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Venezuela: guerra suspendida

Jaime Secco

24.02.2019

Juan Guaidó no pudo empezar una guerra en la fecha prevista: el sábado 23 de febrero. Sin embargo, no está decidido que esto haya abierto una ventana a la posibilidad de una solución pacífica y democrática para terminar con el desastroso gobierno de Nicolás Maduro.

Al final de la jornada, reconociendo su derrota, declaró en Twitter: "Los acontecimientos de hoy me obligan a tomar una decisión: plantear a la comunidad internacional de manera formal que debemos tener abiertas todas las opciones para lograr la liberación de esta patria". Luego anunció que el lunes asistiría a la reunión del Grupo de Lima.

Leído así, parece el inicio de un segundo tiempo con mayor poder de fuego. Pero probablemente nadie esté dispuesto a asumir el cien por ciento del peso de una guerra si los opositores venezolanos solo cosecharon una veintena de desertores.

Desde su autoproclamación -no lo proclamó la Asamblea Nacional-, apostó a una solución militar. No quiso oír hablar de algún tipo de solución pacífica que no fuera su victoria a toda banda y despreció con la mayor arrogancia a toda otra voz, desde al Secretario General de la ONU para abajo. El acuerdo previo con Trump parecía darle respaldo total. Pero nunca hay que creer demasiado a un presidente. Trump ni siquiera consiguió el apoyo europeo previo, lo que hizo demorar la proclamación.

Así planteada la situación, tenía que pensar la jugada para avanzar, ya que no tenía ningún poder efectivo. Probablemente lo aconsejaron bien en elegir una acción relacionada con ayuda humanitaria. En Política el problema es siempre quién aísla a quién. Y la mitad de la solución consiste en elegir qué tema poner sobre la mesa. Si el tema es conseguir medicamentos y alimentos, podía esperarse que la mayoría estaría de su lado. ¿Quién no?

El problema es que ellos mismos ensuciaron el planteo humanitario al divulgar desde el principio que en realidad eran una cabeza de puente para una invasión militar, que el cargamento sería custodiado por militares venezolanos, que ante cualquier resistencia al ingreso estarían directamente autorizados a ordenar un ataque de Estados Unidos, que precisamente tenía una flota a pocas millas. Este planteo puede entusiasmar a la barra guarimbera, pero al venezolano común lo que le pone sobre la mesa es una invasión extranjera. Y hasta el menos patriota recela ante eso. ¿Quién no?

La jugada en sí tenía desde el origen una motivación militar. Se trataba de utilizar el ingreso "humanitario" para dividir al Ejército de Venezuela. Tampoco era una mala idea, si lo que se busca es tomar el poder en forma violenta. Si bien los altos mando están muy implicados con la corrupción de entramado de Nicolás Maduro, algunos viejos camaradas de Hugo Chávez están lejos de Maduro y la situación de la tropa es tan precaria como la el común de los venezolanos. Pero la historia ha enseñado que los ejércitos son muy difíciles de dividir. El de Somoza aguantó prácticamente unido hasta el último día.

La jornada del sábado resultó un fiasco peor al esperado. Peor, cuando el día anterior Guaidó anunció que ya tenía los contactos militares que iban a dejar pasar sus cargamentos. El bloqueo por España de 200 mil medicinas compradas por Venezuela, unos días antes, ensució toda la posición "humanitaria" de la "comunidad internacional". Ya el día anterior, la concurrencia al megaconcierto no fue multitudinaria. Curazao había avisado que no permitiría el embarque sin papeles de importación o permisos del gobierno de Venezuela.

El principal incidente de la mañana fue un vehículo militar venezolano que rompió una barrera, al parecer hirió a alguno y de él descendieron tres militares que entraron en Colombia. Brasil acompañó a dos camiones pero especificó que fueran empadronados en Venezuela y con conductores de ese país. Se acercaron al paso fronterizo, no se les dio paso y se les ordenó que volvieran a más de 200 kilómetros. Lo que no quiere decir que no termine envuelto en incidentes. En torno a Cúcuta, las embestidas de los voluntarios con piedras y cócteles molotov sólo lograron quemar un camión de los que se intentaba hacer pasar. Hay que saber manejarlas; por algo también se les llama bombas molotov.

La promesa, en la tarde, fue hacer pasar gente con bolsos por las trochas utilizadas por los contrabandistas. Probablemente alguno pase y probablemente su contenido llegue muy pronto al mercado negro.

Políticamente, el saldo fue clarísimo. Guaidó no tiene capacidad para generar una resistencia interna. No sólo para derrocar a Maduro. ni siquiera para crear un disturbio lo suficientemente grande como para servir de excusa a una intervención.

Guaidó quiere ahora que la posta la tome otro. Pero las cosas no suelen suceder así. Toda esa ceremonia en Pacaraima, indica que Brasil no está interesado en hacer punta en una guerra que no necesita. Estados Unidos no parece tener más interés que en estar presente en el remate para imponer una versión de su "Enmienda Platt". En Libia no participaron más que luego de la intervención europea, que a su vez no llegó hasta que Italia se quejó por la irregularidad en su suministro de petróleo. Pero porque Libia ya era un caos. Venezuela no.

Claro, la historia enseña pero no determina lo que va a pasar. Las cosas no suceden así hasta que suceden así por primera vez. Este lunes el Grupo de Lima estará rebosante de indignación. ¿De algo más?

Es probable que los hechos hayan mellado la seguridad de Guaidó en una solución militar limpia y favorable. También es probable que Maduro sienta que pasó el peligro y se puede quedar indefinidamente hundiendo a su país.

La misión impulsada por Uruguay y la Comunidad Europea irá en los próximos días a Caracas. No a promover una nueva ronda de diálogos, sino a presionar para una convocatoria a las urnas. La gestión puede no tener éxito, pero sigue siendo lo mejor que se puede hacer.



Jaime Secco

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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