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Esteban Righi

Juan Raúl Ferreira

07.03.2019

Hace apenas días, le envié un coreo electrónico a Buenos Aires. Con Luis Vignolo queríamos entrevistarlo para el Libro que estamos escribiendo en el Centenario de Wilson. No me contestó, lo que debió llamarme  la atención. Pensé en verlo en alguna vuelta por Buenos Aires. Ayer murió y me ha embargado una profunda tristeza.

Cuando me llega la noticia, yo estaba tipeando mis anotaciones diarias, para tener una guía y más  insumos para el libro. Por lo tanto a lo largo de la Semana de Carnaval, los recuerdos del exilio los evoqué, estos días con especial sensibilidad.

Esteban era un gran amigo. Cuando llegaron mis padres a Buenos Aires, lo hicieron en una avioneta que había marcado como destino Paysandú. Allí ingresaron sin permiso, al espacio aéreo de Argentina. En ese momento se sintieron a salvo, habían subido a  la avioneta a escondidas, con la misma en movimiento en la pista.

Cuando  llegaron al aeropuerto de Don Torquato, les facilitaron todos los trámites. En definitiva, el ingreso a Argentina lo habían hecho de un modo irregular. Pero solo  les hicieron sentir bienvenidos. Cuando estaban prontos para salir, el funcionario de Migración les pide que esperen 5 minutos. (Creo que pensaron que habría surgido algún problema). De inmediato se hizo presente el Ministro del Interior, Dr. Esteban Righi (Gobierno de Cámpora).

Días después cuando por un tiempo me les uno en Buenos Aires (mi exilio definitivo recién empieza en 1975), le conocí. Luego procuraba verlo cada vez que iba. Y curiosamente dada su investidura, casi siempre, tenía éxito.

Su titularidad al frente del Ministerio duró, lo que el mandato de Cámpora. Cuando asume Perón nombra a Benito Lambí, que años más tarde (dictadura de 8 años de por medio) fue Embajador en nuestro país.

Las vueltas de la vida: la generosidad con que nos recibió el gobierno del Dr. Cámpora, termina con el intento  democrático en  Argentina. De mayo en adelante, Argentina fue un trampero para el exilio de uruguayos, y  en general, de refugiados de la región. Solíamos celebrar la el  25 de mayo, con la gente, el Pueblo (hay perderle el temor a los términos cuando corresponden),  en la famosa Plaza homónima. El último lo pasamos en la Embajada de Austria, asilados. Días después, la primer noche en París buscando donde echar raíces, Wilson le escribe a Quijano sobre el peligro de miles de compatriotas en Argentina.

Si bien yo formalmente me asilo en EEUU, México pasó a ser mi segundo hogar. Ser corresponsal, del entonces estatal Canal 13 mexicano , me facilitaba viajar asiduamente al país hermano. México fue la capital del exilio. Allí me encuentro con Esteban. Con su habitual sencillez. Y cuando ya avanzada su enfermedad, los militares, dejan salir a Cámpora, cano mucha crueldad: sólo para que muera en el destierro Ya tenia muestras visibles de su enfermedad.

La llegada del Ex Presidente no podía tener otro resultado que el que se dio. Terminé compartiendo la sólida amistad, que profundizamos con con Don Hector, y fortalecía la que ya tenía con Righi. Le dieron el salvo conducto, cuando su enfermedad estaba tan visiblemente avanzada que no había cura posible.

Tantas deudas de gratitud impagas con Esteban... compartir la amistad con Cámpora, quizás, sea la más importante. En 1980, se funda en el exilio la Convergencia Democrática en Uruguay (CDU). Fue impresionante el capital de solidaridad acumulado. La CDU logró conjugar  en un  mismo estrado a comunistas, independientes, blancos, algún colorado rebelde que desoyó las instrucciones de su Partido, con los Secretarios generales (por primera vez en la Historia) de las Internacionales Socialista (Social Demócrata), Unión Mundial Demócrata Cristiana y la Internacional Liberal.

En la primera fila en el asiento del medio estaba Héctor Cámpora y, aunque costó convencerlo (no por no apoyar, sino por su inocultable sencillez: Esteban Righi. Recuerdo que mis palabras se titulaban "ESTAMOS DE ACUERDO." Al terminar, hubo abrazos y emociones conjugadas. (junio de 1980). Esteban no cayó en la felicitación hueca:  sino el espíritu del nacimiento de la CDU. "hoy, y me temo que seguiremos en esa dirección, el debate no  está, en lo que coincidimos, sino   en lo que hay que disentir. Uruguay es un pueblo maravilloso." ¡Cómo podré olvidarme en mi vida de esas palabras!

Un día a un compatriota amigo, Daniel Waksman Schinca, un hombre excepcional, le ocurrió una tragedia. De alta de un cáncer tras años de recuperación y tratamiento en Houston, le dieron de alta. Con su esposa argentina, fueron a Washington a celebrar juntos. Allí, alojándose en casa, tuvo un par de problemas motrices que les obliga a una nueva consulta. Al otro día su esposa me avisa que,  con cruel frialdad, los médicos americanos le dijeron : "un caso en 'x ´millones, se muere en poco tiempo."

Viajé de urgencia a Houston. Debo decir que Federico Fassano, con quien nos vimos hace poco en casa logró casi que  milagros: un avión ambulancia de la Presidencia de México lo iría a buscar para que muera en México. En esas circunstancias, todavía me pregunto cómo (las comunicaciones no eran las de ahora) me llama  Esteban: "Juan Raúl, murió Cámpora." Eran las vísperas de la Navidad del 80.

No sabía a esa altura, si ir a México, no iba a frustrar de pasar las Navidades con mi padre. Me dio, una gran lección: "Cumplí con tu deber político y personal de amigo. Lo de la Navidad. ahora es lo de menos. "

Creí que el mundo se venía abajo. Esteban Agregó:  "Dejó dos mandatos en sus deseos póstumos. Que tu y yo, hablemos en su sepelio." El  otro, si Esteban se la llevó a la tumba yo no lo diré tampoco. No hace a la Historia.  Quedó mi amigo enfermo en Houston, por suerte lo pude ver antes de morir en México. Fui al aeropuerto y llegué minutos antes de que saliera el cortejo.

Efectivamente fuimos  los dos únicos oradores en el sepelio mexicano del ex Presidente. No es formalidad, pero  no podía creer que el Gobierno de la Nación, hermana de la Patria Grande, ni siquiera enviara una corona de flores, al Presidente que había iniciado otro intento frustrado de menos de 6 años de revivir la Democracia en Argentina.

Hablé y habló Esteban. No recuerdo honor más grande en mi vida. Ni tampoco,  algo que fortaleciera más mi amistad con este hermano de la vida cuya partida hoy lloramos.

 

Dr. Juan Raúl Ferreira



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