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El simbolismo de Notre Dame de París en llamas

Marcelo Marchese

22.04.2019

Podría decirse que el incendio del 15 del 4 no fuera un atentado sino un accidente, entendido como un acto fallido, que significa que a pesar de nuestra consciencia, nuestro inconsciente nos obliga a hacer algo como prender fuego a la catedral principal, más compleja y más cargada de contradicciones de Europa, precisamente en el inicio de la semana crucial del cristianismo.

Sin embargo, nadie puede decir que un Presidente hace declaraciones no pensadas y razonadas, como fue, en pleno incendio, cuando ningún policía ni nadie podía entrar a averiguar cuál fue el origen del fuego, decir que todo se debió a un accidente. Si eso no genera sospechas, nada genera sospechas.

Ahora bien, dejemos en suspenso si lo sucedido fue o no un atentado y vayamos al simbolismo del fuego en la catedral en esa fecha ritual.

 

¿Qué fue el cristianismo?

 

Las religiones nacen de las religiones, así como las culturas nacen de las culturas. El vasto conjunto de transformaciones que van desde el heteróclito mundo de la filosofía griega, hasta los cambios operados por el imperio romano, hicieron que de una religión como el judaísmo, naciera una secta que enfrentara el dogma judaico. Toda aquella rigidez, aquel mandato de lapidar a una mujer adúltera, es combatida por El hijo del hombre que absuelve a las prostitutas diciéndoles que han amado, y enfrenta a los escribas, a los doctores de la ley, a los que interpretan el dogma establecido en un libro que todos deben seguir y los enfrenta por medio de su enseñanza oral, que es una enseñanza que jamás puede servir para un dogma, pues las palabras orales son palabras libres, y el dogma son palabras escritas y muertas. Los escribas, la religión oficial, teme la irrupción de una religión libre que la desafía.

Al mismo tiempo, el pueblo judío enfrenta el dominio romano y ante él, nacen diferentes corrientes, como la de los zelotas, partidarios del enfrentamiento armado. Cuando el imperio romano le da a elegir a los escribas a quién liberar, si a Cristo o a Barrabás el sedicioso, optan por Barrabás el sedicioso, pues un líder que proclama un cambio en la organización política es mucho menos peligroso que uno que abarca un cambio en la espiritualidad, pues la espiritualidad lo rige todo.

Tras la cruz y la resurrección, el cristianismo se extiende por todo el imperio romano con una fuerza arrolladora y se convierte en la religión de los esclavos, la religión que proclama que todos los hombres somos hermanos y de ahí su poder, pero ante un poder amenazante, el imperio romano actúa como ha actuado el poder a lo largo de su historia: la mejor forma de anular una corriente revolucionaria es absorberla y así nace la Iglesia Romana, cumpliéndose, precisamente, la profecía de Cristo, que le dice a Pedro que lo traicionará tres veces antes de que cante el gallo.

El pensamiento de Cristo no lo conocemos sino por los evangelios escritos años después de su muerte, cuando se fijan aquellas palabras orales que traía el viento, para que de esa manera se las lleve el viento. Si unas palabras se escriben para ocultar un pensamiento, en el proceso de ocultar, se revela el pensamiento, pues todo aquello que oculta una cosa, comparte en algo la esencia de la cosa.

Así tenemos una nueva espiritualidad y al mismo tiempo, una Iglesia que nace para asesinarla y por lo tanto, la religiosidad que emana de esa contradicción es contradictoria, y en rigor, todo es contradictorio, todo es infinitas cosas. La Iglesia quiere reglar, dogmatizar, nuestro vínculo con las leyes de la vida, y el cristianismo pretende volvernos a ligar, como toda religión, con las leyes de la vida, ya que religión significa religar. Este impulso vital del cristianismo explica obras como las de Dante, Leonardo, Bach, Cervantes, Baudelaire, van Gogh, Dostoievski y Tarkovski y, por supuesto, la de todos aquellos que hicieron Notre Dame de París.

 

Una catedral que contiene nueve siglos

 

Notre Dame contiene al inicio menos estilizado del gótico, al gótico pleno y en suma, contiene lo que le fueron agregando los siglos, como si habláramos de una pintura realizada durante un milenio o de un cuento. Diferentes personas, diferentes épocas, imprimieron diferentes formas que llevan a una forma, la forma de Notre Dame y si diferentes estilos imprimen diferentes formas, diferentes pensamientos, diferentes corrientes de pensamiento de la rica Historia del pensamiento de Francia están plasmadas en esa catedral. Notre Dame, en suma, es la historia de Francia, pues antes allí hubo un templo de Júpiter y antes un templo druida. Las Iglesias se construyen donde antes hubo templos, y los rituales de las religiones se establecen sobre los rituales de las antiguas religiones.

 

La imagen

 

Notre Dame está rodeada de ese elemento femenino por excelencia que es el agua. Difícil encontrar una imagen más compleja y rica que una Catedral rodeada de agua prendida fuego. Difícil es también imaginar que las alarmas antiincendios fueran desatendidas y que justo el desastre empezara cuando el lugar quedaba vacío, pero sigamos con el estudio de la imagen.

En el yin yang, el blanco tiene un punto negro y el negro tiene un punto blanco, con lo que se hace evidente que la vida comporta muerte y la muerte comporta vida y lo femenino tiene algo masculino y lo masculino tiene algo femenino. Lo que ha caído es el falo de Notre Dame, pues el fuego devora hacia arriba. Si un palo ardiente lo situamos en sentido vertical se consumirá más rápido y lo masculino es lo vertical, que luego de desfogado, se apaga o queda debilitado, cuando su opuesto, lo horizontal, lejos de debilitarse quiere más, pues el fuego tarda más en consumir lo horizontal. Lo que ha caído es el poder masculino inscripto en el vasto poder femenino de Nuestra Señora de París.

Esta caída se da al atardecer, pues asistimos a un declinar de la civilización para que nazca algo "nuevo", una cosa que por nueva, no tiene nada de maravillosa. Ante el declinar de la civilización y ante el declinar del cristianismo, entrelazado con la Historia de la civilización occidental, vendrá la noche, es decir, este 15 de abril, la fecha que coincide con la del nacimiento del artista por excelencia de nuestra civilización y nuestro principal humanista, es la fecha cardinal del cambio de época.

 

La TV y las donaciones

 

Todo ocurrió en esa pequeña isla y ocurrió en todas partes al mismo tiempo por obra y gracia de la televisión que, suponemos, habrá recabado ganancias fabulosas. Así como el primer avionazo contra las Torres Gemelas permitió que las cámaras tomarán en vivo el segundo avionazo para que todos lo viéramos y nos llegara el mensaje, igualmente Notre Dame de París ardió a la vista de Occidente, pero a una hora espectacular, a la hora de mayor audiencia, la hora de los partidos de fútbol de la Champions League.

De inmediato los filántropos, es decir, los millonarios de Francia, vinieron al salvataje de la cultura, aunque en realidad el salvataje correrá a cargo del pueblo francés que tendrá que bancar los impuestos que no pagarán los millonarios exonerados por su obra benéfica, sin embargo, el mensaje será otro, es decir, "la realidad" será otra.

 

El que acecha en el umbral

 

Una Iglesia, se sabe, no es algo que concite demasiadas simpatías y sobran motivos para no tenerle demasiadas simpatías, sin embargo, no fueron construidas por el Espíritu Santo, sino por personas de carne y hueso a lo largo de los siglos y todos ellos contribuyeron a una gran obra de arte, a un emblema de nuestra civilización.

Lo que declina entonces es un emblema de nuestra civilización que reúne a un tiempo a la Iglesia, el cristianismo, las diversas doctrinas cristianas, las diversas doctrinas en la Historia de Francia, toda su Historia, el culto pagano a la Virgen María que es el culto a la Diosa que rescata el cristianismo y por último, a la creación artística, a ese trabajo sobre la materia que hace el hombre como tributo a la vida, como terapéutica y para burlar a la muerte.

Hacen mal quienes piensan que esto no es nada comparado con la muerte de un hombre, pues un hombre también es las cosas que hace y no muere mientras esas cosas pervivan, y algo murieron todos esos hombres que erigieron Notre Dame por nueve siglos.

Si el lector prefiere para mitigar su dolor, pensar que todo ocurrió por accidente, la palabra que se usa cuando se nos escapan las causas de los fenómenos, sea. En ese caso llegaríamos a un gran accidente colectivo, a un gran acto fallido, a una gran obra de un inconsciente colectivo, pues a una empresa que cobra fortunas se le escaparon las normas de seguridad, y las alarmas se activaron mal y las cosas ocurrían cuando casi no había gente, y los mecanismos de seguridad establecidos fueron un verdadero desastre, y misteriosamente a los bomberos se les prohibió declarar a la prensa.

Si el lector opta por pensar que una mano inteligente se encuentra detrás de este siniestro, debe advertir que alguien medra y vigila y piensa cuando los demás duermen. Justamente, de Leonardo, la cima alcanzada por el hombre, se dijo que camina en la noche cuando todos dormimos. Ahora, el que acecha en el umbral del gran cambio de siglo medra, vigila, piensa y actúa con toda meticulosidad y acorde a un plan establecido y necesita destruir nuestras herramientas culturales y nuestro vínculo con lo sagrado, para dar inicio a una nueva época, que con toda justicia deberá llamarse Edad Oscura.

Este atentado que supera el atentado político de las Torres Gemelas, es un continuar aquel atentado y ampliarlo a las construcciones culturales de la humanidad. En aquel, hubo que inventar un responsable que por eso mismo se convirtiera en víctima. En éste, el responsable se mantiene y mantendrá oculto y las víctimas seremos nosotros, y los efectos serán más devastadores en tanto no tomemos consciencia de la agresión. Permaneciendo ciegos ante él, se concretará el objetivo de alterar el discurso de nuestro inconsciente, y se concretará el objetivo de alterar el discurso que nos permita volver a ligar nuestras vidas con la Naturaleza, y con nuestra Naturaleza.



Marcelo Marchese

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