ECONOMÍA / DEUDA PÚBLICA

El deudor más poderoso del mundo

09.09.2026

WASHINGTON (Uypress) – Estados Unidos es el país más endeudado del mundo en términos nominales. También emite la principal moneda de reserva, administra el mercado financiero más grande y líquido del planeta y coloca sus bonos en las carteras de gobiernos, bancos centrales, fondos de inversión y ahorristas de casi todas las regiones.

La aparente contradicción encierra una de las claves del poder económico contemporáneo: ser deudor no significa necesariamente ser débil. Cuando la deuda está denominada en una moneda que el propio país emite y el resto del mundo necesita, puede transformarse en una fuente de influencia.

La deuda federal bruta estadounidense superó por primera vez los US$ 40 billones —40 trillion en la denominación anglosajona— el 18 de agosto de 2026, según los registros del Departamento del Tesoro.

La cifra representa aproximadamente US$ 117.000 por cada habitante del país y más de 120% de su producto interno bruto.

Sin embargo, Estados Unidos no juega con las mismas reglas que una economía emergente endeudada en dólares. Sus obligaciones están emitidas principalmente en su propia moneda y sus títulos continúan siendo uno de los pilares del sistema financiero internacional.

No toda la deuda es igual

Los US$ 40 billones corresponden a la deuda federal bruta y reúnen dos categorías diferentes.

Más de US$ 32 billones constituyen deuda en manos del público. Son títulos adquiridos por inversores particulares, bancos, fondos de pensiones, compañías de seguros, fondos de inversión, gobiernos, bancos centrales y la Reserva Federal.

El resto corresponde a deuda entre organismos del propio Estado. Son principalmente títulos que el Tesoro emitió a fondos públicos, como los vinculados con la Seguridad Social, a cambio de los excedentes recibidos durante años.

Esta deuda intragubernamental representa una obligación real, porque deberá ser atendida cuando esos organismos necesiten los recursos. Sin embargo, no ejerce la misma presión inmediata sobre los mercados que los bonos vendidos a inversores externos.

Por ese motivo, los economistas suelen utilizar la deuda en manos del público para evaluar el impacto fiscal y financiero. La Oficina de Presupuesto del Congreso calcula que esa deuda equivale a cerca de 101% del PIB en 2026.

¿A quién le debe Estados Unidos?

La imagen de un país dependiente principalmente de acreedores extranjeros, especialmente de China, no refleja la composición real de la deuda estadounidense.

La mayoría de los títulos se encuentra en manos de inversores e instituciones de Estados Unidos. Entre ellos figuran fondos de inversión, bancos, fondos de pensiones, aseguradoras, gobiernos estatales, particulares y la propia Reserva Federal.

Los inversores extranjeros poseían aproximadamente US$ 9,3 billones en bonos del Tesoro al cierre de junio de 2026, alrededor de 23,6% de la deuda federal total.

Japón era el principal tenedor extranjero, con US$ 1,12 billones. Le seguían Reino Unido, con unos US$ 940.000 millones, y China, con US$ 633.400 millones.

Las cifras por país deben interpretarse con cautela porque numerosos títulos aparecen registrados en centros financieros que actúan como custodios y no necesariamente identifican al propietario final.

La participación extranjera ha disminuido como proporción del total, pero el volumen absoluto continúa siendo elevado. Los inversores internacionales todavía consideran los bonos estadounidenses una reserva líquida y ampliamente aceptada.

El privilegio del dólar

El poder financiero de Estados Unidos comienza con el dólar.

De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, 57,13% de las reservas mundiales de divisas estaba denominado en dólares durante el primer trimestre de 2026. El euro ocupaba el segundo lugar, con poco más de 20%, mientras que el renminbi chino no llegaba a 2%.

El dólar también domina buena parte del comercio internacional, los mercados de materias primas, los préstamos transfronterizos y las operaciones financieras.

Los bancos centrales necesitan activos en dólares para respaldar sus monedas, intervenir en los mercados y responder ante crisis. Una de las formas más sencillas de conservar esas reservas es comprar títulos del Tesoro estadounidense.

De ese modo, la demanda internacional de dólares se convierte también en demanda de deuda pública de Estados Unidos.

Washington obtiene lo que suele denominarse un “privilegio exorbitante”: puede financiarse en su propia moneda, a gran escala y generalmente a tasas inferiores a las que pagarían otros países con una deuda comparable.

El activo seguro del sistema

Los bonos del Tesoro cumplen una función que va mucho más allá de financiar al Gobierno estadounidense.

Son utilizados como garantía en operaciones bancarias, referencia para fijar otras tasas de interés y reserva de liquidez para fondos, empresas y autoridades monetarias.

El mercado de títulos negociables del Tesoro supera los US$ 30 billones. Ningún otro mercado soberano combina un volumen semejante con la misma facilidad para comprar y vender activos rápidamente.

Durante una crisis, inversores que desconfían de empresas, bancos o países suelen buscar refugio en bonos estadounidenses. Esa reacción puede producir una situación aparentemente paradójica: una crisis originada en Estados Unidos aumenta la demanda de títulos emitidos por el propio Gobierno estadounidense.

Ocurrió durante la crisis financiera de 2008 y volvió a observarse durante la pandemia. El temor global fortaleció la demanda de dólares y de deuda del Tesoro.

La seguridad de esos bonos no descansa únicamente en la riqueza del país. También depende de la confianza en sus instituciones, su capacidad tributaria, el tamaño de su economía y la expectativa de que siempre dispondrá de dólares para cumplir sus obligaciones.

Estados Unidos no puede simplemente “imprimir” sin consecuencias

Que Estados Unidos emita la moneda en la que se endeuda reduce considerablemente el riesgo de una insolvencia convencional, pero no elimina los límites económicos.

El Tesoro no controla directamente la creación de dinero. Esa función corresponde a la Reserva Federal, que posee autonomía institucional y tiene como objetivos la estabilidad de precios y el empleo.

Incluso si la autoridad monetaria comprara deuda para facilitar su financiamiento, hacerlo sin restricciones podría generar inflación, debilitar el dólar y destruir la confianza de los inversores.

El verdadero límite de un país que se endeuda en su propia moneda no es quedarse literalmente sin dólares. Es perder la capacidad de emitirlos sin provocar inflación, depreciación y una subida de las tasas de interés.

Estados Unidos posee más margen que cualquier otra economía, pero ese margen no es infinito.

La factura de los intereses

El principal problema inmediato no es el volumen total de la deuda, sino su costo.

Estados Unidos pagó aproximadamente US$ 970.000 millones en intereses netos durante el ejercicio fiscal 2025. Para 2026, esos desembolsos se encaminan a superar el billón de dólares.

Los intereses ya absorben alrededor de una quinta parte de los ingresos federales y compiten con el gasto destinado a defensa, infraestructura, educación y programas sociales.

El aumento se explica por dos factores: el Estado debe emitir cada vez más deuda y los títulos antiguos, colocados cuando las tasas eran muy bajas, están siendo reemplazados por otros más costosos.

El rendimiento de los bonos a diez años se acercó a 5% en septiembre de 2026, su mayor nivel en más de una década. Cada punto adicional encarece gradualmente la refinanciación de billones de dólares.

La Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta un déficit federal de US$ 1,9 billones en 2026, equivalente a 5,8% del PIB, pese a que la economía no atraviesa una recesión.

Un riesgo lento, no necesariamente una explosión

La deuda estadounidense no parece encaminada hacia una cesación de pagos provocada por falta de dólares. El riesgo más probable es más lento: una proporción creciente del presupuesto dedicada a intereses, menor espacio para responder a futuras crisis y mayor presión sobre las tasas.

La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que la deuda en manos del público aumentará desde 101% del PIB en 2026 hasta 120% en 2036, un nivel superior al máximo registrado después de la Segunda Guerra Mundial.

Un endeudamiento creciente puede desplazar inversión privada, elevar el costo del crédito para hogares y empresas y obligar al Gobierno a elegir entre aumentar impuestos, reducir gastos o aceptar déficits cada vez mayores.

También puede debilitar la confianza en el dólar si los inversores interpretan que Washington no posee voluntad política para ordenar sus cuentas.

El deterioro no requiere que todos los acreedores abandonen los bonos del Tesoro. Basta con que exijan rendimientos más elevados para continuar comprándolos.

El riesgo político del techo de deuda

Existe además una amenaza que no es económica, sino política.

El Congreso establece un límite legal al endeudamiento. Cuando la deuda se aproxima a ese techo, el Tesoro puede recurrir temporalmente a medidas extraordinarias, pero necesita una autorización legislativa para seguir cumpliendo todas sus obligaciones.

Estados Unidos nunca dejó de pagar sus bonos por falta de recursos. Sin embargo, las disputas periódicas sobre el techo de deuda introducen la posibilidad de una suspensión de pagos decidida por el sistema político.

Una cesación de pagos, aunque fuera breve, afectaría el valor de los títulos utilizados como activo seguro y podría provocar consecuencias globales difíciles de calcular.

Un poder que puede desgastarse

La posición estadounidense se sostiene sobre una relación de dependencia mutua.

El mundo necesita dólares y activos seguros. Estados Unidos necesita que el mundo continúe aceptando su moneda y comprando sus bonos.

Esa relación permite a Washington financiar déficits que resultarían insostenibles para la mayoría de los países. También le concede poder para imponer sanciones, excluir bancos del sistema financiero y controlar operaciones internacionales denominadas en dólares.

Pero utilizar reiteradamente la moneda como instrumento de presión incentiva a otros gobiernos a diversificar reservas, acumular oro o desarrollar sistemas alternativos de pago.

Uypress informó anteriormente sobre las tensiones entre el uso del dólar como herramienta de presión y la necesidad estadounidense de conservar la demanda internacional por sus bonos.

La deuda de US$ 40 billones no significa que Estados Unidos se encuentre al borde de la quiebra. Tampoco puede considerarse irrelevante solamente porque esté denominada en dólares.

El país continúa siendo el deudor más poderoso del mundo porque sus obligaciones son, al mismo tiempo, parte del ahorro y de las reservas de sus acreedores. Su capacidad para conservar ese privilegio dependerá de que la confianza en el dólar y en las instituciones estadounidenses crezca más rápidamente que las dudas sobre sus cuentas públicas.

Internacionales
2026-09-09T09:28:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias