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13 de Diciembre. Aniversario del nacimiento del General Liber Seregni, dos días antes del Plenario Nacional del

Carlos Pérez

13.12.2018

Una breve semblanza de Lìber Seregni,  o la increible suerte de la izquierda.

La vida de Líber Seregni, para quien profese alguna filosofía materialista o agnóstica, no deja de tener ciertas facetas difíciles de explicar. Y los creyentes en alquimias esotéricas y en reencarnaciones más o menos oficializadas, tendrán material suficiente para sus teorías: les bastará con recordar su calidad de general del pueblo, con cierto notable parecido físico con imágenes popularizadas, y con el deseo de que sus cenizas se esparcieran en la meseta de aquel a quien tanto invocó en sus momentos más críticos y en sus momentos más esperanzados.

Pero los misterios no cesan con estas especulaciones fáciles. A fines de los sesenta, cuando este país se metió en una crisis que liquidó al viejo Uruguay y nos hundió en la incertidumbre existencial, alguien razonó en estos términos: la izquierda es suertuda, che. Ya tienen un primer mártir estudiantil, cuyo nombre, para colmo de los colmos, es Líber Arce. Como si lo hubieran creado de ex profeso, lo pusieran delante de la mira del arma del policía y esperaran el tiro certero al blanco específico. Algunos arribaron hasta el límite de la canallada y afirmaron que, en realidad, tal estudiante, con semejante nombre, no existió. Lo crearon o, en todo caso, lo mataron los mismos compañeros, para después utilizarlo como consigna. Y hasta para poder hacer luego una película con el infame título de LIBERARSE, LIBER ARCE.

Y como para quien no le gusta la sopa le vienen bien dos platos, según estos especuladores, la suerte de la izquierda condujo a ubicar como líder principal (y primero) de la fuerza política ideada por los genios del mal, a un tipo también llamado Líber. Quién, por abundar en sospechosas coincidencias, era un militar con título de General. Esta es, como se sabe, la profesión apropiada para pergeñar la oportuna (oportunista) consigna "LIBERTAD GENERAL", como para que rimara en la letra de una canción escrita a propósito y blandida cuando cayó preso, porque en su nombre se resumía el pedido de libertad de todos y todas. Y, para más colmo de colmos, llamábase de apellido Seregni, que es como decir seregnidad, término propuesto para ser incorporado al diccionario de idioma español por el escritor Eduardo Galeano, sin violentar las reglas de la Real Academia. Con ese nombre estaba apto este señor para su discurso en el balcón de su casa al salir de la cárcel.

Así cualquiera.

Pero la conjura de los nombres no queda ahí (continúa la especulación): además de haber elegido su nombre antes de nacer, el momento preciso para negarse a cumplir las órdenes de la ignominia, el tiempo histórico adecuado para ponerse al frente de la izquierda, el momento exacto para decidir no abandonar el país y enfrentar la infamia de su prisión, de la tortura, de la humillación, este frío estratega del mal, eligió el instante propicio para salir de la cárcel y luego, como era de esperar, eligió el momento justo para morir. Un manipulador de destinos ajenos y del propio, en aras de lograr sus objetivos inconfesables.

Con mente calculadora aplicó sus planes para el arribo al poder. Y hasta con su propia muerte especuló, como queda demostrado. Y se decidió a morir tan luego en el año electoral, para que la gente recordara su vida, llorara su ausencia, reconociera su aporte, agradeciera su lucha y, lo peor, fortaleciera su esperanza y redoblara esfuerzos para asegurar un triunfo que él no vería, pero que de alguna manera ya lo había presentido y auspiciado. Y sí. Todos sentimos que Seregni cabalgó con nosotros en el caballo de la victoria de la izquierda en el 2005.   

En estas tiendas muchos hoy reconocen el penoso error de haber coincidido en diatribas y en rencores con los mismos que en el 71 le endilgaron el mote de traidor, cuando se jugó por su pueblo, viniendo al Frente Amplio. Y peor aún, de haber proferido el mismo insulto que utilizaron los ingenieros del horror, cuando le quitaron la libertad, al mismo tiempo que aterrorizaron al pueblo y le hicieron vivir en una gran cárcel al aire libre.

En tiempos en que algunos dudan en neutralizar a quienes arribaron sin saber de qué se trataba ese seregnismo que impregnó al Frente Amplio desde sus inicios, y cometen actos reñidos con la ética en sus cargos como gobernantes, nos queda la certeza de saber que se mantiene viva esa impronta de quien fuera el estandarte de tantas banderas por la cual muchos dieron su vida, su libertad y su energía. Porque, al fin y al cabo, en casos como éste, la muerte, por más grande e intolerante que sea, no podrá soportar tanta vida.    

Sabemos, esperamos, sentimos, que el espíritu de Liber Seregni andará rondando por las inmediaciones del Plenario Nacional del Frente Amplio, el día 15 de diciembre.

Así sea.

Carlos Pérez Pereira

 



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