El último revés arancelario de Trump se cierne sobre las conversaciones con China

09.05.2026

WASHINGTON (Uypress/Tony Romm y Ana Swanson)- Un día después de que un tribunal federal fallara en contra de los últimos aranceles globales del presidente Trump, su administración volvió el viernes a la mesa de diseño, intentando preservar sus facultades para librar una guerra económica a tiempo para las cruciales conversaciones comerciales con China.

 

El último revés legal se refería al arancel del 10 por ciento que el Sr. Trump impuso a finales de febrero sobre casi todas las importaciones estadounidenses. El presidente presentó esa política como una especie de solución temporal, después de que la Corte Suprema desestimara sus aranceles iniciales; sin embargo, un panel de jueces dictaminó una vez más que la Casa Blanca había actuado en contravención de la ley.

El resultado fue una serie de dolores de cabeza ya familiares para el Sr. Trump, quien ha intentado repetidamente -y con un éxito desigual- ampliar su autoridad para gravar las importaciones sin el permiso expreso del Congreso. No obstante, el presidente pareció imperturbable ante su última derrota, declarando a los periodistas que perseguiría sus aranceles "por una vía diferente", antes de que la administración diera los primeros pasos para apelar el caso.

Técnicamente, el Tribunal de Comercio Internacional solo declaró ilegal el arancel general del 10 por ciento impuesto por el presidente. Por lo demás, no emitió ninguna orden que obligara al gobierno a dejar de recaudarlo de todos los importadores, al menos por ahora. Aun así, el desenlace supuso un revés tanto político como legal para el Sr. Trump, quien había pasado gran parte de la semana lanzando amenazas comerciales contra Europa y preparándose para las conversaciones en China.

Se espera que los aranceles sean un tema central en la agenda cuando el Sr. Trump viaje a Pekín la próxima semana para reunirse con su homólogo, Xi Jinping. Los expertos en comercio señalaron que la decisión judicial podría socavar la capacidad de presión del presidente. Eswar Prasad, profesor de economía en la Universidad de Cornell, afirmó que el fallo "limitaba severamente" la capacidad de la administración para emplear aranceles contra naciones extranjeras, dejando al Sr. Trump con una "posición negociadora mucho más débil" en lo que respecta a China.

"Cualquier amenaza de Trump de castigar a China con aranceles más amplios y elevados si Xi no se doblega a su voluntad en asuntos económicos y geopolíticos parece ahora una fanfarronada vacía más que un ultimátum creíble", comentó.

Uno de los principales asesores comerciales del presidente, Jamieson Greer, pareció restar importancia a algunas de esas inquietudes este viernes. Durante una entrevista en Fox Business, criticó al tribunal por fallar en contra de la Casa Blanca, alegando que algunos de los jueces del panel estaban «aparentemente empeñados a toda costa en importar más productos de China».

El Sr. Greer, quien defendió el uso de las facultades comerciales por parte del presidente, añadió que la administración confía en que «tendremos éxito en la apelación». Poco después de sus comentarios, el Departamento de Justicia presentó una notificación indicando que apelaría el asunto ante el Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos para el Circuito Federal.

En el centro de la cuestión se encuentra la decisión del Sr. Trump de invocar una facultad comercial que ningún presidente había utilizado jamás. Conocida como la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, esta permite al presidente imponer aranceles de hasta el 15 por ciento durante 150 días, pero únicamente en respuesta a condiciones estrictas, incluida una crisis de «balanza de pagos».

El término en sí refleja una preocupación obsoleta que se remonta a la época en que se promulgó la ley, cuando el dólar estadounidense estaba vinculado al oro, lo que generaba riesgos económicos singulares. Sin embargo, la administración Trump intentó argumentar que dicha ley seguía siendo aplicable en la actualidad, señalando, en parte, el persistente déficit comercial del país -una métrica distinta-, el cual refleja la brecha existente entre las importaciones y las exportaciones de Estados Unidos.

A fin de cuentas, la mayoría de los jueces del Tribunal de Comercio Internacional consideró que dicho argumento carecía de fuerza persuasiva y falló a favor de las pequeñas empresas y los estados que habían interpuesto la demanda. Este fallo marcó la segunda ocasión en que algunos de esos demandantes lograban imponerse frente al Sr. Trump, tras haber convencido a la Corte Suprema de que invalidara el uso previo que este hizo de sus facultades de emergencia para imponer aranceles devastadores.

Esta nueva decisión aumentó la probabilidad de que la administración se vea obligada, en breve, a reembolsar los miles de millones de dólares recaudados mediante su arancel del 10 por ciento; suma que se añadiría a los 166.000 millones de dólares que el gobierno ya adeuda a los importadores estadounidenses como consecuencia de su anterior derrota judicial. No obstante, la contienda parecía distar mucho de haber concluido, y para el viernes persistía un alto grado de incertidumbre, no solo para las empresas estadounidenses -que fueron las que asumieron el costo de la importación de mercancías-, sino también para la propia administración Trump.

«El presidente Trump ha ejercido lícitamente las facultades arancelarias que le confirió el Congreso con el fin de hacer frente a nuestra crisis de balanza de pagos», declaró en un comunicado Kush Desai, portavoz de la Casa Blanca. «La administración Trump se encuentra analizando sus opciones legales y mantiene la confianza en que, a la postre, logrará imponerse».

Por un lado -tal como señalaron numerosos expertos en derecho-, el tribunal pareció limitar la prohibición de recaudar el arancel del 10 por ciento impuesto por el presidente únicamente a algunos de los demandantes que habían acudido a los tribunales. Ello elevó la probabilidad de que un gran número de empresas estadounidenses se movilicen en breve para «interponer sus propias demandas» y solicitar medidas de alivio similares, según afirmó Ted Murphy, destacado abogado especializado en comercio internacional del bufete Sidley Austin. Murphy añadió, asimismo, que preveía que el tribunal de comercio suspendiera la ejecución de su orden a la espera de que se resolviera el recurso de apelación. El factor tiempo es importante para el Sr. Trump, quien siempre concibió su arancel generalizado como una medida provisional que daría tiempo al gobierno para preparar un conjunto de tasas más duraderas, recurriendo a otro marco de facultades conocido como la Sección 301. Sin embargo, se esperaba de manera generalizada que dicho proceso tomara meses, dado que la ley exige al gobierno realizar investigaciones sobre las prácticas comerciales de otros países antes de que el Sr. Trump pueda imponer nuevos gravámenes.

Esas investigaciones, dirigidas a decenas de países, se encuentran ya muy avanzadas; de hecho, el presidente ha sugerido en ocasiones que las tasas definitivas podrían fijarse en niveles máximos históricos. Algunos expertos consideran que los aranceles impuestos al amparo de la Sección 301 podrían gozar de mayor solidez jurídica, si bien la administración aún podría enfrentar demandas judiciales debido a su uso agresivo de dicha ley.

Michael Lowell, presidente del grupo global de cumplimiento normativo del bufete de abogados Reed Smith, afirmó que la Casa Blanca probablemente no tendría que preocuparse por «un ataque generalizado contra esa autoridad». Sin embargo, señaló que los tribunales habían trazado recientemente una especie de línea roja, sugiriendo que se mostrarían «muy escépticos ante la posibilidad de que la administración recurra al pasado para hallar y reorientar» otras facultades con el fin de impulsar su agenda comercial.

A diferencia de otras maniobras comerciales del presidente, este ha logrado aplicar aranceles con éxito en el pasado amparándose en la Sección 301, incluso contra China. Esto llevó a algunos analistas a concluir que el Sr. Trump, pese a haber visto mermada su imagen, conservaría aún cierta capacidad de presión de cara a su viaje a Pekín la próxima semana.

«A menos que padezcan amnesia, China debería recordar con gran nitidez cómo, durante el primer mandato de Trump, Estados Unidos impuso múltiples rondas de aranceles al país asiático -en virtud de la Sección 301- en pleno proceso de negociaciones», comentó Sarah Schuman, exfuncionaria comercial estadounidense y actual directora general de Beacon Global Strategies.

La administración dispone todavía de múltiples opciones «para incrementar los aranceles a China en un plazo bastante breve», añadió.

El viaje del Sr. Trump a China estaba programado inicialmente para el mes de abril, pero tuvo que posponerse debido al conflicto bélico en Irán. Los funcionarios estadounidenses han declarado que los objetivos de dicha visita incluyen la creación de una «junta comercial» encargada de supervisar el intercambio mercantil entre ambos países, con el propósito de equilibrar la balanza comercial y reducir el déficit comercial de Estados Unidos frente a China.

El viernes, el Sr. Greer esbozó una extensa lista de inquietudes que la administración tiene previsto plantear a sus homólogos chinos; dicha lista abarca desde el cumplimiento de los acuerdos de compra suscritos con anterioridad hasta el enfoque adoptado por el país asiático en materia de inteligencia artificial.

«En realidad, no cabe esperar un escenario en el que acudamos allí y logremos que China modifique su forma de gobernar o de gestionar su economía; todos esos aspectos están intrínsecamente arraigados en su sistema», afirmó. «No obstante, creo que sí es factible hallar la manera de optimizar el comercio entre China y Estados Unidos con el fin de alcanzar un mayor equilibrio».

Economía
2026-05-09T05:58:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias