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Uruguay, mirado desde el mundo

Lic. Sebastian Hagobian Lopez

17.09.2018

Recientemente vivimos un interesante debate ocasionado por el informe “Dinámica del bienestar de las clases sociales en los últimos años” del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Pese a que el informe destacaba numerosos aciertos y resultados de la política de inclusión social del gobierno, medios de comunicación titularon poniendo el foco en las vulnerabilidades de forma alarmista, hecho que llevó a un cruce entre el mismísimo presidente del Frente Amplio Javier Miranda y medios de prensa escrita por el permanente foco periodístico en las malas noticias. Los medios manifiestan que las buenas noticias sobre la importante reducción de la pobreza son conocidas y merecen una menor difusión por reiteradas. Independientemente del debate del que se podrían escribir ríos de tinta, me parece importante profundizar y reflexionar sobre la perspectiva de la génesis de esta situación, que es nada más y menos que como es observado nuestro país desde el mundo. Principalmente desde la visión de organismos internacionales y prestigiosas instituciones se muestra que cuentan con una imparcialidad que carece por obvios motivos la oposición política de nuestro país y los grandes medios de comunicación.

Vivimos en un mundo donde la democracia como sistema se encuentra atravesando diversas dificultades, debido al crecimiento de actores y movimientos con fuertes postulados ultra conservadores y xenófobos con diferentes formas de autoritarismo manifestadas por parte de algunos gobiernos, incluso en nuestra región. Asimismo sufrimos la problemática de los Estados fallidos, que exponen a sus poblaciones a grandes vulnerabilidades tal como se ve fundamentalmente en el continente africano y la región de medio oriente. Cabe recordar que muchos de estos casos se generaron tras la intervención militar de la OTAN, que paradójicamente tenía como objetivo formal el combate de los regímenes autoritarios violadores de los DDHH, para otorgarle la democracia a domicilio como si se tratara de un delivery llevando la pizza, tal fue el caso de Afganistán, Irak y Libia entre otros.

Bajo este panorama mundial, nuestro país se encuentra ubicado en el primer lugar en América Latina y en los primeros veinte del mundo en derechos políticos y libertades civiles. A su vez, también somos destacados como el único país con democracia plena y el país menos corrupto de América Latina por Transparencia Internacional publicado por The Economist. Esto choca frontalmente con la estrategia de parte de referentes de la oposición que se encuentran intentando generar en la opinión pública la idea de que vivimos bajo una corrupción desenfrenada y en constante violación del Estado de Derecho y los valores republicanos, con falta de libertades, persecución a los medios de comunicación y censura a periodistas por entera responsabilidad de los gobiernos del Frente Amplio.

Mucho se habló de los favorables "vientos de cola" que tuvo el Frente Amplio producto de la alza en los precios internacionales de los productos que exportamos. Ese discurso queda desarmado al momento que la economía de nuestro país siguió creciendo con un escenario mundial negativo y la región sumergida en grandes dificultades. ¿Acaso no recordamos esa frase "Cuando Argentina estornuda, el Uruguay se refría"?, sin duda nuestro vecino estornudó, se refrió y atraviesa ahora una fuerte gripe, nadie puede negar el claro problema económico y social que sufre la Argentina de Macri, con un profundo endeudamiento, altos niveles de inflación, desempleo y una gran devaluación. A pesar de esto nuestro país no solo no se resfrió, sino que creció económicamente en forma sostenida como nunca antes en la historia, con una fuerte reducción de la pobreza que antes de asumir el Frente Amplio rondaba el 40% y ahora está a menos del 10%, donde la pobreza extrema no llega al 1%. La organización social Progress Imperative destacó a Uruguay, Chile y Costa Rica, entre los tres países latinoamericanos con mejor índice en progreso social, demostrando que el camino que se han trazado los gobiernos del Frente Amplio de crecimiento con distribución y equidad es la mejor manera de alcanzar el progreso social. Una referencia en la región como es la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), destaca a Uruguay como el país más igualitario de América Latina, basado en el índice de Gini, metodología utilizada para medir el nivel de desigualdad en los países, siendo cero "0" la ausencia total de desigualdad y uno "1" la máxima desigualdad, el promedio que registra la región es de 0,467 mientras que el de nuestro país se ubica en el 0,397. Otro dato de suma importancia es que el salario mínimo en el Uruguay es el más alto de la región.

Cuando observamos el mundo del trabajo, eslabón fundamental para el desarrollo humano y social, uno de los datos que fácilmente surge es que nos encontramos inmersos en una región donde la baja seguridad social y la informalidad son complejos problemas prácticamente estructurales en las sociedades latinoamericanas. Solo basta con una mirada al Brasil gobernado por Temer llevando adelante una de las reformas laborales que representan un gran retroceso para los trabajadores, en una búsqueda desenfrenada de atracción de inversión extranjera, bajando costos, usando como variable de ajuste a los trabajadores. A su vez, Paraguay otro de nuestros socios del MERCOSUR registra en su región del Chaco numerosos casos de "trabajo forzoso y servidumbre por deudas", señalado en el informe preliminar sobre esclavitud de la relatora especial Urmila Bhoola de Naciones Unidas difundido el 24 de Julio de 2017. También indicó que "Paraguay padece un déficit importante en cuanto a trabajo digno que genera un alto grado de informalidad laboral, en torno al 70% del empleo" y finalizando "la falta de cumplimiento universal con las leyes de salario mínimo o la incapacidad de las instituciones de hacer cumplir las medidas establecidas en el Código Laboral".

Esta realidad dista mucho de la construcción que nuestro país viene desarrollando desde el 2005 en adelante, numerosos fueron los avances en materia de seguridad laboral, no en vano es el país con mayor cobertura de seguridad social no solo del MERCOSUR, lo es de toda América Latina reconocido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). A su vez, este Organismo Internacional nos destaca como ejemplo en materia de protección social: en los últimos 6 años nuestro país cuenta con el más alto número de cotizantes en el BPS de su historia.

Es innegable que el Uruguay se destaca tras el gobierno del Frente Amplio en América Latina y en el resto del mundo, además de ser el único país en la región que cuenta con el grado inversor y el riego país más bajo, es señalado por diversos organismos internacionales, organizaciones de trascendencia y prestigiosas publicaciones como una sociedad más igualitaria, por su alto ingreso per cápita y bajo nivel de desigualdad y pobreza. Claramente quedan muchos desafíos por cumplir y enmendar la plana en los espacios donde no se obtuvieron los resultados deseados para seguir avanzando en la construcción de un mejor país y una sociedad más justa y equitativa. Pero esto no debe empañar todo lo que se ha logrado, ni permitir que las campañas del miedo, injurias y de desinformación establezcan una falsa realidad en nuestra sociedad, porque desde ahí no surge, ni se construye nada positivo ni para nuestro presente y ni para el futuro del Uruguay.

 





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