campo de la política.

La retórica siempre fue parte de la política.

Sí, pero supuestamente se entendía como una técnica para hacer avanzar una opinión, para ser más elocuente y lograr convencer respecto de asuntos que eran más o menos constatables por parte e los ciudadanos y más o menos alcanzables en términos de su complejidad y posibilidad de decidir. Hoy, los asuntos son hipercomplejos y muy lejanos. Entonces, la espectacularización de la política ocupa prácticamente todo el lugar que antes cabía a la discusión de asuntos. Se discute más acerca de imagen, posicionamiento, anécdotas que tienen que ver más con la simpatía o cómo cayó una declaración; o si se está de acuerdo con un código -que es bastante pelotudo- de lo políticamente correcto. Pero atrás de eso es donde están pasando las cosas.

¿No te parece que con el avance de los medios de comunicación y la globalización hay también un avance en la democratización?

Creo que no. Hay un avance de la expresión.

Entonces, ¿la gente se expresa pero cada vez decide menos?

Exacto. Eso es lo que yo creo. Los lugares de decisión se van alejando de la política tal como fue diseñada en la modernidad, con sus instituciones representativas. Tomemos el ejemplo de las repúblicas democráticas, e incluso también el mundo socialista previo a 1989, donde había ciertas formas de participación o mediación. Todo el proceso ha caminado en el sentido de alejar la decisión de los lugares en donde está la gente. Ojo, cuando digo los lugares, capaz que me refiero a una metáfora espacial que en realidad no corresponde. No son los lugares, es la complejidad la que se volvió inasible. El grado de mediatez en el cual están los asuntos y las decisiones respecto de la agenda de la gente normal, los que estamos en la calle, es muy grande. El sistema entero está un poco herido. Sigue funcionando porque existe una inercia y una espectacularización que lo hace funcionar a través de los medios. Creo que mucha gente se ha dado cuenta de que hay algo de farsa en el "acuerdo" tal cual está diseñado. ¿Dónde está el poder -sobre todo el económico-  y cómo ha afectado la vida de todos nosotros? Ese para mí es uno de los asuntos centrales y que sirve para orientar a los demás. Después hay otros aspectos, que son los que más se ven de la globalización.

¿Por ejemplo?

Uno de ellos es el cambio en los medios de comunicación y el efecto que ha tenido de aldea global, de acercar a la gente. Hay un cambio tecnológico que se impuso, se expandió por toda la tierra; hoy estamos todos conectados en tiempo real y vamos a estar aún más conectados. La tecnología camina en la dirección de más eficiencia en la comunicación. Cada vez se escribe menos y avanza la oralidad, el espacio se vuelve más chico. Eso tiene muchos efectos, que a esta altura están más claros que hace diez años.

¿Cuáles?

El que todos estemos en contacto y participando genera la tentación de la expresión de la opinión. Por otro lado, hay varios cambios que atañen a la definición que teníamos en la modernidad de sujeto. Por ejemplo, el anonimato es un cambio muy importante. Cualquiera de nosotros puede escribir atrás de un seudónimo, de manera anónima o creando una personalidad falsa. Las opiniones, en ese caso, no están ligadas con la persona física ni civil del que las emite. Puede tener varias lecturas. Alguien puede decir que eso aumenta la libertad del que opina; no es responsable de sus opiniones y puede animarse a hacer una crítica sin tener miedo. Eso es verdad, es uno de los componentes. Pero hay otro componente, y tiene que ver con la responsabilidad social. Se puede opinar sin tener ninguna responsabilidad respecto de la opinión. Eso genera un efecto de rebote en el sujeto que vive así, opinando sin responsabilidad. Se incrementa la sensación de que la opinión no tiene nada que ver con sus consecuencias. En cierto modo, eso es lo contrario del comportamiento de asamblea, donde hay que dar la cara, el cuerpo y bancar. Se genera una cierta relación de la palabra con el mundo. En la red, en muchos caos esa relación puede no estar. En lo que me atañe, cuando uso la red, que lo hago bastante, siempre trato de firmar, que se sepa que soy yo el que habla. No porque sea importante que sea yo, sino porque me parece que hay una posibilidad de usar las redes manteniendo también la idea de sujeto.

Viene a ser algo como hacerse cargo de lo que uno dice.

Exacto.

Hacías referencia al aumento de la oralidad, a que se está dejando de escribir, más allá de que a veces se escriba y mucho en las redes...

Eso no es lo mismo que escribir.

A eso iba. Escribir tiene una exigencia de estudio, análisis y formalización sobre lo que uno quiere expresar.

Efectivamente. He escrito sobre eso y para mí es un tema central. Está ligado con la discusión educativa. Sin duda estamos volviéndonos una sociedad menos escrita. Durante 2.500 años hemos sida una cultura escrita. Si la sociedad simplemente pudiera prescindir de la escritura y listo, no habría problema. No hay por qué enamorarse de la escritura per se. El problema es que la escritura no es completamente suplantable por la oralidad. Además, para que este mundo que tenemos funcione -este mundo que puede gustarnos o no, científico, tecnológico, legal- la escritura es fundamental. No se puede hacer nada de eso sin manejar códigos complejos, sin escribir, sin discutir a distancia, sin contrastar, sin que haya avance histórico, es decir que unas cosas se apoyen en las anteriores. Las cosas se comunican por escrito y muchas veces se prueban y demuestran por esa vía. El mundo, en sus cimientos, sigue funcionando en relación con la escritura. Sin embargo, la población cada vez menos funciona en relación con ella. Se puede decir que se lee mucho más que nunca, porque en Internet está casi todo por escrito. Es cierto. Pero un porcentaje abrumador de ello son pequeños textos, que yo definiría como grabaciones de la oralidad. Es como si en lugar de decirte "te espero a la seis en el cine", te lo escribo en un mensaje de texto. Eso no es escribir. Cuando me refiero a la escritura lo hago sobre un manejo más complejo de códigos. Y algo de lo que no me quiero olvidar: nosotros somos seres narrativos. Una parte de lo que nosotros llamamos "hacer", es contar historias. ¿Qué quiere decir? Crear una secuencia de lenguaje -que no tiene por qué ser escrita- y que tiene una virtud: es un pequeño mundo en sí mismo que funciona como una apertura del mundo más general. Da un punto de vista, una explicación, pero sobre todo crea una esfera coherente en la narración. Por eso es muy fácil que uno diga que una novela es un mundo; no solamente genera una interacción de personajes sino que a través de esa interacción se genera una metáfora de muchísimas relaciones humanas, experiencias y demás. El hombre se ha entendido a sí mismo de esa manera. La historia es narrativa; la filosofía también; la literatura, ni que hablar; la política ha sido fuertemente narrativa. Eso es una de las cosas que los seres humanos sabemos hacer con el lenguaje. Bien. ¿Qué pasa con Internet?

¿Qué pasa?

Se ha configurado en base a un formato que se apoya en el hipertexto. Ese formato, en algún punto importante, es lo contrario de lo narrativo. Una narración tiene que limitar el campo. Obviamente que se puede analizar en términos de bifurcaciones: el protagonista llega a la esquina, ¿dobla a la izquierda o a la derecha? Y ahora le habla a la mujer. La otra opción, que es no hablarle a la mujer, no se tomó y queda muerta para siempre. En la narración nosotros vamos limitando nuestras opciones para generar ese mundo que está basado, precisamente, en una estrategia de limitación. La narración le pide a ella misma algunas cosas, y le impide otras. Es una experiencia muy común, relatada muchas veces por escritores, que dicen "el personaje me pidió que lo matara". La idea que la narración pide algunas cosas. ¿Por qué? Porque tiene una lógica que se va creando por sí misma, y el buen escritor sabe ser sensible a esa lógica.

¿Qué pasa entonces con el hipertexto?

Es lo contrario. Vamos a una bifurcación, tomamos por un lado pero podíamos haber tomado por otro. No hay una limitación, sino una expansión continua. Es una experiencia común que empezás leyendo sobre el mosquito Aedes aegypti y terminás leyendo sobre el rey de Prusia. Esto puede ser engañoso. La gente que viene de una cultura con estructuras narrativas, en donde los problemas tienen una forma, logra navegar en la red siguiendo su propia narrativa. Por ejemplo, yo sé buscar en Internet, pero porque tengo una cantidad de estructuras narrativas. Pero eso me lo enseñaron, es un mundo que aprendí. No es algo natural ni se da por sí solo. Pero ¿qué pasa si a una generación, y luego a otra y a otra no le enseñó ninguna estructura narrativa? No hay historia, no hay filosofía, los problemas no tienen una estructura, no hay una lógica concatenada de un pasado que trajo un presente, sino lo que hay es resolución de problemas, destrezas y libre navegación. ¿Por qué esperar que una persona que es así lanzada al océano de la red vaya a encontrar la estructura del problema? No lo va a hacer. De hecho, la experiencia muestra que no la encuentra. Entonces, volviendo al principio, con el tema de la escritura veo el problema de la narración, y con ello, ver el mundo más allá de lo táctico. Es una cuestión central de la globalización. A la gente se le está dando un mundo táctico. Resolvé el problema. En el paradigma educativo actual hay un modelo que apunta a eliminar las asignaturas y trabajar sobre la resolución de problemas. Se pone un problema y el mismo se puede resolver a partir de la biología, la física, la química, la economía, la política, etc. Eso da por sentado que alguien sabe pensar en términos históricos, filosóficos, etc., y por tanto va a llegar a una buena solución. Pero si se entra desde afuera de esas capacidades de pensar que vienen dadas por la historia anterior, se termina, a lo sumo, entendiendo tácticamente los problemas. Nunca se va a dar el salto de entender cabalmente por qué se generó el problema. Y atento: esto que estoy diciendo de tomar un problema globalmente sería un gran avance si se hiciera, pero en general no se hace. Ese es el summum de la propuesta educativa actual. Para implementarlo, precisaríamos profesores que tuviesen un conocimiento secuencial histórico de los problemas para poder darle contexto. En la medida que no lo enseñemos, no lo vamos a tener.

Prevalece la tendencia a la superespecialización y el abordaje parcial de los temas.

Es parte de lo mismo; el paisaje de la red es superespecializado. Eso tiene que ver con una tendencia de la modernidad tardía, que es la racionalización. Los problemas hay que partirlos en sus componentes, analizarlos objetivamente, si es posible numéricamente, y operar sobre esos números. Eso ha dado una gran centralidad a profesiones basadas en la estadística.

En general nos encantan los números. El 30% de esto, el 87% de aquello...

Es que los números tienen la claridad de lo concreto. Es algo a lo que todo el mundo es sensible. Sin embargo, quienes están más arriba en la pirámide saben perfectamente estas cosas que estamos discutiendo y tienen un conocimiento mucho más complejo del mundo que el que estamos ofreciendo en la educación en general. No es una casualidad que la educación sea como es, y nadie de los que pueden quiere realmente cambiarla; si quisieran la cambiarían.

¿Estaríamos caminando hacia una consolidación de élites?

Y sí, finalmente sí.

¿Qué pasa en nuestro país?

Creo que Uruguay está asumiendo un rol que es muy triste, muy periférico en el conjunto del orden mundial, por decirlo de alguna manera. En los hechos abandonó completamente el proyecto de tener una serie de independencias, aunque fueran las mínimas posibles, y funciona muy en una lógica periférica. Estamos generando, en mayor medida, mano de obra poco calificada. Los proyectos de desarrollo que se han consolidado -no estoy haciendo referencia a intencionalidades- son proyectos de producción que tienen muy escaso requerimiento de calificación. Tenemos carne, madera, soja, donde pequeños grupos técnicos pueden dirigir, y sigue habiendo una expulsión más o menos sistemática de la gente con más talento, que si vuelve se torna difícil aprovechar su formación, no ya en proyectos nacionales, ya que es casi imposible hablar de ello, pero por lo menos regionales.

¿Es viable armar proyectos regionales?

Sería interesante. Uruguay podría conformar una suerte de unidad productiva con Brasil, Argentina, Chile y quizás Paraguay,  por ejemplo. Armar algo donde los intereses de la región fueran explícitamente defendidos. Pero eso tampoco se hace. Estamos peleándonos por boludeces con Argentina, esperando que Brasil nos conceda una reunión, etc. Entiendo que hay una cierta integración en el plano más económico, eso ha ocurrido. Pero creo que algo que no nos hace bien: se hace una lectura muy adversativa de las relaciones con nuestros vecinos y la región. Siempre se está viendo el intento de extinguir al Uruguay, de pelearse, separarse. El fútbol es una terrible metáfora de ello. Pero ahí sí funciona, creo que es la única cosa que funciona nacionalmente a escala global.

Y hasta cierto punto.

Sí. Por lo menos todavía tenemos selecciones nacionales donde compite la gente nacida en el país. Es lo único que funciona como una metáfora de nación en un mundo que se ha vuelto transnacional casi en su totalidad. Por ejemplo, ¿por qué no cambiar la agenda? ¿Cuál es el problema de la educación uruguaya? No hay ningún problema de la educación uruguaya. El problema es el de la educación global.

Daría la sensación que se va imponiendo una preponderancia de las denominadas ciencias duras, y las humanidades están siendo relegadas. Desde ciertos estamentos de poder parecería hasta que están mal vistas.

Acabo de terminar un libro sobre eso, que es una compilación de artículos de discusión sobre el problema contemporáneo de las humanidades. ¿Qué son, qué lugar ocupan en el imaginario y qué lugar ocupan en el presupuesto? Serían un insumo decisivo para poder darle a la educación en general un carácter que vaya más allá de lo instrumental, de lo meramente táctico, como decíamos más arriba. Pero claramente no hay interés de que ello suceda. Las humanidades se toleran, resisten gracias a que existe una tradición y hasta por una cuestión casi corporativa, diría yo, se ha logrado generar una inercia institucional que hace que se mantengan. Pero esa inercia genera cada vez más ruido en el resto del discurso, que no va en esa dirección. Ni a nivel global ni a nivel local. A la gente le puede interesar que haya humanidades buenas en centros de élite donde se va a formar la élite del mundo. Creo que la prioridad es generar gente que sea operativa.

Hace un rato te refrías a los grandes cambios en los medios de comunicación. Están los que sostienen las teorías de las grandes conspiraciones y que los medios son los responsables, por ejemplo, de que triunfe Macri en Argentina. ¿Cómo ves eso?

Los medios no son responsables. No creo que haya una gran diferencia entre que haya triunfado Macri u otro.

Mi pregunta no apuntaba a eso.

Ya sé, pero creo que es importante ubicar el problema en dónde está. Los problemas que creo que tienen incidencia en nuestra vida son mucho más globales y controlados desde mucho más lejos. Si hay alguna conspiración, no es en Argentina. Esto no es personalizable. No creo que haya un grupo de superpoderosos que se reúna, y si lo hubiera, no importaría. No hay dudas que el gran capital está concentrado en pocas manos, esa gente se conoce y discute cosas. Eso sería tonto no verlo. Hay una agenda global, que me parece bastante boba, que tiene que ver con qué es lo que tenemos que valorar y qué no, y cómo tenemos que usar el tiempo -esto es algo central-, donde los medios tienen muchísimo que decir. Si yo genero una gigantesca industria del entretenimiento, que va desde las películas hasta los videojuegos, pasando por la industria del deporte, y palanqueo eso de una manera descomunal con dinero, que es lo que ocurre, ello tiene sus efectos. ¿En qué usás el tiempo? No pretendo que todo el mundo se pase leyendo a Platón, pero hay una cantidad de gente, sobre todo adolescentes, que usa una cantidad enorme de tiempo en entretenimiento, en algo que no sabés qué dejó al final, además de una especie de adicción. Posiblemente tengan capacidades perceptivas y motrices mayores a las de generaciones anteriores. Pero parecería que muchas veces no se es consciente del uso del tiempo. La vida pasa, y a veces da la sensación de que lo que queda es ese desánimo de hundirse en el entretenimiento.

Hablemos un poco de literatura, que es tu especialidad y es de donde partimos. ¿Se puede hablar de una producción literaria latinoamericana?

Sí. La literatura es una práctica cultural, que es histórica, y por lo tanto se la puede entender de muchas formas. Si se la quiere entender ahistóricamente, es decir, relacionarse con ella como quien se relaciona con un texto que le gusta o no le gusta, sin querer saber nada más, estamos en el paraíso. Hay más producción que nunca y está más a disposición que nunca. Ese fenómeno de expresión a que referíamos antes también toca a la literatura. Ahora la publicación es prácticamente instantánea, no hay tantos filtros. Es muy fácil publicar de manera digital. Frente a este nuevo escenario que generaron los nuevos medios hace ya décadas, reaccionó la industria editorial también. ¿Cómo? Por un lado, concentrándose, más allá de que esto no quiera decir mucho, porque dentro de esa concentración formal hay una gran diversidad. Pero, es claro que hay una parte de la literatura que es negocio, y es una parte grande. Diría además que es la parte que el consumidor normal de literatura conoce. Ese ciudadano, que también consume cine u otras cosas culturales va a tener noticia, en general y salvo que ahonde en el asunto, básicamente de estos sellos y autores, que forman parte del negocio. Dentro de ellos, hay una miríada de calidades y posibilidades. Hay autores muy malos realmente, muchos, que obtienen su estatus comercial porque le repiten a la gente el discurso que ya conoce y quiere oír. Le vuelven a decir lo mismo que ya saben, y ese juego casi infantil de reiteración es muy atractivo comercialmente. Dentro de ese mar, hay algunos autores que logran instalarse y generar una literatura con un poco más de desafío. Pero creo que, como siempre, la buena literatura es emergente y está en una relación de tensión con el mundo comercial. Sobre todo me estoy refiriendo a la ficción. Pero, en todos lados se han ido generando editoriales más chicas, que tienen más capacidad y libertad para buscar calidad. Tienen una política mixta: por un lado, publican cosas que les interesan, y las financias con muchas otras publicaciones que son de autor. Aunque aparezcan bajo el sello, la editorial le cobró al autor. Por ejemplo, en Argentina hay muchas, que son un verdadero milagro. Se traduce bastante, sobre todo ensayística buena. También hay un hecho y es que mucha gente lee inglés u otra lengua, y tenemos una tendencia a consumir en el idioma original. En ese sentido, la educación aumentó el carácter políglota de la población, y la exposición a medios que transmiten en otros idiomas generan un acostumbramiento del oído, y sin darse cuenta uno va aprendiendo. Pero hay otra discusión.

¿Cuál?

Tiene que ver con qué se puede escribir, cuál es el estatus de la ficción. Lo mismo que le pasa a otras formas artísticas, como el cine o la pintura, existe una suerte de sobresaturación de producción, que genera una cierta imposibilidad de que funcione el mecanismo antiguo, histórico, de decir esto es mejor que lo anterior, es superior, un avance. Hay también un tema que es complicado, y refiere a qué es lo que se puede modelar en términos de que sea novedoso para alguien que tenga la cantidad de información a la que hemos accedido de golpe. Uno de los fenómenos de la nueva comunicación tiene que ver con la cantidad de la información que se recibe. La humanidad no sabía cuánto podía procesar un cerebro individual, pero realmente ara mucho más de lo que estábamos acostumbrados. Me pasa, y veo que a otra gente también, que el estatuto de lo ficcional ha perdido un poco de interés. En la literatura, como yo la entiendo, a través del lenguaje uno logra descubrir universos que no conocía cuando empezó a escribir. Eso que uno empezó a escribir se revela a través de la vida del lenguaje, y el buen escritor es un buen médium, tiene que lograr salirse del medio para que eso se manifieste. Eso es lo que entiendo por literatura en general; sea narrativa, poesía, como incluso ensayo. Eso es un hilo dentro de miles de posibilidades de comunicación. Se ha borroneado muchísimo el panorama de la comunicación escrita y la literatura. Leemos textos de todo tipo y todo el tiempo. Y esos textos de todo tipo toman parte de lo literario, pero los proyectos estrictamente literarios tienen que pelear para mantenerse distinguibles respecto de las demás cosas. Las grandes editoriales no ayudan a eso. Formatean de una manera muy simplista. Hay poca literatura dentro de las grandes editoriales. Los proyectos ya no son que el texto se revele a sí mismo y revele lo que él quiere, sino cumplir con algo que tiene su tema definido antes de empezar a escribir. El tema preexistiría al libro, y eso es un problema. No es problema para el libro o para la comunicación, pero sí para la literatura.

 

 





MVDCMS  Volver arriba    |    Contacto: uypress@uypress.net