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Promesas rotas

Pablo Mieres

12.08.2018

Uno de los principales atributos que contribuyen a generar o perder confianza en los políticos es el cumplimiento de las promesas. Cuando estas promesas las realiza un candidato presidencial y luego las ratifica cuando accede al gobierno, ya como presidente, estas promesas adquieren un mayor valor desde el punto de vista de las expectativas ciudadanas.

Es por ello que la contundencia con la que el presidente Tabaré Vázquez ratificó una serie de promesas electorales cuando inició su mandato aumenta el valor de analizar hasta qué punto se han incumplido.

Por eso es particularmente serio tomar nota de que, cuando sólo queda apenas un año y medio de gobierno, las principales promesas referidas a la economía, la seguridad y la educación han quedado por el camino.

El presidente prometió crear un sistema integrado de educación básica que implicaba establecer un continuo institucional desde Preescolar hasta finalizar la Educación Media Básica. Nada de ello ni siquiera se ha comenzado a instrumentar. Por el contrario, la estructura feudal dividida en diferentes subsistemas sigue siendo el modelo institucional de la educación uruguaya.

Por otra parte, el presidente prometió que al finalizar su mandato el 100% de los estudiantes habrían culminado el Ciclo Básico. A dos años de culminar su mandato, la información del INEED señalaba que la tasa de egreso del Ciclo Básico a la edad correspondiente era de 61% y si extendíamos el criterio a los jóvenes de 18 a 20 años apenas subía al 71%. Lejísimos de la meta planteada.

A su vez, el presidente también prometió que al finalizar su mandato el 100% de los estudiantes de 17 años estarían dentro del sistema educativo. Sin embargo, a dos años de finalizar el período de gobierno, sólo estaban en el sistema educativo el 76% de los jóvenes de 17 años. Ni siquiera parece alcanzable esta meta para los jóvenes de 16 años (84%) y tampoco parece lograrse para los de 15 años (90%), lo que constituye un grave e impactante fracaso.

Tampoco se cumplió con la promesa de generar un marco curricular común. Sólo se ha avanzado en un denominado marco curricular de referencia que no tiene obligatoriedad y que ratifica la falta de una visión integrada del proceso educativo.

La universalización del preescolar para tres años tampoco es una promesa que se cumplirá, de hecho la ANEP bajó sus expectativas hace tiempo señalando que buscará alcanzar el 86%, pero al momento no se ha llegado al 80%.

Finalmente, en materia presupuestal, el gobierno manifestó que buscaría tender al 6% del PBI para la educación. Y, si bien se cubrió señalando que se había prometido tender al 6% y no cumplir con el 6%, lo cierto es que, en estos momentos, más allá de todas las operaciones que se hagan para incluir en el rubro educación diferentes actividades muy discutibles, lo cierto es que apenas se superará el 5%. Más cerca del 4,5% alcanzado antes de comenzar el gobierno que del 6% indicado.

O sea que las promesas educativas están muy lejos de cumplirse y se puede concluir que al finalizar este gobierno, quedarán incumplidas con las gravísimas consecuencias que se derivan de tal fracaso.

Ni hablar del famoso asunto de cambiar el ADN de la educación. No debe haber un gobierno más inerte e incapaz de promover un cambio educativo que el que ha gobernado la educación en estos años.

Pero, en materia económica las cosas no son mejores.

Ni la meta inflacionaria ni la magnitud del déficit fiscal prometidos se han cumplido.

El presidente manifestó que la inflación se ubicaría en el eje del rango meta que se estableció entre el 3 y 7%, es decir en torno al 5%. Sin embargo, después de haber estado durante unos meses en el eje del rango meta, desde hace un tiempo la inflación ha ido aumentando y en las últimas mediciones ha superado el 8% y todo indica que las cifras de inflación no se reducirán en el corto plazo.

Ni hablar de la meta de reducción del déficit fiscal que fue establecida en el 2.5% del PBI. No sólo el gobierno no ha logrado disminuir la cifra inicial del 3.5% con la que comenzó este gobierno, que ya es muy preocupante, sino que en estos momentos, a pesar de los sucesivos mini ajustes fiscales aplicados, el déficit se ubica en el 4%, lo que constituye una de las amenazas más serias para la economía en los próximos tiempos.

Por otra parte, el gobierno no ha implementado ninguna medida con la finalidad de contener el gasto público. Sólo ha trabajado en el aumento de las cargas tributarias y las tarifas públicas como forma de evitar, sin éxito, el crecimiento del gasto.

Tampoco han cumplido con las metas de crecimiento que anunciaron en el proyecto de presupuesto nacional de 2015. No erraron por poco, se equivocaron por el doble. En 2015 anunciaron que la economía crecería casi 15 puntos en el quinquenio y al año siguiente redujeron las expectativas a la mitad.

Pero, además, lejos de avanzar en competitividad, por el contrario, la situación de nuestro aparato productivo muestra una de las mayores crisis de competitividad de las últimas décadas. De modo que también existe un rotundo fracaso en la promesa de mejorar la competitividad.

O sea que en materia económica tampoco se han cumplido las promesas del presidente.

Finalmente, qué decir de la inseguridad.

Categóricamente el presidente nos dijo que rapiñas y hurtos se reducirían en un 30% al finalizar su período de gobierno. Pues bien, las últimas cifras indican que las rapiñas se han incrementado en más del 50% en el primer semestre de 2018 y los homicidios se incrementaron en el mismo período en más del 60% con respecto al último año. Con estos números, las rapiñas registradas este año equivalen al doble del número que se debería alcanzar para cumplir con la promesa.

Pero más allá de la promesa incumplida, la situación de inseguridad ha alcanzado niveles inéditos en nuestra historia, llegando a un pico horrendo de incremento de la criminalidad.

En fin, promesas rotas en todos los campos principales de nuestra vida en sociedad.

O sea que el Dr. Vázquez finalizará su mandato sin cumplir la mayor parte de las principales promesas de campaña. Esperamos que la ciudadanía tome efectiva nota de esta defraudación de la confianza depositada en este partido y su gobierno. Es bueno, evaluar los resultados a la luz de lo que se prometió y no dejar que aquellas palabras se olviden en la amnesia y el vértigo de una campaña electoral.

Ante esta defraudación, el principal desafío es recuperar con hechos y conductas la confianza de los ciudadanos en la política y en los partidos. En eso estamos.



Pablo Mieres

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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