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Volver a leer la trenza en la historia nacional

Jaime Secco

17.07.2020

Volver a leer la trenza en la historia nacional

 

En una columna anterior (https://www.uypress.net/auc.aspx?106022) sostuve que, para pararse en este momento y proyectar un futuro, la izquierda precisa lo que podemos llamar una nueva teoría de cómo funciona el Uruguay. 

Esta debe explicar por qué el país estaba funcionando mal, qué cambió en los pasados 15 años y qué está a punto de cambiar nuevamente.

Mencionamos a una serie de investigadores que coinciden en que durante todo el período de estancamiento, en realidad desde la crisis de 1929, jugaron un papel decisivo algunos mecanismos de relación entre elites políticas y elites económicos que hacían que fuera más redituable hacer lobby que inversiones productivas. Y por eso no se crecía. Estos privilegios (privis legio significa ley privada) se materializaron en un promedio de seis leyes o decretos por mes durante décadas y décadas, que estaban dictadas directamente para alguna empresa en particular.

Pero en el imaginario de nuestra izquierda pesa mucho toda una visión distinta de nuestra historia, desde la derrota de Artigas. Creemos que, tal como se presenta habitualmente, esa narrativa tradicional no ayuda a explicar lo que pretende ni a entender cómo funcionaba el país ni mucho menos qué hay que hacer. Es una hipótesis agotada.

Nuestro punto de partida será averiguar si estos mecanismos de utilización para fines privados de la influencia en el estado, descritos para el período posterior a la crisis de 1929, ya existían antes del período estudiado por los autores economistas y politólogos mencionados: Martín Rama, Magdalena Zurbriggen, Mario Bergara, entre otros. No se trata de reescribir de cero nuestra historia, sino de releerla fijándose en otras cosas.

Eran seis hermanos

Al constituirse, el Estado Oriental no tenía prácticamente ninguna renta. Pronto los impuestos aduaneros se convirtieron en casi el único ingreso y permaneció siendo el principal durante todo el siglo siguiente. Pero ya tenía deudas. Gente que había financiado la Cruzada Libertadora y la expedición de Rivera a las Misiones, entre otras.

La evolución típica durante el resto del siglo fue, primero que algunos especuladores convencieron a los acreedores de que sus créditos eran incobrables y los compraron a precio ruin (jugar a la baja). La segunda etapa era clamar contra la ignominiosa situación del crédito nacional, que el grupo comprador accediera al poder, encargara un préstamo de alguna casa inglesa, del que una pequeña fracción llegaba al país para un canje de deuda. Entonces se podían vender los títulos consolidados a un precio multiplicado (jugar al alza).

Pero quizá nos adelantamos. Durante el gobierno de Rivera, que utilizaba los fondos públicos como propios y vice versa, sus ministros eran la llamada camarilla de los cinco hermanos. Carlos Real de Azúa la presenta así: "Cinco (o seis) hermanos" formada en torno a Rivera durante su primera presidencia. Conpuesta por Lucas Obes y sus cuatro cuñados: Nicolás Berrera, Julián Alvarez, José Ellauri y Juan Andrés Gelly, suele adosarse a ella a Santiago Vázquez Feijoo para completar esa media docena que atrajo las furias políticas de su tiempo y que hombre tan circunspecto como Giró llamó (con frase probablemente moderada) una aristocracia insaciable y antinacional'." Los manejos de los mencionados con fondos públicos, incluyendo compras de campos a un precio y reventa a otro, fueron tan escandalosos que buena parte del patriciado se alineó en la oposición a Rivera.

De 300 mil a 100 millones a los golpes

Terminada la guerra Grande en 1851, Juan Francisco Giró se encontró con un país endeudado pero además, con rentas controladas por acreedores particulares. Pensó primero salvar la situación con un préstamo de 300 mil pesos que no se llegó a tramitar. En 1953 las cámaras autorizaron un empréstito de un millón, pero como no resolvía el problema de fondo se nombró a una comisión que sumó otras obligaciones y habló de 8 millones. Pero para entonces, habían aparecido créditos por 30 millones. En todo este tiempo había comprado a precio ruin esos créditos un grupo muy pequeño de especuladores que contaba con peso parlamentario. Por ejemplo, por los salarios públicos impagos pagaron el 0,5%. Ya se hablaba de 40 millones comprados a menos del 10%. entonces se inventó (invento uruguayo como el sun) la creación de deuda por perjuicios de guerra. Caído Giró, se pasó a hablar de 48 millones (23 de ellos por sueldos atrasados) a los que se sumaban los perjuicios de guerra y suministros de ganado por cifras que se aceptaban a tapas cerradas y por más ganado del que cabía en esta banda. En 1954 la misma cuenta arribó a los 100 millones y siguió subiendo. Unos 50 años de presupuesto nacional. Por supuesto que el estado no podía cumplir y el proceso recomenzaba cada nuevo gobierno; tras cada guerra civil.

Los conflictos fueron con algunos acreedores que ya tenían embargadas las rentas de aduanas y asegurada la cobranza de sus créditos y no querían que nadie jugar a la baja con sus papeles ni que los hicieran entrar en una consolidación con quita. Acudieron a sus embajadas los extranjeros y hubo cuatro mil soldados brasileños acampados en Montevideo para proteger a sus connacionales.

Otro mecanismo de especulación amparada por el estado, que surgió algunos años más tarde, fue la creación de bancos que conseguían autorización para emitir muchas veces más que el dinero que recibían en depósito y quebraban sucesivamente dejando un tendal. Aquí, las luchas eran más abiertas entre los beneficiados y perjudicados. Un plan de Andrés Lamas obligaba con retroactividad a aceptar billetes de bancos privados incluso en contratos firmados para pago en oro. Incluía además una exclusividad con el banco Mauá, cuyos billetes quedaban garantizados por el estado. Por supuesto, hubo demasiados que se opusieron. Una reunión de esta fracción "orista" (que querían cobrar en oro) reunida en casa del juez de comercio Juan A. Vázquez resolvió acabar con el gobierno y promover a la presidencia al general Lorenzo Latorre, con el propio Vázquez como ministro de Hacienda. Así nació la leyenda de "los comerciantes" que querían orden. En realidad, fue un golpe de mano entre dos camarillas que aspiraban a sangrar al estado de distinta manera.

Una constante de la historia, que está renaciendo

Creo que ha quedado en evidencia que mucho antes de la crisis de 1929 el país estaba empantanado por una trenza entre elites gobernantes y empresariales, si es que se les puede llamar empresariales. 

Si se vivió de una guerra civil a otra no es solo porque los hombres de campo eran bárbaros, precisaban caudillos, vivían de agregados con lazos de lealtad a los estancieros, ni porque los doctores principistas estaban alejados de la realidades concretas. Todo eso puede ser; pero sobre todo porque no había un estado capaz de imponer su dominio en el territorio porque era un estado completamente indigente. No existía posibilidad de formar un ejército a la prusiana como el de Chile en la misma época, que no sólo controlaba tan extenso territorio, sino que pulverizó a los de Bolivia y Perú. Aquí, los Remington de dos tiros, con ser una ventaja, no lograron ser decisivos contra las lanzas en 1871.

Hubo crecimiento económico en el último cuarto de siglo, pero el proyecto de José Batlle cuando asumió en 1903, era precisamente el de instalar un estado soberano con dominio en los 19 departamentos y que tuviera superavit fiscal y soberanía financiera. La incidencia de los intereses privados en el agotamiento del primer batllismo, un período que queda entre el siglo XIX y el posterior a la crisis de 1939, excede las posibilidades de esta columna.

Es importante resaltar que en toda nuestra historia puede distinguirse entre estos buscadores de rentas mediante la relación con el estado y otros dedicados a actividades productivas. Ya en la colonia tenemos por un lado a Mateo Magariños apodado el Rey Chiquito, que había reclamado de la corona una buena porción de nuestro actual país, sin apenas visitarlo. Y por el otro a Francisco Medina, quien en 1786 había coordinado una cadena desde su estancia del Colla, su saladero y una actividad marítima que incluía caza de ballenas en Patagonia. Casos similares, Francisco de Alzáibar con estancia, barraca y flota exportadora; Pablo Perafán de Rivera y otros. Todos emprendimientos enfocados al crecimiento.

En los primeros años de la República, tenemos a Juan María Pérez que amasó una fortuna equivalente al valor de todos los campos del país, unos cuatro millones de pesos, agregando telares, molino hidráulico, construcción naval, cadenas de panaderías y pulperías y muchas cosas que un país independiente no podía dejar de tener. Pero él mismo también se dedicaba al préstamo al estado.

Este mismo distingo entre rentistas y empresarios productivos vimos surgir en el período de estancamiento, en la industrialización sustitutiva de importaciones y en los años del gobierno del Frente Amplio. Hoy, los sectores más dinámicos no estás representados por las cámaras empresariales tradicionales. Pero distinguirlos no es algo sencillo. Por ejemplo, los mismos especuladores de 1853, habiendo invertido en campos, se quejaron de los nuevos especuladores en la siguiente crisis.

Revisar el revisionismo

Este repaso puede servirnos para llegar a algunas conclusiones.

Primero, la historia que adoptó la izquierda, en especial la llamada "izquierda nacional", una historia partidaria de la divisa "blanca", se dedicó a distinguir precisamente a sectores oligárquicos retrógrados de los nacionales que fueron vistos como fallida semilla de un desarrollo local. Una historia que debe al peronismo que, a su vez, reconoce como pionero del revisionismo a Luís Alberto de Herrera.

Un capítulo especial consistía en escudriñar los vericuetos de las actividades de los imperios en desmedro de nuestro desarrollo autónomo. Esta narrativa nacionalista abarcaba hasta el propio surgimiento del país que habría sido una conspiración de la diplomacia inglesa, relato que no se sostiene en los hechos. Queda sin explicar, sin embargo, si los intereses exorbitantes de Baring Brothers buscaban algún fin geopolítico para su gobierno o era simplemente abusarse de negociadores novatos que ofrecían pocas perspectivas de pago en fecha. Ni explica por qué debilidades nuestras les resultaba tan fácil inmiscuirse.

De esa historia nacionalista -predominante pese a que las mejores tradiciones de la izquierda eran internacionalistas-, sale poco jugo para los problemas de hoy, salvo algunos eslóganes como que lo que tenemos que hacer es completar el programa de Artigas, que no se sabe bien en qué consistiría. 

Tampoco la de oligarquía resulta una categoría muy explicativa de algún corte social claro, como vimos, porque los  mismos personajes asumían la conducta que les convenía en cada ocasión. No se trata de explicar quién fue más malo -digamos si la Federación Rural reivindicativa o la Asociación Rural impulsora de mejoramiento de razas-, están todos muertos. Se trata de saber cómo funcionaba el país; cuáles eran los mecanismos que lo estancaron y cómo se perpetuaban y cómo se transformaron pero no cesaron. Dicho de otra manera, cuáles fueron las fuerzas que estimulaban las conductas especulativas y rentistas y desestimulaban las productivas.

¿Quiénes son los culpables?

En los aniversarios de 1950 y 1964, se vivió la llamada apoteosis de Artigas. Nadie quería dejar de representar hoy el "verdadero" legado del prócer. Son años de intensa elaboración en los partidos Comunista y Socialista, en sectores de los propios partidos tradicionales que buscaban entender la crisis, de grandes luchas y, finalmente, de creación del Frente Amplio. Es natural que Artigas estuviera enrabado en toda la construcción teórica del la izquierda.

Hoy no hay que renunciar a él, pero ya no nos sirve como explicación de toda nuestra historia, que quedaría reducida a un monótono letargo de opresión. 

Los principales historiadores de fines de los 60 abandonaron esta perspectiva. José Pedro Barrán declaró alguna vez que cuando comenzó a escribir con Benjamín Nahum "hacíamos una historia que consistía en encontrar a los culpables". Cosa de la que en sus últimos años renegaba. También Eduardo Galeano, quien sin ser historiador sigue arrebatando la imaginación continental con sus Venas abiertas de América Latina, reconoció en sus último años que ya no escribiría ese libro. El 9 de julio de este 2020, el equipo de campaña de Donald Trump acusó a la cadena Univisión fundada por el multimillonario Carlos Slim de sesgada porque un panelista recomendó ese libro de Galeano.

No se trata (solo) de maldad

La trenza entre parte de los poseedores y el estado, como vemos, en principio ha sido un componente bastante estable del funcionamiento del país desde su constitución independiente. 

No nos interesa saber eso solamente como información. Romper ese nudo gordiano fue probablemente la principal transformación de los gobiernos del Frente Amplio a partir de 2005 y la principal explicación del enorme crecimiento de la inversión productiva y el crecimiento. Ahora, la Ley de Urgencia nos muestra con hechos que el nuevo gobierno no sólo es sensible a presiones, sino que busca con ahínco adelantarse a los menores deseos de cada sector patronal grande o pequeño. Luchar contra la reinstauración de la viejísima normalidad es la tarea central de la izquierda en el momento.

No los inspira la maldad. Hay una parte que se basa en ideas neoliberales que están en retirada en todo el mundo, pero sostienen que solo las grandes fortunas remarán para el crecimiento del país y por lo tanto hay que favorecerlas regalonamente. Ni siquiera pesan un poco la importancia del mercado interno en la reactivación económica. Pero estar equivocado no es lo mismo que maldad.

En parte pesa también una tradición de berretín aristocrático de Tercer Mundo, de un patriciado de dos o tres generaciones, cuyo mayor exponente fue Carlos Reyles, con su "Metafísica del oro", mezcla de Niestzsche con la bolsa, del mundo rural contra el urbano, de estanciero con emprendedor, de desprecio a la plebe; de niño bien con ultraje al intelectual. Zum Felde dijo que "detrás de Reyles el escritor se entrevé a Reyles el millonario Y no sólo en la ideología, sino en el estilo. Ese 'empaque soberbioso' de su prosa, como él diría, tiene el tono autoritario de la riqueza." Ya nadie lee a Reyles, pero el "empaque soberbioso" brota por todos los poros de la coalición.

El capitalismo es el estado

Dos anotaciones finales.

Primera, reiterar que no intentamos reescribir la historia de Uruguay. Entre otras cosas, faltaría el protagonismo de las luchas populares que aquí quedan opacadas como algo pasivo sólo porque decidimos fijarnos en algunos mecanismos de trenza. Y esa tradición debiera comenzar con la sublevación de esclavos de 1803, la mayor del Virreinato, cuyo objetivo era retirarse a una isla en el Yí, con perfecto conocimiento de la indeterminación jurídica de esa zona en la administración española, y aparentemente influidos por "doctrinas subversivas" de marineros negros de barcos franceses.

Segunda, parece obvio que el rentismo y la búsqueda del favor del estado son lo contrario del capitalismo, que se supone que se basa en mercados competitivos e innovaciones productivas. Pero quizá nunca haya sido así.

En su minucioso estudio de la economía mundial desde 1400 a 1800, Fernand Braudel distingue, por sobre una base de autoconsumo, otros dos estratos: aa economía de mercado y el capitalismo. La primera, la competencia mercantil, existía ya en las ferias medievales. El capitalismo, para él, comienza como una capa superior, justamente cuando se logra evadir las reglas y controles del mercado. "El capitalismo sólo triunfa cuando se identifica con el Estado, cuando es el Estado". Y por lo tanto es una realidad de orden social y político distinta del mercader. Y extiende esarealidades a las transnacionales de los años 70 en que culminó su investigación.

"What is good for GM is good for America" ("Lo que es bueno para la General Motors es bueno para los EEUU") dijo Charlie Wilson, presidente de General Motors (GM) en 1955. Esa frase fue citada ajustadamente como una guía de la política exterior de su país. Y no habla de mrcados transparentes ni destrucción creadora, sino de vinculación entre el estado y las empresas monopólicas.

Queda para otra columna ver un poco qué está pasando en el mundo.



Jaime Secco

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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