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“Hacete cargo, hermano”

Carlos Pérez

20.06.2019

EL JUEZ SERGIO MORO, LULA,  THE INTERCEP BRASIL, O DE LOS PERIODISTAS URUGUAYOS QUE SE OLVIDARON DE LA SOLIDARIDAD CON UN COLEGA  AMENAZADO POR SUS INVESTIGACIONES.

 

"El Juez Sergio Moro a Dellagnol:  -¿Las acusaciones a Fernando Henrique Cardoso, son serias? Fiscal Dellagnol a Moro: -Tienen mucho olor a mierda- Moro a Dellagnol: Entonces vamos a abrir una investigación, así simulamos imparcialidad. Pero la archivas rápido."

Este texto (que parece salido del guión de una serial de Netflix- recordamos "House of Card" o "El Mecanismo") recién sale del horno, y forma parte de la abrumadora cantidad de diálogos hackeados por el periodista estadounidense Glenn Greenwald, de un chat en grupo de Telegram, de acceso restringido a los usuarios. Los mensajes revelan la escandalosa implicancia del Juez con el Fiscal de la causa Lula- Oderbrecht , quienes no solo asumen su autoría, sino que además (con insultos y amenazas) la emprenden contra quien tuvo la osadía de dejarlos muy mal parados (¿será por aquello de "maten al mensajero de la mala noticia"?), ante Brasil y ante el mundo. La bien urdida componenda, va desde la intervención  (inconstitucional) de un juez en funciones privativas de la fiscalía, para la formación de la prueba documentaria y testimonial, hasta el ajuste de tiempos precisos en que, de acuerdo a plazos y momentos de instancias procesales, se debían presentar dichas pruebas y atender las demandas de fiscales y abogados defensores. Esa  "mierda"  contaminaba, con su infecto olor, al mismísimo ex presidente Fernando Enrique Cardoso, aunque la propia conversación confesaba ese acto como una simulación para aparentar ante la opinión la imparcialidad de Moro. Todo bien pensado, controlado y hasta cronometrado, para tejer la urdimbre del operativo con garantías de éxito. Que lo obtuvo, pero que ahora está en entredicho, porque no contaban con la tecnología de los hackers metidas en la escena política internacional por Julian Assange. No es extraño: El propio Glenn Greenwald integró la empresa Wikileaks en otros tiempos. El discípulo está sufriendo el mismo escarmiento que el maestro. El imperialismo y la rosca que lo adopta y respalda cierran sus defensas.

Cuando comenzó el trabajo de un Juez decidido a meter preso al hombre que en ese momento encabezaba las encuestas de candidatos a la Presidencia de Brasil, en Uruguay, gran parte de la oposición, más varios "analistas" y periodistas, tomaron partido abierto a favor de una campaña "contra el presidente más corrupto de la Historia de Latino América", según palabras de un connotado político uruguayo y de varios periodistas que lo corearon. La diatriba y la acusación, en nuestro país, donde nadie da puntada sin hilo, iban dirigidas, por elevación y por tabla, a los "amigos de Lula", por aquello de "dime a quién apoyas y te diré quién eres". Por entonces lo que investigaba y afirmaba Moro en las sesiones judiciales, estaba fuera de cualquier cuestionamiento a su integridad y a su imparcialidad como magistrado. Cualquier observación en tal sentido, era de inmediato arrojada al estercolero de las "excusas y justificaciones de la izquierda corrupta" de aquí y de acullá. No se podía decir ni mu. Si insinuabas una tibia desconfianza en los procedimientos, o dudas acerca de las personas que operaban, o estabas contra la pureza patriótica personificada en aquel valiente magistrado, o estabas con la corrupción entronizada en los partidos de izquierda, traidores a las esperanzas de los pueblos.

Pero no todo estaba tan claro, y el olor a excremento venía haciéndose insoportable. Ya la serie "El Mecanismo", recomendada por varios medios como la gran historia de la lucha de los buenos contra los malos, venía nutrida de pre- juicios éticos y morales y disparates estereotipados, poco serios. Antes mismo de conocerse las pruebas, Lula ya era un criminal, representado por un actor con pinta y poses de delincuente corrupto, ejecutando el papel de un jefe narco, al mejor estilo mafia colombiana o italiana. La serial, muy recomendada también en Uruguay, jugó un papel decisivo en el impulso a la siguiente fase de la operativa de Moro: sacar a Lula de la carrera electoral en Brasil. La tercera y decisiva sería meter al "monstruo nazi" (las palabras no son mías, son del Alcalde de Londres) en la carrera en la que el principal contrincante estaba atado de pies y manos. En todo el tiempo, prestigiosos abogados brasileños, y de otros países, señalaron que ese procesamiento tenía falencias, las que podían ser advertidas por un observador atento, aún sin conocimientos jurídicos. Bastaba con tener un poco de sentido común y algo de racionalidad en su análisis. Aun así, acá, en nuestro país, algunos periodistas incursionaron con desparpajo en argumentaciones propias de especialistas. A uno de esos periodistas, de un programa de una radio con mucho prestigio, escuchamos jactarse de que llegó a la conclusión irrebatible de que Lula era un corrupto y culpable de las acusaciones, "porque él se había tomado el trabajo de leer toda la sentencia del Juez Moro (más de 600 páginas) referida al caso". Esa sola lectura le habilitaba a opinar sobre el caso, con argumentos de especialista en esos temas. Sería como decir que quien lee El Quijote, ya se puede considerar un gran escritor. Imaginemos la respuesta de Don Quijote, si su fiel Escudero le hubiera planteado eso.

- Querido Sancho, el haber leído toda la sentencia te sirve para demostrar que eres un gran lector de sentencias, pero no te hace un especialista en derecho penal, y ni siquiera un conocedor del Derecho a secas.

Las debilidades de las pruebas presentadas son varias, pero se puede resumir en dos o tres grandes rubros, según manejan esos juristas. Los tiempos procesales, analizados desde el punto de vista de las garantías del debido proceso, estuvieron afectados en varias de las fases judiciales. Las instancias procesales se adelantaron en el tiempo, aún cuando no había pruebas formadas y la Fiscalía (hoy se sabe que con ayuda del juez de la causa) debió trabajar a destajo y contra-reloj para elaborarlas, cuando ya el reo había sido imputado y encausado. Como quien dice: vamos haciendo la chanchada sobre la marcha, en la medida que vayamos viendo como viene la cosa. Un total contrasentido legal, jurídico, constitucional, y hasta ético. Es decir: las pruebas y testimonios se iban sumando en la medida que se necesitaban (hoy sabemos, por auto confesión, que era en la medida en que se inventaban). Con esas pruebas de la Fiscalía así elaboradas, el Juez Moro jamás pudo demostrar que el apartamento, que supuestamente le regalaron (la empresa OAS) como premio al Presidente Lula, integró en algún momento su patrimonio, o fue utilizado por él como vivienda, o por algún familiar o testaferro. Los testigos no daban ninguna garantía de veracidad y Lula repitió decenas de veces en el juicio (todos vimos el video) que ese inmueble no era suyo. El juez Moro no lo escuchó e insistió, muchas veces, en que Lula debía responder "cuando firmó la aceptación de ese apartamento". La repetición es un método que hace entrar ideas en las mentes. Y más si viene desde una palabra deificada. Repite muchas veces una mentira y la gente creerá que es verdad.

Bastaría, para derribar esa prueba (además de los varios argumentos utilizados por la defensa de Lula que son muchos y es imposible resumirlos), decir que hace algunos pocos días, el verdadero propietario del apartamento reclamó su dominio, pues pretende ponerlo a la venta. Está seguro el dueño que, después de la propaganda de gratarola que le hicieron en el proceso visto por el mundo, su venalidad será altamente resarcida con una beneficiosa venta. Seguramente muchos grandes capitalistas y/o empresarios querrán vivir en un apartamento histórico, que permitió sacar de circulación al líder de masas más popular del planeta. Aunque, a esta altura, ese inmueble está más bien destinado a figurar en la Historia Universal de las infamias borgianas, que en otro tipo de historia un poco más digna.

La fragilidad de esta prueba (al igual que el sistema de las delaciones premiadas) no es la única vergüenza que enfrenta el Juez Moro (dudamos si la tiene), ante la comunidad jurídica brasileña e internacional. Ni es la peor. Quizás lo peor sea su reconocimiento explícito de que en definitiva, por convicción moral, está seguro de que Lula es el jefe de la mafia corrupta que manejó y se apoderó de dineros del Estado brasileño, siendo el Presidente de la República. Así nomás: ¡por convicción!

Tesis a la que también se enancaron algunos analistas uruguayos. Y se escuchó decir que "por más que me digan que Lula es inocente, un Presidente de la República no puede desconocer los actos de corrupción que hacen sus funcionarios, por lo tanto es culpable. Y chau". Y como no había pruebas del conocimiento de Lula sobre esos actos, y el Juez Moro no encontró el resorte jurídico que le permitiera fundar la culpabilidad genérica, o culpabilidad objetiva del Presidente, entonces decimos que "estamos convencidos que Lula estaba al tanto de lo que pasaba". No hay pruebas, pero estamos convencidos.

Recordemos que "por convicción" (religiosa, moral, ética o política) fallaban los tribunales de la nefasta INQUISICIÓN católica y los tribunales estalinistas en la peor época de las acusaciones de traición a la Patria y al Socialismo, con el comisario Beria (otro émulo de Zeus) Y sentenciaban los tribunales hitlerianos contra los enemigos del régimen, o dictaminaban las Comisiones del Senado de EEUU contra los infiltrados comunistas y sus aliados en la sociedad estadounidense, dirigidas por el inefable Senador Joseph McCarthy. La convicción de varios jueces y fiscales de almas y vidas, y esgrimida por muchos dictadores, envió al cadalso, a la prisión, al suicidio o a la hoguera, a millones de seres humanos. Pagaron con sus vidas por caer en manos de seres como el Juez Moro, y su modus operandi.

Entonces el problema, para quienes ayer se jugaron por una causa que creyeron justa, ya no es el de reconocer que se equivocaron con Sergio Moro. Acá hay mucho más que simplemente defender a Lula, aunque no fuese de nuestra simpatía, porque tampoco es lo que se pide. Lo que hay que jugarse es por las garantías del debido proceso para los acusados, porque eso es lo republicano, lo constitucional y está en los principios generales del Derecho en los países con gobiernos, jueces, parlamentos y medios democráticos. A los  derechos no se renuncian, y se defienden para quienes sean y donde sean.  Por lo que hay que jugarse, y más tratándose de aquellos que se jugaron por la libertad de prensa, de opinión y de investigación de los periodistas, es que allí, en Brasil, están acosando a un periodista por querer demostrar la verdad. Y aunque esa verdad obligue a reconocer que se apresuraron a defender una causa, no deberían ahora dejar de manifestar su solidaridad con un colega perseguido en función de su trabajo. Esta omisión y este silencio estentóreo ya pasa a ser más que una confesión de parcialidad, ya es una confesión de que la democracia y sus principios les sirven solo cuando condimentan sus posturas políticas e ideológicas. Y así no vale; hay que hacerse cargo.

 

Carlos Pérez Pereira



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