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La parresia y los movimientos sociales

Marcelo Marchese

11.07.2019

Que la palabra parresia suene fuerte y sin embargo desconozcamos su significado, es un hecho harto elocuente que nos llevará a decir que lo que sabremos, lo sabremos por no saberlo.

La palabra parresia es un regalo que debemos a los filósofos cínicos, aunque antes de ellos otros la practicaron en diversos tiempos y geografías. La palabra "cínico" es otro ejemplo de cómo nuestra ignorancia revelará nuestra sabiduría.

Usamos la palabra cinismo para referirnos a alguien que siente desprecio por toda idea elevada de la humanidad, y asistimos entonces a una distorsión histórica de una filosofía que si algo buscaba, era elevar a la humanidad.

Del célebre Diógenes sólo quedaron relatos, pues la distorsión histórica también significa el ocultamiento de escrituras. Creía nuestro cínico que la civilización nos había llevado a perder nuestra naturaleza y en consecuencia, obraba para volver a la naturaleza en palabras y actos y entonces practicaba la parresia, que es un decir de la verdad pese a quien pese y aún a costa de la vida.

No practica la parresia aquel que tiene el poder y dice la verdad, la parresia sólo puede practicarla aquel que no tiene poder y debe decir la verdad por el bien de los demás y de sí mismo.

Descansaba en cierta ocasión Diógenes cuando se le acerca Alejandro Magno y lo invita a pedirle un deseo, a lo que Diógenes contesta que se corra, que le oculta el sol. Entonces Alejandro le pregunta si no le teme, a lo que Diógenes pregunta si se considera un hombre bueno o malo y Alejandro dice que se considera un hombre bueno, y entonces Diógenes le pregunta por qué entonces le temería. Otro diálogo que nos presentan entre el sabio y el emperador, lo encuentra a Diógenes mirando una pila de huesos humanos, a lo que Alejandro le pregunta en qué piensa: "no logro distinguir los huesos de tu padre de los de un esclavo".

La parresia, como es fácil de ver, aparece en los evangelios, incluso en la astucia con que no miente quien responde "Dadle a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César". Sin embargo ya sabemos a qué lo llevó la parresia en aquella sociedad dogmática que vivía la contradicción de un alud de cosmopolitismo. Los primeros cristianos también practicaron la parresia, hasta que la Iglesia se convirtió en la antítesis del cristianismo.

La parresia es hermana de la sátira y la diatriba, hijas de las maldiciones y de una época en que la fe en la palabra movía al mundo. La maldición y su poesía, el yambo, exigían cierta cadencia y eran acompañadas con la flauta, el instrumento de la plebe.

La Historia de la humanidad es también la historia de la ruina de las maldiciones, la sátira y la diatriba que navegan en la corriente de la parresia. Si pensamos en los grandes satíricos modernos, Rabelais, Swift, Defoe, Goya, Daumier, Baudelaire y Grozs, resulta que nuestro presente acude a una gran pobreza de satíricos.

Nuestro mundo teme la parresia. La practican, en verdad, los humoristas que hacen stand up donde nada queda en pie, y la practica Darwin Desbocatti, pues el humor se presenta ante el poder cobijado por el manto de la impunidad. El humorista es el mensajero al que se le asegura la salvaguarda ante un mensaje funesto.

Así que la parresia busca el arte para manifestarse, pero al llevar al arte lo que se debe decir, el parresiasta por un lado se resguarda y por el otro multiplica los riesgos, pues una idea dicha por un filósofo es algo que atiende sólo a la razón, que es como si se presentara la idea en un plano, pero al llevarla al arte, con sus personajes dotados de un carácter emanado por sus ideas, la idea se hace carne y adopta nuevas dimensiones en el espacio al influjo de la magia.

Entonces las ideas llegan de otra manera como llegaron en el cuento "De la razón de la sinrazón", donde un hombre sueña que se encuentra en el Sorocabana con dos amigos y hablan sobre los que presentaron una carta al cónsul de Finlandia, con un llamado a la "responsabilidad" de su gobierno, y uno de ellos dice:

"El cónsul honorario es algo así como un portero del servicio exterior finlandés" y luego de esta sentencia asesina agregó: "Algún día entenderán que el tamaño del interlocutor es la medida de uno mismo".

Esa imagen lleva al autor del sueño y del cuento a la verdad que acompaña siempre a la risa, pues la risa es una convulsión de nuestro cuerpo cuando nuestra mente ha descubierto un segundo plano, una segunda realidad, pero resulta que el sueño le brindaría una nueva revelación a cargo del otro amigo:

"Quienes marcharon al consulado me recuerdan a la Coca Sarli y su "¿Qué pretende usted de mí?"

El cuento, luego, afirma que si alguien dice la verdad es porque tiene en alta estima la inteligencia de su interlocutor. Decir la verdad es un homenaje a los otros, sin embargo, que en una tarde gris cien personas extendieran una epístola penosa a un portero, erosionando el concepto de soberanía que precisamente erosionan el gobierno y UPM, por algún motivo misterioso no puede ser sometido a crítica. "Pensad con libertad, que esa ha sido la gran conquista de nuestra civilización, pero guay con criticar estrategias nefastas".

El peligro de la parresia sería su carácter disolvente de la unidad.

Misteriosamente, lo que hacen unos no lo apoyan los otros y lo que hacen los otros, no lo apoyan los unos, y al parecer, sólo el ego podría explicar tamaña inconsecuencia. Lo cierto es que en la Historia de la humanidad se han enfrentado religiones contra religiones, escuelas filosóficas contra escuelas filosóficas, concepciones políticas contra concepciones políticas y corrientes artísticas contra corrientes artísticas, y sólo en este caso, en la discusión de estrategias para enfrentar a UPM, las ideologías nada tendrían que ver, quedando ofuscadas por los traumas de gente tan egolátrica cuan enajenada.

Si las diferencias, como en todos los casos de la historia humana, no refieren a traumas sino a concepciones, deben estudiarse esas concepciones y sus propósitos para lograr en base a la verdad, si fuera posible, una verdadera unidad.

Nuestro tiempo teme la parresia ante la "ofensa", ante la víctima cuya "sensibilidad" es violada por una idea expresada en toda su crudeza. Asistimos así al engaño del pensamiento, a su arrastrarse bajo las horcas caudinas de la sensibilidad prostituida. 

¿Por qué, entonces, la necesidad de la parresia para los movimientos sociales?

Primero, como necesidad de defender el pensamiento frente a su enemigo, este interesado escudo victimizante y segundo, porque los movimientos sociales sólo tienen a su favor el potencial número y la verdad, pues un movimiento social precisa de la verdad, como el pájaro precisa del aire y el pez del agua para entender la compleja ingeniería del poder y tercero, porque sólo la parresia puede indicar los caminos apropiados, sólo el libre discurrir de la inteligencia sobre lo acontecido puede ilustrar la estrategia de la victoria.

Tenemos entonces un curioso motivo por el cual se teme y rechaza la parresia, pues las estrategias no deberían, según las sensibles víctimas de la parresia, exponerse en público: "Y las estrategias de lucha no se discuten públicamente, eso es interno, discutirlas en público juega en contra de los objetivos". Las estrategias deben discutirse entre cuatro paredes por cuatro iluminados y salvadores de la manada de bestias, que no podría entender ni sus últimos propósitos, ni sus intrincados caminos.

Una estrategia pretende frenar el proyecto informando al inversor que aquí no tiene sanción social. La otra es más ambiciosa, pretende organizar a la gente en la defensa de su soberanía y los primeros alegan que esta segunda opción tiene como traba una inminente Decisión Final de Inversión. El problema es que si la empresa decidiera no invertir a causa, por ejemplo, de una baja en el precio de la celulosa, no sería lo mismo que si la empresa no concretara su proyecto porque los uruguayos decidieran que no es conveniente. Se lleve adelante o no el proyecto, el problema no es sólo este proyecto, sino la tendencia histórica en que se inscribe y por lo tanto, cómo nos situamos nosotros, los uruguayos, ante una progresiva pérdida de nuestros recursos económicos y ante una progresiva pérdida de nuestra soberanía en todos los planos.

La parresia se encuentra arrinconada por las víctimas, por la unidad falsa y vacua que a nada conduce, por un Sistema que logra mantenerse en tanto no se descubra la ingeniería de ideas que lo sustenta, y por los guardianes de los caminos secretos y ocultos que, objetivamente, coadyuvan a la ingeniería de ideas que nos esclavizan.

Los cínicos, entre los que se encontraba la primera filósofa que registra la Historia, se burlaban de las costumbres de aquellos estirados griegos y Diógenes caminaba a la luz del día con una candil buscando un hombre, y sólo veía escombros. Cuando se le preguntó cuál era su patria, aquel sabio dijo que era "ciudadano del mundo" y con esta sentencia, alcanza. Sólo tenía su manto para defenderse de las inclemencias del tiempo, su bastón para caminar por las inclemencias de la vida y la palabra, que cuando quiere, es suave como el agua y cuando es preciso, corta como el acero.



Marcelo Marchese

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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