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El FA es el instrumento

Fernando Gil Díaz

10.07.2019

Pasadas las elecciones internas en todos los partidos empezarán “a acomodarse los zapallos en el carro”, es la instancia lógica tras una elección que determina quiénes disputarán la carrera electoral en octubre.

Particularmente, en el Frente Amplio se dio una peculiar instancia en que el vencedor no consideró pertinente elegir a la segunda en la contienda como acompañante de su fórmula (algo que también hicieron los vencedores de los demás partidos) y eso generó un sinfín de opiniones -propias y foráneas- que intentaron echar leña a un fuego interno que, tengan más que claro, lo resolveremos nosotros, los frenteamplistas. El mostrar los chisporroteos internos del FA con tanta insistencia no hace otra cosa que disimular los líos que enfrentan los partidos de la oposición, que si algo han dejado claro es que sólo les impulsa el deseo de sacar al Frente Amplio del gobierno. Ávidos por hacerse de la torta enriquecida que se generó en esta década y media. Así las cosas se olvidan que estamos nosotros, los frenteamplistas, las bases, los militantes, esos que son la fuerza misma y el motor principal de esta "colcha de retazos". Una fuerza de la que no podrán entender nunca su fraternidad en la diversidad, que tendrá sus roces pero que pone primero al interés colectivo por encima de los de cada sector. El FA es el instrumento, lo saben ellos pero -fundamentalmente- lo sabemos nosotros, los frenteamplistas... 

A militar se ha dicho

En el período anterior "el susto despertó al mamado", según algunos, para mí fue una lógica consecuencia de una población que disfruta los logros obtenidos durante los gobiernos del Frente Amplio. Los salarios crecieron y dinamizaron el comercio interno, los mercados se ampliaron y blindaron a una economía otrora dependiente de la suerte de sus vecinos y hoy sortea crisis regionales y mundiales gracias a esa multilateralidad comercial. Su macroeconomía sigue siendo confiable a los ojos de los auditores internacionales y de los inversores (que siguen apostando por nuestro país para sus proyectos comerciales). Más allá del enlentecimiento del crecimiento económico forzado por un contexto mundial recesivo, Uruguay sigue siendo elegido por inversores internacionales para sus proyectos y se muestra como una isla en una región con panorama económico incierto.

A estar por los vaticinios de algunos -muy mediatizados por un bloque opositor que marca la agenda- el cuarto gobierno estaría en duda, mientras que, por el directorio del Partido Nacional, se frotan las manos haciendo augurios de victoria proyectando la transición por adelantado. 

Como de niño me enseñaron que "no es bueno vender la piel del oso antes de cazarlo", (lo que en uruguayo se traduce en "no camisetear victorias antes que termine el partido"), soy cauto en los pronósticos y creo que las victorias se construyen todos los días. Y, precisamente, porque fueron casi 15 años de construcción y acumulación de pequeñas victorias llegó la hora de la militancia, de las bases, pues son las más acreditadas para defenderlas. Es hora de salir a hablar de esas conquistas que hoy son la base de una agenda que solo puede asegurar un nuevo gobierno de izquierda y no los que pretenden restaurar aquel Uruguay que nos dejaron en el 2004.

No se trata de ganar por ganar, ni de mantener privilegios de ningún tipo, se trata de continuar creciendo en derechos, de garantizar un rumbo económico que nos blindó de las crisis -esas que siempre sufren las clases más desprotegidas y que solventan los trabajadores-, se trata de continuar el proyecto de un país que aspira a dar un salto de calidad con mejor infraestructura, con respaldo energético sustentable que permita sumar valor agregado a nuestros productos, que mueva nuestra economía.

Coalición y movimiento

Los que hoy critican y salen a hablar de la interna frenteamplista, se olvidan que están hablando de un partido cuya base principal es la de ser coalición y movimiento, es decir que no solo se trata de los sectores -que son una pata de la institucionalidad- pero son solo una parte, la otra, la fundamental diría, son las bases. Esos cientos de miles de militantes de todas las horas que hacen parte de las decisiones y que son capaces de emitir mensajes de unidad cuando aparecen nubarrones de conflictos y que se encargan de demostrar con sus acciones, que están para defender un proyecto que es mucho más importante que cualquier sector aislado.

El Frente Amplio ha sido el instrumento que hizo posible la llegada de la izquierda al gobierno, la herramienta que permitió acumular voluntades de sectores políticos y bases militantes que se encolumnan detrás de un programa único al que construyen colectivamente (antes -incluso- que la fórmula presidencial). Y es así no más... pues a estas elecciones internas se llegó con ese punto principal ya resuelto lo que hizo menos atractiva la instancia por cuanto los 4 candidatos tenían el mismo libreto y solo se debía resolver quien sería el responsable de ponerlo en práctica en un próximo gobierno.

Culminada la elección interna se tomaron decisiones en los tres partidos mayoritarios que fueron en contra de otras instancias similares por cuanto los candidatos ganadores no eligieron al segundo para integrar la fórmula. Así Lacalle Pou optó por Beatriz Argimón en la misma noche de la elección, fiel a una práctica efectista acostumbrada que no solo evitaba poner al convidado de piedra blanco (Sartori, segundo en la instancia), sino que daba una guiñada a Larrañaga con el ninguneo y hacía paritaria la fórmula (primereando al FA que ya tenía decisión plenaria tomada a ese respecto). Por su parte el Partido Colorado no resolvía esa noche -al igual que el FA- y también optaría por otro cuadro interno sin apelar al segundo de la contienda (Sanguinetti). En tanto en el Frente todo indicaba -a priori- que Cosse podría ser la elegida, ya que no solo fue la segunda en la elección sino que era la única mujer de los 4 candidatos. Sin embargo el vencedor se tomó el tiempo de consultar a los sectores -en una mediatización que fue cuestionada en la interna- y optó por elegir a una mujer proveniente de las bases, con militancia política y sindical que llegó a ser edila y presidenta de la Junta Departamental. Un ejemplo claro de la importancia que tienen las bases en la estructura del FA.

Hoy, cerrada esas discusiones, sólo resta la confirmación de la candidata propuesta por parte  del Plenario del FA. Algo que ya se descuenta por más que en los días previos se escucharon voces discrepantes con la decisión, hechas en la previa a esa instancia como un desahogo y una expresión de libertad de pensamiento que hacen parte de esa unidad en la diversidad que nos caracteriza. Pero hechas -también- a sabiendas que una vez resuelto el punto y confirmado por el Plenario todos nos concentraremos en fortalecer la unidad frenteamplista a sabiendas que hay mucho por hacer todavía por este país y que no hay nada ni nadie que esté por encima de ese objetivo de seguir cambiando el Uruguay.

La trascendencia que dan a la coyuntura interna de la coalición de izquierda no es otra cosa que la demostración fehaciente del nerviosismo que invade al bloque opositor que cuenta con la anuencia mediática de los principales medios de prensa, que hacen foco únicamente en una parte de la realidad política dejando de lado el verdadero infierno de otras tiendas donde no la tienen fácil ni mucho menos. Sartori ha sido la piedra en el zapato que ha generado llagas insalvables en la interna nacionalista que asiste a la confirmación de la derrota política (definitiva?) de Larrañaga quien enfrentará casi en solitario una reforma constitucional que podría dar el tiro de gracia final de su carrera política.

El Frente Amplio es la herramienta, la única capaz de acumular en su seno a varias corrientes de pensamiento que construyen -junto con las bases sociales- un programa común que los convoca y que constituye el acuerdo principal de esta fuerza política. En octubre será la confirmación -una vez más- de la realidad de ese instrumento, a pesar que algunos hablen de heladeras sin entender que el frío que sienten viene de otro lado y no de una fuerza política que si algo tiene es el calor de un pueblo que sabrá defender lo conquistado.





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