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¿En nombre del pueblo? La amenaza populista a la salud

Carlos Vivas; Homero Bagnulo

10.04.2019

Los sistemas de salud de las democracias liberales enfrentan un gran desafío: mantener un sistema sanitario eficaz, eficiente, oportuno, seguro y equitativo en momentos de restricciones económicas y de cambios demográficos que aumentan los costos. La ola de propuestas populistas amenaza la cobertura sanitaria universal aprovechando al máximo los fallos de los responsables de las políticas sanitarias.

Solo es posible enfrentar lo que se conoce, por lo que entendemos imprescindible compartir con los lectores tres artículos recientes sobre el llamado "populismo sanitario". Como primer paso expondremos qué entienden los autores consultados por "populismo" y sus posibles consecuencias sobre la salud, para posteriormente avanzar sobre cuáles son las estrategias recomendadas para bloquear su avance.

Para Benjamin Moffitt, investigador en ciencias políticas, el populismo sanitario es un estilo de hacer política caracterizado por la construcción de antagonismos entre "el pueblo": unidad homogénea y virtuosa cuya salud ha sido puesta en riesgo y "el sistema": conjunto de autoridades políticas, económicas y médicas a quienes no les importa poner en riesgo la salud del pueblo.(1) Central al populismo médico es la politización de los temas sanitarios presentándolos como emergencias que demandan respuestas inmediatas. Este tipo específico de populismo suele señalar como el enemigo del pueblo a las autoridades sanitarias y/o a la experiencia y los conocimientos de los profesionales de la salud que, supuestamente, desconocen los derechos, valores, prosperidad, identidad y voz populares. Su fuerte carga afectiva logra que los reclamos no solo se articulen a través de la palabra y de los textos, sino que en forma creativa logra evocar reacciones en su público objetivo, el cual, aunque fragmentario en su definición, constituye una audiencia globalizada. El primer paso del populismo es encontrar una situación asistencial que demuestre un fallo de las políticas sanitarias. La gravedad de las consecuencias reales de ese fallo tiene importancia para la construcción del discurso populista, pero para este estilo de hacer política lo más relevante es plantar la duda y el miedo en la gente respecto a un supuesto peligro debido de la desidia de la clase gobernante. Para este discurso es esencial lograr la disminución de la confianza en las instituciones liberales. Por tanto, la tarea del populismo es convencer que el fallo descubierto constituye una verdadera emergencia que amenaza al pueblo. En el lenguaje de la ciencia política a esta situación se le denomina la construcción del pánico moral. Para ello se requiere que exista una condición, episodio, o grupos de personas que puedan ser presentados como una amenaza para los valores e intereses comunes. El pánico moral tiene cuatro características: 1. Es construido por "emprendedores morales", quienes diseminan una narrativa de amenazas a los valores populares e identifican héroes, villanos y víctimas. En el populismo contemporáneo las redes sociales permiten que la difusión sea descentralizada y difícil de enfrentar. Lo que es una constante, es la capacidad de los líderes para amplificar, exagerar, e incitar reacciones públicas. 2. Por otra parte, el pánico moral se nutre de reacciones viscerales, por tanto el papel de los medios es central para la amplificación del miedo al insistir reiteradamente en las consecuencias catastróficas que puede acarrear la situación en caso de que no se tomen medidas inmediatas. La apelación a los prejuicios públicos, miedos, y ansiedades es un factor esencial para estimular sentimientos de desconfianza, incertidumbre y de agitación. 3. Su discurso es construido de acuerdo al "principio de sensatez" o "lo que haría todo buen ciudadano", cuando en realidad su estructura es ambigua. 4. Por último, el pánico moral genera dos respuestas posibles: a) tecnocrática, que busca contener la angustia a través de los expertos y de las instituciones sanitarias y b) la respuesta populista,  que busca profundizar la crisis oponiendo al pueblo contra un sistema corrupto e indigno de confianza.

Moffitt señala que en este contexto, una situación difícil solo se transforma en crisis cuando se logra que se la perciba como tal, es decir, cuando un fallo sanitario alcanza notoriedad social a través de la mediación de agentes agitadores que logran que la situación sea vista por el pueblo como el primer síntoma de una grave enfermedad. Para este autor, el hecho de que una crisis pueda ser construida sin necesidad de justificación alguna es la característica más importante de una propuesta populista. El autor propone que la construcción de una crisis pasa por seis etapas. El primer paso es identificar una situación que pueda ser presentada como una crisis. Las dos características más favorables para elegir una situación susceptible de transformarla en una crisis son: que la causa ya sea conocida por la población como un problema potencial, ej, las enfermedades contagiosas; y que, en lo posible, la "culpa" pueda ser fácilmente vinculada con las autoridades sanitarias o científicas, ej, demoras en el inicio del periodo de vacunación.  En un segundo paso, la tarea del líder populista es elevar la situación al grado de crisis a través de enmarcarla en un escenario de una mayor amenaza sanitaria y agregarle una dimensión temporal. De acuerdo al ejemplo mencionado, en esta etapa se da a conocer a la gente el alcance que puede llegar a tener la crisis, por ejemplo señalándole el porcentaje de muertes que pueden ocurrir en el entorno de cada ciudadano en caso de que se siga demorando la vacunación. Fusionar en el imaginario popular la situación inicial dentro de un marco mucho más amenazante es esencial para la estrategia populista, pues la causa inicial suele ser endeble y fácil de contestar, mientras que al ocultarla dentro de una amenaza mucho más amplia se la protege manteniendo su valor de denuncia.  El tercer paso consiste en enfrentar al pueblo con la clase responsable de la crisis: "la apelación al pueblo". En su núcleo el populismo necesita enfrentar al pueblo con la estructura dominante en el poder. La narrativa populista forzosamente es "del pueblo", nunca del sistema. En su relato, el pueblo ha sido olvidado o estafado por el sistema, por cuyas fallas se precipitó la crisis. Así, el populismo crea una imagen del pueblo como la parte agraviada o víctima de enfermedades debidas a la negligencia del sistema. Aunque otras formas de populismo se construyen sobre la inseguridad económica y social, el populismo médico enfatiza las amenazas a la salud pública. Los señalados como responsables suelen ser el Estado, los médicos o la industria. A los médicos se los presenta como un colectivo que abusa de su conocimiento para obtener poder y ganar dinero a expensas de los pacientes. Un ejemplo de esta manipulación es el cínico recurso de exigir la transferencia del poder al puedo ("empoderar al pueblo, ya!") o exigir un cuidado centrado en el paciente. Estos reclamos, lícitos en el juego de una sociedad democrática son utilizados por el populismo para presentarse como el verdadero defensor del pueblo cuando en realidad su objetivo es el llamado "bienestar del chovinismo". La misma manipulación paranoica se aplica a las autoridades y a la industria, las que suelen ser denunciadas como agentes carentes de moral que lucran con la salud popular. El cuarto paso es el uso inteligente de los medios para la puesta en escena de la denuncia y del vigoroso reclamo por la salud popular. Moffitt llama a esta etapa "protagonizar la crisis". Utilizando como ejemplo una obra de teatro, el autor señala que el líder populista ya ha escrito su guión, eligió quienes serán las víctimas y quiénes los responsables. Ahora debe "representar" la crisis y para ello elige su escenario: los medios. Las crisis sanitarias evocan los miedos atávicos más profundos de sufrimiento y de muerte. A diferencia de otras situaciones, las crisis sanitarias permiten al populismo reclamar la mayor aceleración posible en el cumplimiento de sus demandas. Para ello debe recurrir a los medios de difusión profesionales y, fundamentalmente, a las redes sociales. Los medios profesionales, invocando el derecho de la gente a estar informada, colaboran manteniendo vivo el espíritu de la denuncia inicial, utilizando a su favor la inexperiencia de sus invitados, o a través de editar reportajes. Por su parte, las redes sociales, por sus reglas de juego, se han constituido en el medio ideal para la difusión acrítica que requieren las campañas populistas. La característica principal de su discurso es que el mismo sea simple. Aunque se presente a la simpleza como consecuencia de venir directo del corazón del líder, en realidad es producto de técnicas sofisticadas de comunicación y de perfilamiento previo de los futuros receptores. El estilo del discurso populista devalúa la complejidad a través de prácticas retóricas de simplicidad, del abordaje directo, apoyado en el "sentido común", a menudo acompañado por un anti-intelectualismo explícito o por una epistemología popular. El populismo sanitario trabaja con la reacción visceral al pánico moral mediante la exageración de las amenazas a la salud pública, a la vez que ofrece soluciones "sencillas" a problemas complejos. La dramatización de esta puesta en escena es indispensable para subrayar la urgencia de la situación.  El quinto paso consiste en presentar soluciones simples a problemas complejos y ofrecer un liderazgo fuerte capaz de cumplir con el desafío en el tiempo prometido. Una vez que se creó y se propagó la sensación de crisis sanitaria, el líder populista debe presentarse como el portador de propuestas sensatas y concretas. Durante esta etapa debe quedar claro que las autoridades son ineptas y que hacen oídos sordos a las necesidades del pueblo. La red sanitaria institucional es presentada como un mero mecanismo burocrático más preocupado en cuidar el status quo que de la gente. El tiempo que requieren las estructuras orgánicas para adoptar medidas eficaces y eficientes es tildado de injustificado, pues "son incapaces de darse cuenta de la gravedad del peligro". La simpleza de las soluciones, expresadas por la sobre - simplificación procedimental e institucional, es inherente al populismo. La eficacia de la estrategia populista exige negar la aceptación de causas sistémicas como explicación de problemas complejos, prefiriendo señalar a un culpable. La razón de la simplificación de la realidad se debe al manejo de los tiempos que impulsa esta estrategia. El bombardeo de información liberada en un corto tiempo impide que el público objetivo pueda procesar la enormidad de datos que le son arrojados. Si se suma el miedo que genera la campaña de desinformación, se entiende que las soluciones propuestas no puedan ser elaboradas, sino que necesitan poder ser presentadas para su implementación inmediata. El sexto e imprescindible paso es la propagación de la crisis. La estrategia populista requiere de la renovación periódica de la crisis. La simpleza con que se fabrica la crisis y la insistencia fanática en la necesidad de tomar medidas "ya" presionan al líder populista para brindar de inmediato resultados tangibles a "su pueblo". Esto es un desafío para el líder, quien no puede decir al "pueblo" que sus medidas van a requerir más tiempo que el prometido, pues estaría negando la validez de su argumento respecto a que toda demora en atender la causa del pueblo se debe a la incompetencia y falta de sensibilidad de la clase gobernante. Agotada la estrategia de "la herencia maldita", más temprano que tarde el líder populista debe ser capaz de descubrir o una nueva falla que no le sea imputable a él o elegir un nuevo "villano" al cual hacer responsable por la pérdida de tiempo, estrategias estas que le permitirán diseñar una nueva crisis.

En un artículo donde se comparan las estrategias de cinco países (Alemania, Dinamarca, Italia, Turquía y Reino Unido) para enfrentar al populismo sanitario se propone un cuestionario que consta de 4 preguntas: a- confianza en el sistema sanitario nacional; b- satisfacción con el sistema sanitario; c-confianza en el cuerpo médico y d- grado de acuerdo con la sentencia "A los médicos les importa más ganar plata que la atención de sus pacientes". En las conclusiones se destaca que Alemania y Dinamarca están protegidas del populismo sanitario por su acento en el valor de la salud como un bien público destinado a todos los ciudadanos, apoyado por un fuerte apoyo financiero por parte del Estado y por la libertad de los usuarios para la elección de sus prestadores.(2)

Como señalan Lasco y Curato en un artículo reciente, hay múltiples lecciones que los partidos democráticos deben adoptar respecto a los sistemas de salud de sus países.(3) Lo primero a tener claro es que el populismo sanitario no es una anécdota, sino que llegó para quedarse, por lo que se hace imperativa la mejora en las estrategias de comunicación de los temas sanitarios, en especial de aquellos más susceptibles de ser convertidos en una crisis. Se debe dedicar especial atención al mantenimiento y profundización de los lazos de confianza entre la sociedad, los profesionales de la salud y las autoridades sanitarias. La velocidad de difusión de los nuevos conocimientos médicos a través de redes informales facilita que se generen hiatos de información. Estos espacios sociales constituyen áreas de riesgo en tanto que la falta de información veraz es un caldo de cultivo para quienes buscan lucrar con la necesidad de la gente de ponerse a cubierto de una amenaza. Por último, se debe tener bien claro que la estrategia populista no pasa solo por inventar una crisis, sino que por el contrario sus líderes son muy astutos para identificar situaciones que pueden convertirse en una crisis.

En nuestro medio en los últimos tiempos hemos asistido a múltiples ejemplos de populismo sanitario, siendo la política de racionalización de las prestaciones asistenciales del Fondo Nacional de Recursos la víctima más frecuente.

Los administradores sanitarios no pueden permitirse el lujo de permanecer en una posición de comodidad negando las evidencias del riesgo del populismo o adoptando respuestas burocráticas e ineficaces. Es imprescindible que, a diferencia de la actitud ineficaz adoptada con el tema de la seguridad de los pacientes, se dispongan a liderar una propuesta proactiva.

Está en juego la salud de la población.

 1 - B Moffitt. How to Perform Crisis: A Model for Understanding the Key Role of Crisis in  Contemporary Populism. Government and Opposition. 2015; 50(2): 189-217

2 - E Pavolinia, E Kuhlmann, TI Agartand, V Burauf,R Manniong, E Speed. Healthcare governance, professions and populism: Is there arelationship? An explorative comparison of five European countries. Health Policy. 2018;122(10):1140-1148. 

3 - G Lasco, N Curato. Medical populism. Social Science & Medicine.2019;221: 1-8



Dres. Homero Bagnulo; Carlos Vivas


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