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Más trata el Frente Amplio de decir que vivimos en un país distinto y este más se parece al de siempre

David Malowany

04.01.2019

Culminó el 2018 y el país retoma viejos signos de estancamiento.

 

Algunas campanas afirman que ha vuelto la emigración de parte de nuestros compatriotas mejor preparados hacia distintos horizontes. ¿Que nos está pasando? podría preguntarse algún milenial.  Es que luego de 14 años de social-democracia re-distributiva, la cosas se parecen a como estaban en un principio. Es como cuenta Karl Jaspers, más quiere ser   distinta una persona y más se parece a si mismo y ello se aplica a los catorce años de crecimiento del empleo público y re-distribución del ingreso que el Estado uruguayo ha realizado sin mirar costes. 

Israel Wonsewer y Ana María Teja explicaban en 1985 (La emigración uruguaya 1963-1975 ) que nuestro país tiene una incapacidad estructural para generar el volumen de ocupación en la cantidad y calidad demandado por la población. Esa incapacidad crea presiones expulsoras de ciudadanos a través de la emigración.  Todo ello en  un sector terciario que  está des-balanceado con relación a los sectores productores de bienes. La producción no permite la satisfacción de aspiraciones de una población cada vez mejor instruida. 

Enfrentar el futuro requiere un esfuerzo de acumulación y ello es  difícil de lograr en una economía estancada y ello conlleva a que nuestra sociedad, organizada en un sin fin de colectivos,  sea testigo de  una  lucha aguda por la distribución del ingreso. En la década de los sesenta del siglo pasado, esta confrontación era entre los sectores agrícolas versus los industriales.  En los setenta y principios de los ochenta entre los financieros versus los productivos.  Nuestras futuras luchas serán, más tarde o más temprano, entre los trabajadores públicos y los privados.  

El estancamiento, explicaban Wonsewer y Teja en 1985,  comenzó a mediados de los años cincuenta del último siglo del milenio pasado. En la medida que los sectores ocupacionales de una creciente población en edad activa exigía trabajo, fue el sector público el único que ofreció empleos. El estado, creando ocupación redundante o re-distribuyendo ingreso, pudo actuar como amortiguador de las presiones de la población. Prácticamente la misma receta de nuestra social-democracia tricolor. 

Hace poco, escuché a la ex Presidente del Frente Amplio, la Dra. Mónica Xavier, reivindicar que gracias a las política económica de su fuerza política, los uruguayos viajaban más y muchos pudieron acceder a su primer automóvil cero kilómetro.  

A diferencia de lo que acontece en la medicina, donde vivir bien por un tiempo puede ser un valor, los países tienen generaciones por venir, y  ¿que les dejó a ellos esta política económica?  Uno de los dilemas que toda sociedad se plantea es ¿cuanto gastar en consumos hoy y cuanto diferir? ¿Cuál sería la pauta de consumo más adecuada para una sociedad en proceso de desarrollo? El dilema es especialmente difícil en una época de expansión consumista llamada la sociedad de consumo de masas ( Wonsewer y Teja). 

   Los medios de comunicación difunden rápidamente las formas de consumo al alcance de las sociedades desarrolladas y el efecto emulación, crea necesidades que en una valoración social adecuada no tendrían ciertamente carácter prioritario. En las primeras tres décadas del siglo XX, cuando en el Uruguay se echaron los cimientos del Estado de Bienestar, los problemas no se planteaban en esas características.  No es que no existiesen formas de consumo conspicuo en ciertas minorías de altos ingresos, pero la sociedad en su conjunto adoptaba  pautas de consumo austeros, en un nivel de ahorro elevado. Los problemas distributivos no adquirían el carácter conflictivo de la  actualidad.  La pugna redistributiva se plantea en planos diferentes. No se limita solamente a la opción de consumo versus acumulación. Se trata de un conflicto entre los distintos grupos sociales por una mayor distribución en el ingreso. 

El profesor de economía José Rocca, compendió para sus alumnos el diagnóstico que la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico realizó a fines de los sesenta,  donde se preguntaba si ¿El desajuste entre las aspiraciones sociales y las posibilidades de satisfacerlas, no proviene del hecho de que dichas aspiraciones son exageradas? ; o bien  ¿ Si la fuente del desajuste reside en la insuficiencia del sistema económico, social y político para satisfacerlas ? Cuando el grado de desarrollo cultural hace que determinadas aspiraciones sociales dejen de ser simples expectativas para constituirse en demandas concretas, es el país en su conjunto el que exige un nivel dado de bienestar social, y ello requiere una continua respuesta del aparato económico y también del sistema social.  La movilidad social; el acceso a las formas más elevadas de la educación y la cultura; la cobertura de los riesgos de salud, vejez y otras necesidades conexas; y el acceso a determinados bienes físicos de consumo y viviendas, constituyen para el uruguayo - como ente consumidor - un verdadero derecho adquirido y no una mera aspiración en una sociedad donde todos los grupos sociales poseen órganos vigorosos para expresar y hacer respetar sus requerimientos. 

En el suelo al oriente del Río Uruguay vemos a miles de nativos quejosos,  que como consecuencia de circunstanciales conflictos laborales postergan operaciones médicas, entorpecen la recaudación impositiva, la negociación jurídica, la enseñanza, a la vez que miles de extranjeros inmigran al país,  deseosos de trabajar y no solo viven con lo poco que ganan  sino que el ingreso le sobra para remitirlos a sus caribeñas familias. 

En 1964 el endeudamiento del país era de 553 millones de dólares. Hoy supera los 35 mil millones.  En 1955 el sector público pagaba el 30 % del total de los sueldos. En 1963 el 38 % de dicho total. Hoy son el 46% de los sueldos dado que  el incremento de funcionarios públicos acumula unos 70.000 entre fines de 2004 y 2017 y sólo en el último año fueron 3.700 los nuevos puestos de empleo estatal.  El Ex ministro de Economía Isaac Alfie opinó en su columna del Diario El País,   que para él, le resultaba imposible que alrededor de 1:270.000 trabajadores del sector privado puedan generar ingresos para hacer frente a 1:080.000 sueldos estatales y subsidios -sin contar planes ni asignaciones familiares- y pasividades.   

La sociedad Uruguay posee su propia escala de valores, elaborada a lo largo de toda su vida institucional. El país en su conjunto, decía la CIDE ha procurado acentuar la seguridad de su nivel de vida, y ha pretendido tener de más en más el patrón de consumo de un país desarrollado pero sobre la base de un sector primario insuficiente. 

Hago mías las palabras del Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, referidas a EEUU pero aplicables a nuestro país. Si un país importa más de lo que exporta, se destruye más empleo del que se crea. Ello se puede solucionar durante algún tiempo con déficit, pero ¿ durante cuanto tiempo se puede vivir pidiendo dinero prestado?  Con una población que está envejeciendo, el país debería estar ahorrando para el futuro y no viviendo por encima de sus posibilidades ( El Precio de la Desigualdad, pág. 345).

 

(*) David Malowany - Abogado

 




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