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La “carne cultivada” y otras amenazas

Rodolfo Martín Irigoyen

13.11.2018

La “carne cultivada” y otras amenazas

 

Un riesgo que se corre con los famosos, surge del hecho de que con la fama crece la autoestima, y con ella, la fe que se le tiene a las propias creencias o al "sentido común" propio. Lo que va de la mano -o quizá promueva- la nefasta costumbre que tenemos los comunes mortales de otorgarle a los famosos, por su desempeño en alguna disciplina particular, autoridad para opinar sobre cualquier otra.

Por ejemplo, en el tema de las implicancias del consumo de carne, Paul McCartney, famoso pero como músico y cantante, no como nutricionista,  declara que dicho consumo es dañino para la salud y que la vida en nuestro planeta sería mejor si todos dejáramos de comer carne un día por semana, y el consumo global de carne disminuye, afectando el nivel nutricional y la economía de millones de personas en todo el mundo.

En el caso de los periodistas, cuando se hacen famosos, les crece una irrefrenable compulsión a "enriquecer" las noticias que divulgan, con comentarios y sugerencias de su propia cosecha, aunque desconozcan por completo el tema en cuestión. 

Siguiendo con el tema de la carne, y las discusiones sobre las implicancias presentes y futuras de su producción y consumo, haré a continuación algunos comentarios al artículo "La revolución de la carne cultivada"  publicado en El País de Madrid por el periodista Martín Caparrós.

Dice Caparrós describiendo los beneficios que a su juicio acarrearía a la humanidad la futura producción de carne artificial en condiciones de laboratorio: "Más de un tercio de las tierras útiles del mundo están dedicadas a la cría de ganado: entonces quedarían libres para el cultivo o, incluso, para oxigenar el planeta. El efecto invernadero cedería, y más aún si se tiene en cuenta que el 18% de los gases que lo producen (GEI) vienen de las vacas y los chanchos"

A las tierras dedicadas a la cría del ganado -praderas, pastizales, zonas algo boscosas- no es necesario liberarlas, porque no están prisioneras del ganado. Cuando son aptas para el cultivo y se las quiere cultivar, nada impide hacerlo, si se cuenta con los recursos -humanos, técnicos, financieros- para llevar adelante dichos cultivos. 

Y en relación a la "oxigenación del planeta" la cuestión es exactamente al revés: es lo que los ecosistemas mencionados hacen en la actualidad, pues son los grandes fijadores del anhídrido carbónico (CO2) existente en la atmósfera, uno de los gases que producen el Efecto Invernadero. Con el CO2 capturado a la atmósfera, agua y energía solar, las plantas llevan adelante el proceso de fotosíntesis, que tiene la menuda tarea de alimentar a la humanidad. 

Y respecto al famoso estudio del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) que afirmaba que el 18% de los GEI eran producidos por los rumiantes (vacas, ovejas, ciervos, cabras) los propios autores se vieron obligados a reconocer tiempo después de su publicación, que se trataba de un cálculo equivocado y exagerado. Pero el reconocimiento del error tuvo mucho menos prensa que la difusión inicial del mismo. Y el pobre chancho no tiene nada que ver, porque no es rumiante.

Y a continuación viene lo políticamente correcto: "Y, sobre todo, más de la mitad de las cosechas del mundo se usan para alimentarlos (a los rumiantes): si ya no fuera necesario, esa comida podría terminar con el hambre de una vez por todas" 

En realidad gran parte de esos granos no se destinan a rumiantes sino a monogástricos como aves -para carne y huevos- y cerdos, y en consecuencia indirectamente a la alimentación humana.

El mundo vegetariano soñado por Caparrós sería un desastre, por muchas razones. Sintéticamente: desde el punto de vista nutricional sería un paso atrás para la natural condición de omnívoros de los humanos, al eliminar las fuentes de proteína de mayor calidad, esenciales en una dieta bien balanceada. Y desde el económico, la cría de esos animales que ocupan un tercio de la tierra del planeta, son la principal ocupación y fuente de ingresos de muchos cientos de millones de personas que quedarían desocupadas y condenadas, ahora sí, al hambre. 

Y continúa Caparrós: "Ahí está el riesgo: que quien por fin lo logre (la producción comercial de carne de laboratorio) se convierta en un nuevo Monsanto, dueño de una tecnología que todo el mundo necesita; que un gran avance técnico no beneficie a los miles de millones que lo necesitan sino a una junta de accionistas"

Sin duda que los grandes accionistas de Monsanto y otras empresas similares se han visto beneficiadas por el avance técnico que significaron los OGM (para eso trabajan, precisamente), pero del otro lado del mostrador, desde que existen esos transgénicos (mediados de los años 90), 2.500 millones de personas (de 5.000 a 7.500 millones en la actualidad) que no existían o no comían, hoy existen y comen. Y esta segunda consecuencia me parece infinitamente más importante que la anterior. 

Y por último Caparros afirma: "Es ahora, mientras todo está por verse, cuando los Estados y sus organismos internacionales tienen la ocasión de cambiar el modelo: de decidir que serán ellos los que desarrollen la nueva comida para que no sea propiedad de unos pocos sino patrimonio de todos; para que no le sirva a una corporación sino a la humanidad. Sería una gran oportunidad -una oportunidad única- para cambiar los mecanismos que hacen que cientos de millones de personas no coman lo suficiente".

Atención estadistas, no dejen pasar el momento, es ahora. Tenemos la gran oportunidad de crear, con la ONU o algo similar, una especie de Frigorífico Nacional planetario que "cultive" y distribuya la carne para todo el mundo. Imagino sus características: gran eficiencia, cero burocracia, minga de corrupción, precios accesibles, sin problemas tecnológicos ni de logística y distribución. Y los miles de millones de antiguos hambrientos, viviendo felices de la caridad del Gran Hermano.

Con el mayor de los respetos, pero la dejo por acá. Es alto el riesgo que esto derive en pesadillas, que mi cardiólogo me insiste en que a toda costa debo evitar. 





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