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Cacho Feldman, 44 años de ausencia

Daniel Feldman

21.12.2018

Más allá de tratar de sacralizar lo menos posible mi existencia, mantengo pocos ritos, en el sentido laico de apegarme a algunas costumbres o ceremonias.

Más allá de tratar de sacralizar lo menos posible mi existencia, mantengo pocos ritos, en el sentido laico de apegarme a algunas costumbres o ceremonias. A muchos de estos ritos fui impelido por la fuerza o, dijera algún filósofo trashumante, por las circunstancias de la vida.

Uno de ellos lo llevo a cabo año a año el 24 de diciembre, y no justamente por festejar o conmemorar alguna buena noche, o Nochebuena.

La primera vez fue en 1975, cuando el asesinato de mi hermano Raúl cumplía un año. Tengo presentes ese y los siguientes años, en plena dictadura, donde era un riesgo decir el motivo de la muerte de mi hermano, y aún contaba con los dedos de una mano los años de ausencia.

Hoy, su memoria está llena de ausencia, de hacer falta; está atiborrada de no pudo ser.

Ya preciso muchas manos para contar los años, y ya no me llamo a engaño con "siempre presentes" o "vivos en la lucha popular".

Me invade la tristeza, esa que muchas, muchísimas veces quiero solo para mí, tal vez como un acto de rebeldía frente a esa agobiante sensación de ausencia y nunca más.

Creo que no es cierto que en algún lugar esté dándose la mano con tantos otros mártires, so pena de elevar al grado de religión una convicción ideológica o política, cosa de la que no se trata.

No se da la mano con nadie, porque no hay manos, porque donde está no hay nadie.

Cada año me repito un montón de preguntas, y otras ya no me las hago, cansado de no encontrar respuesta. Camino de una foto a un recuerdo, o incluso a un hipotético acontecimiento, pero siempre termino recordando que toda hipótesis fue fusilada por 16 balazos.

Tuve algún alivio en estos 44 años; el saber que Rodolfo Almirón Sena, sindicado como el responsable del grupo asesino, fue ubicado en España, detenido, extraditado y procesado en Buenos Aires, donde murió en prisión. Algo de alivio para tanta ausencia.

La vida - la mía- fue transcurriendo y transcurre, plagada de alegrías, frustraciones, felicidad, tristeza, broncas, a manera de un puzle multidimensional, como supongo que debe ser la vida.

No voy a hacer una biografía de Raúl, Cacho como le decíamos todos, Diego en la oscuridad de la clandestinidad de la Juventud Comunista. Quienes lo conocieron en vida, no la precisan. Quienes a través de mí y mis relatos lo conocen, tampoco. Aquellos que llegan a él ahora por primera vez, sepan disculparme. Simplemente los voy a invitar a un rito, sencillo como los que hago año a año: este 24 de diciembre, en algún momento del día o la noche, piensen en Cacho Feldman; por un solo e infinitesimal instante dedíquenle un  pensamiento a él, que no se está dando la mano con nadie pero que, de alguna manera, aportó su granito de arena para que nosotros nos demos las nuestras.

¡Salud!

 

 



Daniel Feldman | Periodista


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