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Daniel Vidart y el amor a nuestra tierra

Marcelo Marchese

17.05.2019

No hace mucho Daniel me escribió lo siguiente: "Hola Marcelo: ya cruzamos espadas; hagamos ahora lo mismo, como amigos, recurriendo al pensamiento acerado, que sabe cortar las espinas antes de saludar las flores. Un saludo a tu inteligencia, un abrazo a tu persona moral".

Fue un gesto muy lindo que nos permite entender a cabalidad la figura de Daniel Vidart, pues las espadas se habían cruzado sin piedad, pero él tuvo la sabiduría de ver lo sustancial y lo que es más importante, tuvo la sabiduría del hombre que tiende la mano como un hermano en aras de un propósito superior: pensar nuestras cosas, pensar sin miedo, usar del filo de las palabras todo lo que sea necesario, y usarlas sabiendo saludar las flores, y una flor para mí fue esa carta inesperada de Vidart, y creo que muchos sentimos que hemos perdido a una de nuestras flores, aunque esto sea un pensamiento errado, las flores no mueren si las hacemos nuestras.

Tenemos como algo nuestro, todo lo que escribió Daniel, para que lo pensemos y lo discutamos, para que entremos a saco con espadas aceradas, como corresponde a la inteligencia que busca la verdad, y también, para que podamos abrazarnos con su personal moral, esa otra faceta de la verdad.

No sólo importan aquí las cosas que ha dicho, importa también el que las haya dicho, pues el hombre no ha nacido para guardarse lo que le ha enseñado la vida, sino para compartirlo, para devolver a esa fuente que es la humanidad, las palabras enriquecidas por la poesía.

Creemos que esta libertad del pensamiento que disfrutamos es una conquista eterna, pero no hay conquistas eternas, la libertad, así como nuestra identidad, es algo que debemos proteger y conquistar todos los días, y los tiempos que se avecinan nos exigen estar en guardia y afilar la espada de la inteligencia.

Los cambios ocurren de manera acelerada, como corresponde a todo inicio de un nuevo ciclo histórico y en este proceso, las aves de presa se llevarán en sus garras nuestras riquezas, incluyendo en esas riquezas nuestra cultura, esa flor del pensamiento. En tanto sobre la piedra de la cultura afilamos nuestras espadas, la lluvia de chispas iluminan por un momento la escena permitiéndonos apreciar los elementos tenebrosos, al mismo tiempo que nos permite valorar lo que hemos recibido.

No tuvimos ocasión de seguir cruzando espadas en privado con Daniel, pues primero que nada lo invité a formar parte del Movimiento ciudadano que se opone al Contrato ROU UPM, cosa que aceptó, y luego nos dedicamos a hablar de las cosas que teníamos en común, las cosas que uno sentía que el otro también sentía, comenzando por el amor a nuestra cultural rural y el amor a nuestra tierra, pues uno no tiene muchas ocasiones en esta vida de hablar de sus sentimientos, y hablando de estas cosas, me envió el siguiente poema que es precioso por su pureza, un poema que ahora también forma parte de esa piedra donde debemos afilar nuestras espadas, y que me envió acompañado de esta introducción: "Como muestra de agradecimiento a tus bienvenidas palabras y testimonio de cariño a nuestro bello terruño, te envío este poema escrito a los 17 años. No importa la edad del poeta y sí la intensidad no patriotera de su cariño. Un fuerte abrazo sanducero que equivale a dos docenas de los cotidianos"

 

CANTO DE AMOR A MI  PATRIA

Piso de nuevo  tu delgada tierra,
hundo mis labios en tu carnal  gramilla,
y el viento, como un indio, desde la sierra
me lanza su caliente flecha amarilla.

Patria andante , me pierdo por tu río
escuchando guitarras de panales;
pongo mi mano sobre tu abierto estío
y siento un pulso fresco de manantiales.

Patria breve, ¿qué tienes mi pequeña
que el rumor de tu nombre me quebranta?
Digo Uruguay y una silvestre leña
me hace hogueras de miel en la garganta.

Patria tibia, me acuesto en tu regazo
de humos tranquilos, de malvones rojos:
déjame dormir ceñido por tu abrazo,
quiero  morir mirado por tus ojos.

Patria mía, ahuécame tu ala,
dame la bienvenida de tus besos
y ayúdame a volar igual que una luz mala
desde el calcio desnudo de mi hueso.

Qué así de nuevo en la tiniebla pura
será tuyo mi amor sin desconsuelo:
como un verso  de adiós a tu hermosura
escribiré tu nombre sobre el cielo
.

 



Marcelo Marchese

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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